Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 6 de julio de 2026

Lo que crees que te frena... en realidad te está empujando



Lo que crees que te frena... en realidad te está empujando

Hay algo curioso que pocas personas se detienen a pensar. 


Y es que muchas de las cosas que consideramos debilidades… en realidad podrían estar trabajando a nuestro favor. 


Pero como estamos tan acostumbrados a verlas como un problema, nunca nos damos la oportunidad de entenderlas. 


Por ejemplo, en mi caso hay dos cosas que podrían parecer una desventaja total. 


La primera es la belonefobia, es decir, el miedo a las agujas. 


Y la segunda es la ansiedad. 


Cualquiera diría que eso es una combinación terrible. 


Pero aquí es donde la cosa se pone interesante. 


Resulta que, gracias a ese miedo a las agujas, mi propio cerebro ha tomado una decisión bastante lógica. 


Es mejor mantenerse sano… que enfrentarse al pánico de una inyección. 


Y aunque yo no esté pensando en eso todos los días de forma consciente, mi comportamiento sí cambia. 


Termino cuidándome más. 


Evito enfermarme no por disciplina pura, sino porque en el fondo hay algo que me empuja a no querer llegar a ese punto. 


Es como si mi mente dijera: 


“haz lo que tengas que hacer, pero no lleguemos allá”. 


Y eso, aunque suene raro, termina siendo una ventaja. 


Ahora, con la ansiedad pasa algo parecido. La ansiedad es incómoda. Es pesada. 


Y el que la ha sentido sabe que no es algo con lo que quieras vivir todo el tiempo. 


Así que, buscando una forma de bajarle a eso, encontré en el ejercicio una salida. 


El gym no es solo por estética. Es más bien una necesidad. 


Porque cuando no voy… la ansiedad sube. Y cuando voy… todo se calma. 


Entonces mi cerebro vuelve a hacer lo suyo. Asocia el ejercicio con sentirse bien. 


Y sin darme cuenta, esa misma ansiedad se convierte en la razón por la que soy constante. 


No es motivación… es supervivencia emocional. 


Y ahí es donde uno empieza a entender algo importante. 


No todas las debilidades vienen a destruirte. 


Algunas vienen a empujarte en la dirección correcta. 


El problema es que casi nadie se detiene a observarlas con ese enfoque. 


Siempre queremos eliminarlas. Siempre queremos “arreglarnos”. 


Pero muy pocas veces pensamos en usarlas. 


Porque si te pones a ver bien, esto no solo aplica a mi caso. 


Aplica para muchas cosas. 


Hay gente que por miedo al fracaso se prepara más que cualquiera. 


Otros que por ser tímidos desarrollan una capacidad brutal de observar y entender a los demás. 


Y así hay un montón de ejemplos. 


La cuestión aquí no es negar que exista una debilidad. 


La cuestión es preguntarte qué puedes hacer con ella. 


Cómo puedes ponerla a trabajar para ti en lugar de que trabaje en tu contra. 


Porque al final del día, tu mente siempre está buscando protegerte. 


A su manera. A veces de formas raras. 


Pero si aprendes a entenderla, puedes sacarle ventaja. 


Así que la próxima vez que sientas que hay algo en ti que “no está bien”… 


En lugar de rechazarlo de inmediato, pregúntate algo muy simple. 


¿Cómo puedo usar esto a mi favor? 


Tal vez ahí esté escondida una de tus mayores fortalezas.

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lunes, 29 de junio de 2026

Pensar negativo no te protege. Te desgasta



Pensar negativo no te protege. Te desgasta

Pensar en lo peor no te hace más inteligente. Te hace vivir peor. 


Y lo más preocupante es que ese tipo de pensamiento ya viene por defecto en la mayoría de personas. 


Mucha gente cree que anticipar lo malo ayuda a estar preparado. 


Si algo sale mal, ya lo había pensado. 

Si algo dolía, no toma por sorpresa. 


Suena lógico… pero no lo es. 


En mi caso, ese patrón fue durante años una de las principales causas de mi ansiedad. 


No era lo que pasaba afuera… 

era todo lo que mi mente estaba anticipando todo el tiempo. 


Conocí a un muchacho que pensaba igual. Decía que prefería pensar en negativo porque así, si algo malo pasaba, no se desilusionaba. 


En teoría, tenía sentido. En la práctica, no. 


Siempre esperaba lo peor… y curiosamente, eso era lo que terminaba viviendo. 

Nunca tenía nada que celebrar. Nunca veía algo como suficiente. 


No porque su vida fuera peor que la de otros, sino porque su mente ya estaba entrenada para filtrar todo desde lo negativo. 


Ahí entendí algo importante: 


Pensar negativo no es ser realista. 

Es entrenar a tu mente para vivir en alerta todo el tiempo. Y vivir así tiene un costo. 


No tomas mejores decisiones. No evitas problemas. 

Solo llegas más desgastado a ellos. 


Pensar positivo tampoco es magia. 


No cambia la realidad. No elimina los problemas. 


Pero sí cambia desde dónde los enfrentas. 


Te permite ver lo que sí está funcionando. 

Te da espacio para reaccionar mejor. 


Porque al final no eliges lo que pasa. 

Pero sí eliges desde qué enfoque lo interpretas. 


Y si entrenas tu mente para ver solo lo malo… no es que la vida sea peor, 

es que te vuelves incapaz de ver cuando es buena. 


Y yo ya no quiero vivir así. 


No porque todo vaya a salir bien, 

sino porque ya entendí que pensar peor tampoco lo evita. 


Si mi mente va a imaginar escenarios… 

prefiero que no todos estén en mi contra.

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lunes, 6 de abril de 2026

Cómo cambiar tu mentalidad sin motivación (cuando no tienes ganas de nada)



Cómo cambiar tu mentalidad sin motivación (cuando no tienes ganas de nada)

Una de las cosas de las que poco se habla en el mundo del desarrollo personal es de esos días en los que no tienes ganas de absolutamente nada. 


Nada de levantarte temprano. Nada de trabajar en tus metas. Nada de “dar lo mejor de ti”. 


Simplemente no quieres hacer nada. 


Y lo peor de todo es que sientes que deberías estar haciendo algo. 


Te sientes culpable. Te sientes atrasado. Te sientes como si estuvieras perdiendo el tiempo… y la vida. 


Pero déjame decirte algo que quizás no te va a gustar, pero necesitas escuchar: 


No estás desmotivado… estás esperando algo que nunca llega. 


Porque nos han vendido la idea de que primero viene la motivación y luego la acción. 


Que necesitas sentirte inspirado, con energía, con ganas… para empezar. 


Y eso es una completa mentira. 


Hace un tiempo me pasó algo curioso. 


Tenía varias cosas por hacer. Cosas importantes. Cosas que yo mismo había decidido. 


Pero no tenía ganas.Así de simple. 


No era pereza exactamente. Era más bien como un vacío… una desconexión. 


Me sentaba frente al computador… y nada. 


Abría un documento… y nada. 


Y mientras más lo intentaba, peor me sentía. 


Porque en mi cabeza había una voz diciendo: 


“Deberías estar aprovechando el tiempo”. 


“Así nunca vas a avanzar”. 


“Hay gente que sí lo está logrando… ¿y tú qué?” 


Y ahí estaba el problema. 


No era falta de motivación. 


Era exceso de presión. 


Mira, la motivación es traicionera. 


Un día está contigo… y al otro día desaparece sin avisar. 


Si dependes de ella, estás perdido. 


Porque tu vida va a avanzar solo los días en los que “tengas ganas”. 


Y siendo honestos… esos días no son la mayoría. 


Entonces, ¿qué haces cuando no tienes motivación? 


Haces algo muy simple… Pero muy incómodo: Actúas sin ganas. 


Suena absurdo, lo sé. Pero déjame explicarte.Tu mente siempre va a intentar protegerte. 


Evitar el esfuerzo. Evitar la incomodidad. Evitar el cambio. 


Por eso te dice: “No hoy… mañana sí”. Pero ese “mañana” nunca llega. 


Lo que cambió todo para mí fue entender algo muy sencillo: 


No necesito ganas… necesito movimiento. 


Ese día que te conté, hice algo ridículamente pequeño. 


Abrí el documento… y escribí una sola línea. Una. 


Ni siquiera era buena. Pero la escribí. 


Y pasó algo interesante. No sentí motivación de inmediato. Pero algo cambió. 


Como si una puerta interna se hubiera entreabierto. 


Entonces escribí otra línea. Y otra. 


No porque quisiera. Sino porque ya había empezado. 


Ahí entendí algo que no se me olvida hasta hoy: 


La motivación no viene antes de la acción. 


La motivación aparece después de empezar. 


Es como empujar un carro apagado. 


Al principio cuesta muchísimo. 


Pero una vez que agarra impulso… ya no es lo mismo. 


Ahora, no te voy a vender humo. 


Hay días en los que ni siquiera eso funciona del todo. 


Días en los que estás agotado mentalmente. 


Días en los que simplemente no puedes. Y está bien. 


Pero incluso en esos días… puedes hacer algo mínimo. 


Algo tan pequeño que tu mente no tenga excusas para rechazarlo. 


Leer una página. Escribir una idea. Organizar una cosa. 


Porque lo importante no es lo que haces… 


Es no romper el vínculo contigo mismo. 


Cuando dejas de hacer, empiezas a desconectarte. 


De tus metas. De tu disciplina. De la persona que quieres ser. 


Pero cuando haces algo, por pequeño que sea… le estás diciendo a tu mente: “Aquí sigo”. 


Y eso, aunque no lo parezca… lo cambia todo. 


Así que la próxima vez que no tengas ganas de nada… no esperes a sentirte mejor. 


No esperes a que llegue la motivación. Porque puede que no llegue. 


Haz algo pequeño. Algo simple. Algo casi ridículo. Pero hazlo. 


Porque al final… no es la motivación la que cambia tu vida. 


Es lo que haces cuando no la tienes.

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lunes, 9 de marzo de 2026

La mayoría de tus problemas se pueden evitar (y nadie te lo dice)



La mayoría de tus problemas se pueden evitar (y nadie te lo dice)

Hay algo que me parece curioso del ser humano. 


Muchas veces sabemos perfectamente qué nos conviene, qué deberíamos hacer o qué cambios podrían mejorar nuestra vida, pero aun así seguimos haciendo exactamente lo mismo de siempre. 


No es necesariamente falta de ganas ni de inteligencia. 


En gran parte es nuestro propio cerebro tratando de ahorrarse trabajo. 


El cerebro es un experto en optimizar energía. 


Todo lo que ya conoce le resulta más fácil, más seguro y menos costoso. 


Por eso muchas veces preferimos quedarnos donde estamos, incluso cuando en el fondo sabemos que podríamos estar mejor si cambiáramos algo. 


Lo conocido da una sensación de control, aunque a veces ese control sea solo una ilusión. 


Un empleo estable, una rutina fija, una forma de hacer las cosas que “siempre ha funcionado”. 


Todo eso tranquiliza, pero no necesariamente garantiza nada. 


La vida cambia constantemente, y cuando esos cambios llegan suelen hacerlo sin avisar. 


Ahí es cuando muchas personas se bloquean. 


No porque no tengan capacidades, sino porque nunca se plantearon seriamente la posibilidad de hacer las cosas desde otra perspectiva. 


Y cambiar la perspectiva, aunque no lo parezca, es un entrenamiento mental. 


Por ejemplo, hay algo que nos pasa todo el tiempo: cuando pensamos en una tarea completa, con todos sus pasos, nos desanimamos antes de empezar. 


Sabemos que tenemos que hacer algo, pero solo imaginar el proceso ya nos quita energía. 


Piensa en algo tan simple como pagar un servicio público. 


Si lo ves como “tengo que ir al banco, hacer fila, retirar dinero, luego ir a otra fila para pagar”, es muy probable que empieces a aplazarlo. 


No porque no puedas hacerlo, sino porque mentalmente ya lo sentiste pesado. 


Pero si automatizas ese pago desde tu cuenta, el problema prácticamente desaparece. 


No tienes que pensarlo cada mes, no gastas energía en decidir ni en organizarlo. 


Simplemente ocurre. Y sin darte cuenta te quitaste una carga. 


Ahora imagina aplicar esa lógica a más áreas de la vida. 


Muchas cosas que nos estresan no son problemas reales, son procesos mal organizados o decisiones que seguimos posponiendo. 


Ahí es donde cambiar la perspectiva vuelve a ser clave. 


No es lo mismo decir “tengo que hacer ejercicio” que facilitarte el camino para hacerlo. 


Si dejas la ropa deportiva lista desde la noche anterior, cuando te levantes ya eliminaste una fricción. 


No tienes que buscar qué ponerte, no tienes que decidir nada. Solo empiezas. 


Puede parecer algo pequeño, pero esas pequeñas optimizaciones reducen resistencia mental. 


Y cuando reduces resistencia, actuar se vuelve más natural. 


Yo cada vez estoy más convencido de que no se trata de vivir preocupado por el futuro, sino de ampliar la forma en la que vemos las cosas. 


A veces cambiar la perspectiva no significa hacer algo enorme, sino hacer más fácil lo que sabemos que nos conviene. 


Cuando amplías tu perspectiva, aparecen ideas, soluciones y oportunidades que antes ni siquiera considerabas. 


Incluso empiezas a sentir menos presión, porque sabes que estás construyendo caminos, no improvisando cuando ya no queda otra. 


Tal vez hoy todo esté bien en tu vida. 


Ojalá sea así. Pero aun así vale la pena preguntarse si estás haciendo solo lo que te resulta cómodo o también lo que realmente te conviene. 


A veces ese pequeño cambio en la forma de mirar las cosas termina simplificando más de lo que imaginabas. 


Y cuando empiezas a optimizar lo cotidiano, la vida deja de sentirse como una serie de problemas y empieza a parecerse un poco más a una dulce armonía. 


Porque cambiar la perspectiva no siempre cambia el mundo de inmediato… pero casi siempre cambia la manera en que lo enfrentas. 


Y eso, muchas veces, es lo que marca toda la diferencia entre el vivir en caos o el vivir en bienestar.

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lunes, 5 de enero de 2026

Decirlo para Creerlo: Cómo Hacer Realidad lo que Nos Prometemos



Decirlo para Creerlo: Cómo Hacer Realidad lo que Nos Prometemos

Cada año, cuando empieza un nuevo ciclo, muchos de nosotros hacemos propósitos: “este año voy a leer más”, “voy a estudiar”, “voy a ahorrar”. 


Y casi sin darnos cuenta, al tiempo empezamos a incumplirlos. 


Es como si esos compromisos que salen de nuestra mente no lograran anclarse en la realidad. 


Pero hay una parte del libro Hábitos Atómicos que nos da una pista poderosa de por qué sucede esto — y qué podemos hacer diferente. 


Esto es, Volver lo Invisible en Audible 


En nuestra vida, muchos hábitos ocurren sin que siquiera pensemos: nos dejamos llevar por la rutina, por el piloto automático. 


Eso hace que muchas veces nuestros propósitos se queden en pensamientos vagos. 


El autor sugiere una práctica muy simple, pero con un fondo profundo: decir en voz alta la acción que vas a hacer y, si es posible, incluso señalarla. 


Esta técnica no es algo sacado de la nada. 


En los sistemas ferroviarios japoneses —y también en algunos metros de países orientales— los operadores utilizan lo que llaman Pointing-and-Calling: 


Señalan con el dedo un elemento crítico y lo verbalizan en voz alta. 


Señalan la señal, la velocidad, la hora; lo dicen a viva voz. 


Aunque a primera vista parece algo “tonto”, funciona — reduce errores y aumenta la atención en cada paso. 


¿Por Qué Funciona? 


Porque cuando verbalizas y señalas, lo que era una idea vaga se convierte en algo concreto y consciente. 


No es lo mismo decir “debería estudiar más” en tu mente que decir “voy a estudiar 30 minutos a las 7 pm” mientras miras tu reloj y lo pronuncias en voz alta. 


Al decirlo y señalar el momento o el objeto de tu propósito: Tu cerebro lo registra con más claridad y no lo trata como rutina invisible. 


Te vuelves más consciente de lo que vas a hacer, no solo de lo que quieres hacer. 


Creas un compromiso contigo mismo que no se queda en la mente — lo oyes y lo haces real. 


La mayoría de nuestros propósitos fallidos no es porque no tengamos buenas intenciones, sino porque no salieron de las sombras del pensamiento. 


Los guardamos en lo inconsciente y luego nos preguntamos por qué no se cumplieron. 


Hábitos Atómicos enseña que para cambiar un hábito primero debemos traerlo a la conciencia — y la verbalización es una herramienta para lograrlo. 


Cuando hablas algo en voz alta, tu mente deja de interpretarlo como un simple deseo para convertirlo en una instrucción clara: quiero, pasa a voy a hacer. 


Es como si tu pensamiento interno se tradujera a un lenguaje que tu cerebro toma más en serio. 


Si además lo señalas físicamente, ese gesto ayuda a reforzar la conexión entre intención y acción. 


Conclusión — Lo que Puedes Hacer Hoy Mismo 


No esperes a que la motivación llegue. 


No confíes solo en la fuerza de voluntad. 


Di en voz alta lo que te vas a comprometer a hacer y, si puedes, señálalo con claridad: una libreta, una hora en el reloj, una meta en tu lista. 


Porque muchas veces no es que no queramos hacer lo que prometemos… 

sino que nunca lo hicimos real para nuestro cerebro. 

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lunes, 29 de diciembre de 2025

El poder silencioso del entorno



El poder silencioso del entorno

Una de las cosas que más nos afecta, aunque no lo notemos, es el entorno en el que vivimos. 


Las personas con las que compartimos el día a día terminan influyendo en lo que pensamos, en lo que creemos posible y hasta en nuestro nivel de ambición. 


Y no porque seamos débiles, sino porque así funciona la mente humana: se adapta al grupo para sobrevivir. 


Por eso siempre me acuerdo de una amiga de la universidad. 


Ella tenía un sueño grande, pero cometió un error muy común: se rodeó del grupo equivocado. 


En vez de juntarse con quienes avanzaban, decidió quedarse con los que todos llamaban “los fracasados”. 


Y lo hizo por una razón que en su momento sonaba noble: “Cuando alguno de ellos triunfe, les vamos a callar la boca a todos esos que se creen mejores”. 


Ella esperaba verlos cambiar. 


Pero mientras esperaba… fue ella la que cambió. Para abajo. 


Empezó a perder el interés por las clases, se atrasaba en todo, se conformaba con menos. 


Al final el entorno le ganó, porque cuando te rodeas de personas sin dirección, lo normal es que tú también pierdas la tuya. 


El día que no pasó un examen y ni siquiera le dolió, entendió que estaba tocando fondo. 


Y ese mismo día tomó la decisión que le salvó la carrera: alejarse. 


Empezó a juntarse con gente enfocada, disciplinada, ambiciosa. 


Y fue como si se encendiera de nuevo. No porque ellos fueran mágicos, sino porque ese ambiente la empujaba hacia arriba. 


La verdad es simple: tu vida cambia cuando cambias de entorno. 


No se trata de creerte más que otros, sino de cuidar tu mente. 


De estar donde puedas crecer y no donde te apaguen. 


Tú eres valioso y tienes un potencial enorme, pero necesitas estar cerca de personas que alimenten ese potencial, no que lo drenen. 


Así que no permitas que el entorno decida por ti. 


Rodéate de quienes te eleven. 


Aléjate de quienes te hundan. 


Y si a alguien le molesta, justamente por eso debías alejarte. 


La vida es tuya. El entorno lo eliges tú. Y ahí comienza todo.

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lunes, 30 de diciembre de 2024

El Dinero y el Amor: Deja de Perseguir y Empieza a Vibrar



El Dinero y el Amor: Deja de Perseguir y Empieza a Vibrar

Una de las cosas que más perseguimos los seres humanos es el dinero. 


Y paradójicamente quien más lo persigue es el que menos lo tiene. 


Esto me hace recordar la frase que mi hermano mayor me dijo hace muchos años sobre el tema, que el dinero es como las mujeres bonitas. 


Entre más las persigas, menos se fijan en ti. 


Y yo digo que de cierta forma esta afirmación es correcta. 


Imagínate como debe sentirse una mujer bonita, cada segundo recibiendo halagos por montones y vienes tu con las mismas frases a intentar conquistarla. 


Es lógico que piense que eres otro más del montón y te van a rechazar. 


Imagínate como debe “sentirse” el dinero cuando todo el planeta mantiene rogándole para estar con él. 


Y si analizamos que el dinero no es el papel que deseas, sino en realidad es una energía, comienza a tener sentido la comparación con la mujer linda. 


Definitivamente a nadie le gusta ser molestado u hostigado por otros. 


O acaso a ti te gustaría, por ejemplo, que tu pareja te obligara a asistir a un evento que tú no quieres. 


¿Cómo te sentirías ante eso? 


Algo muy diferente es que te pidan las cosas con amor. 


¿Dime quien no se rinde ante una persona amorosa? 


Y tal vez me digas en este momento: “Gabrielito lindo, entonces para tener dinero, debemos desentendernos de él”. 


Pues como te parece que sí. 


Mira yo, al igual que el resto del planeta, toda mi vida busqué el dinero. 


Pasé por el tema de trabajar incansablemente, hasta llegar a desgastarme emocionalmente usando audios y videos para tratar de cambiar mi mente subconsciente. 


Pues es un hecho que la cantidad de dinero que tienes en este momento la dictan tus creencias inconscientes. 


Sin embargo, durante gran parte de mi vida, he escuchado en miles de formas que la solución o respuesta a todo es el amor. 


En ese caso, trabajé incansablemente haciendo las cosas con amor y tampoco resulté ganando más dinero. 


Simplemente porque lo seguía persiguiendo. 


Al final pues decidí confiar en el amor y comencé a enfocarme solo en eso. 


Bueno ahora ya no tengo el amor, pero al menos tengo dinero. (es broma) 


Pues en realidad, paradójicamente el dinero me llegó como si fuera un milagro. 


Así de la nada, y simplemente por enfocarme solo en sentir amor por todo lo que me rodea. 


Ser consciente que el amor es todo lo que existe y todo está hecho de amor. 


Y tal vez me preguntes que si las cosas malas que pasan son amor también. 


Yo diría que eso que no nos gusta es amor, pero en pequeña medida. 


Nadie da de lo que no tiene. 


Por ejemplo, una persona que te hace “mal”, eso es todo lo que tiene para dar. 


No siente amor por ella misma y quiere compartir contigo eso que siente. 


Por eso te digo que eso que llamamos mal, en realidad es una medida muy pequeña de amor. 


Mira, el amor no es un sentimiento, es una decisión que haces cada instante. 


Te recomiendo ver la entrada que escribí hace varios años titulada ENTONCES QUE ES EL AMOR. 


Eso sí, lo primero que tienes que hacer es amarte a ti mismo. 


De lo contrario no vas a poder enfocarte en el amor a todo lo que te rodea. 


Cuando te enfocas en esto, automáticamente tu vida va a cambiar de forma mágica, como si todo te favoreciera. 


Y eso es porque si todo lo que existe es amor, y vibras con esa energía, es lógico que tu “suerte” va a cambiar. 


Así que quiero animarte, mediante esta información a dejar de perseguir cosas que por el contrario se quieren alejar de ti.

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lunes, 4 de noviembre de 2024

Diferenciando la Intuición del Ego: El Camino hacia la Asertividad



Diferenciando la Intuición del Ego: El Camino hacia la Asertividad

Una de las cosas más inteligentes que podemos hacer en nuestra vida es escuchar nuestra intuición. 


Lamentablemente esta “voz interior” se suele confundir mucho con el ego. 


Para darte un ejemplo de las diferencias entre estas dos capacidades que tenemos, podríamos decir que la intuición es una “voz” muy sutil. 


Y digo voz entre comillas pues en realidad es algo que sentimos y que nos advierte de algo o alguien. 


Pero esta “voz” tiene la particularidad de ser muy sutil, como algo muy suave y casi imperceptible que normalmente pasamos por alto. 


Por el contrario, el ego, ese sí que hace ruido. 


De hecho, estamos tan familiarizados con él, que domina parte de nuestras emociones. 


Cuando escuchamos el ego, somos los más lindos, los más inteligentes, los demás son los tontos y los que se equivocan, etc. 


Para poderte ilustrar con un buen ejemplo, el día de ayer conocí el caso de un industrial que se dedica a fabricar losas para pisos. 


Lo interesante de este fabricante, es que se ha especializado en imprimir en esas losas arte de las diferentes culturas indígenas de este país. 


Y lo más inquietante es el tiempo que lleva haciéndolo. 


Por aproximadamente unos 40 años, este señor se ha dedicado en alma, vida y sombrero a sacar el proyecto adelante. 


¿Y adivina a cuantas personas les ha podido vender este arte? 


Aunque no me lo creas a 0 pacientes. 


Este industrial ya tiene 80 años de edad, así que ha pasado la mitad de su vida en un proyecto que es muy particular. 


Varios de sus amigos le han intentado decir por todos los medios que oriente su industria a algo más comercial. 


Pero este señor siempre responde que esto es para museos, alcaldías e instituciones similares. 


Bueno, no es casualidad que no haya vendido ninguna pieza y durante estos 40 años se ha gastado unos 240 mil dólares en comercializar su producto. 


Él cree firmemente en su proyecto pues su “intuición” se lo está dictando constantemente. 


Y vamos a darle el beneficio de la duda, pues no sabemos si de aquí a mañana alguien le siga la corriente y este señor se vuelva millonario. 


Todo es posible. 


Pero dentro de la estadística, todos sabemos que esas posibilidades no son muy altas que digamos. 


Esto nos suele pasar muchas veces. 


Somos tercos y por más que la gente a nuestro alrededor nos diga que cambiemos de enfoque, esas recomendaciones nos las pasamos por el forro. 


Y todo esto se debe a que le hemos dado demasiada obediencia a nuestro ego. 


Cuando en realidad nuestra verdadera voz interior está afónica de tantos gritos que nos pega y nosotros nada que la escuchamos. 


Así que es mi intención, mediante esta información que estés muy alerta con las advertencias que te da tu entorno respecto a tus proyectos. 


La Vida nos ama tanto que, aunque no sepamos escuchar nuestra voz interior, nos advierte las cosas mediante parientes, amigos, colegas, incluso mediante la música, etc. 


Lo que tenemos que aprender es a ser prudentes al escuchar lo que nos dicen. 


No salir corriendo a obedecer, sino más bien comparar e intuir las intenciones de los demás. 


Por eso es mejor entrenarte para escuchar tu propia voz interior y así ser más asertivo con tu vida.

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lunes, 11 de diciembre de 2023

Cómo el sistema límbico puede convertir tus desafíos en oportunidades



Cómo el sistema límbico puede convertir tus desafíos en oportunidades

A quien no le habrá pasado que detesta alguna cosa y pareciera que esto lo persigue. 


Es como si la Vida conspirara contra uno, de forma burlesca, para divertirse con nuestro sufrimiento. 


Lo curioso es que TODOS padecemos de este tipo de situaciones, y a veces por temporadas. 


Esto hace que sospechemos que no es una pequeña casualidad, sino que detrás de esto existe algo más complejo. 


Bueno resulta que los seres humanos, hablando en términos técnicos, tenemos un “dispositivo instalado” el cual es responsable de esta situación. 


Este es conocido como el sistema Límbico. 


Se encuentra en la parte central del cerebro y está formado por varias estructuras interconectadas. 


Como el Hipotálamo, la Amígdala, el Hipocampo y la Corteza cingulada. 


Dicho en forma resumida, el sistema límbico desempeña un papel fundamental en la experiencia emocional, la memoria y la regulación del comportamiento. 


Pero algo bien importante que realiza el sistema Líbico es traducir las palabras que decimos y escuchamos en emociones. 


Digamos que te has esforzado por realizar una tarea y al terminar te sientes orgulloso de tu trabajo. 


La persona que te asignó dicha tarea la ve y te dice: “esto le quedó muy mal. Mejor dedíquese a otra cosa”. 


Esas simples palabras que acabas de escuchas son traducidas por tu sistema Líbico en forma de emociones. 


Lo que resulta en sentimientos de frustración por tu esfuerzo y rabia hacia esa persona que te menosprecia. 


Estamos hablando de lo que ocurre inicialmente, porque en esta situación también se va a mezclar tu Ego y recuerdos inconsciente de tu infancia. 


Otra capacidad que tiene nuestro sistema Líbico es que está encargado de nuestra atención. 


Y aquí es donde vamos a encontrar la respuesta al por qué nos ocurren, con frecuencia, cosas que detestamos. 


Al doctor Carl Gustav Jung se le atribuye la frase: “lo que resistes, persiste”. 


Y es muy simple, pues estás centrando tu atención a eso que te desagrada, dándole mayor potencia con emociones como odio o desagrado. 


Mira, en mi caso yo detesto el ruido. 


Me gusta el silencio y siempre he buscado vivir en localidades tranquilas. 


Cuando recién llegué a mi localidad actual, no conocía muy bien y me fui a vivir al barrio más escandaloso del planeta. 


Tenía unas vecinas al frente, eran 3 hermanas que se la pasaban todo el día escuchando música “agropecuaria”. 


Yo “cariñosamente” les llamaba las despechadas. 


Al lado de ellas vivían los “negros salseros”, que mantenían en competencia con las despechadas a ver quién escuchaba a más alto volumen su música. 


Y en la esquina vivían los “reguetoneros”. 


Estos eran unos jóvenes que vivían en la peor casa del barrio. 


Una casita de madera, pero tenían el mejor equipo de sonido de la ciudad. 


Como te imaginarás yo no viví mucho tiempo en esa zona. 


Me fui a vivir a un barrio más tranquilo y callado. 


¿Y adivina que pasó al otro día de haberme trasteado? 


Efectivamente me recibieron los vecinos del frente con su música a alto volumen. 


Yo llamé a la encargada de ese apartamento y le dije “vea señorita, ¿usted que fue lo que me alquiló?”. 


En medio de risas ella me dijo que era muy extraño pues la gente de este barrio es muy callada. 


En ese momento fue que entendí que el problema era yo. 


Mi atención y emociones estaban muy centradas en algo que quería evitar. 


Así pues, mi sistema Líbico, al estar centrado en eso, lo magnifica. 


Es por eso que se dice que uno “atrae” las cosas. 


No se trata de magia o algo extraordinario, sino que se trata simplemente de nuestra atención enfocada. 


Mira por ejemplo cuando estás interesado en comprar algo. 


A partir de ese momento comienzas a verlo en todas partes. 


Es por eso que “atraemos” tanto cosas agradables como las desagradables. 


Mira el caso de una amiga que detesta que le tomen fotos o vídeos en reuniones sociales. 


Ya te podrás imaginar que cosa persigue de forma insistente a esta muchachita. 


Y quizás en este punto ya me estés diciendo: “bueno Gabrielito lindo, y a todas estas, ¿se puede solucionar esto?”. 


Claro que sí, pero te va a costar porque si detestas algo, es porque tienes emociones muy fuertes hacia eso. 


Esto requiere de tiempo y esfuerzo hacerlo. 


Simplemente aprender a ignorar, que te valga esa situación que tanto te molesta. 


Quizás es momento de aprender a “disfrutarla” o verla desde otro punto de vista. 


Al menos eso fue lo que hice con el ruido. 


Me compré mis buenos audífonos y me pongo a escuchar lo que a mí me interesa. 


Al restar tu atención poco a poco va desapareciendo eso que te mortifica. 


Pues tu sistema Líbico se va a centrar en otras cosas. 


Y te recomiendo entonces que aproveches esa “herramienta” para enfocarte en aquello que sí deseas vivir.

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lunes, 12 de abril de 2021

La importancia de ignorar los eventos que no controlamos



La importancia de ignorar los eventos que no controlamos

Uno de los pensamientos filosóficos que más ha llamado mi atención es el Estoicismo.


Básicamente la virtud que posee un Estoico es la de permanecer impávido casi que permanentemente.


Y las personas que viven bajo esta filosofía no necesariamente reprimen sus emociones.


Simplemente a las emociones negativas tales como el odio, la ansiedad o el miedo, le restan importancia.


Todo esto lo hacen posible gracias a la preparación que hacen sobre las situaciones que llegan a su vida.


Con esto me refiero a que aceptan el hecho de las situaciones que no pueden cambiar anticipando la emoción negativa que esta les puede producir.


Un claro ejemplo de esto es lo que hacía el emperador Marco Aurelio cada mañana.


Él se preparaba o más bien hacia consciencia cada día de la grosería, ignorancia, mala educación y envidia de la gente a su alrededor.


Y como postula el Estoicismo, no se trata de ser negativo y esperar lo peor, sino de prepararse para no desilusionarse cuando estas cosas ocurran.


Pero, aquí es donde yo discrepo con los Estoicos, pues de acuerdo a mis investigaciones, laboratorios y observatorios sobre este tema, todo pensamiento y emoción nos ayuda en la creación de nuestra realidad.


Para no ir más lejos, hace más de 15 años yo me estaba “preparando” para enfrentar a los amigos de lo ajeno.


Por aquella época yo utilizaba mucho el transporte público y observaba que los delincuentes hacían de las suyas, aprovechando la multitud de la gente.


Me imaginaba hasta noqueando a uno de ellos y pasando como un héroe ante la gente.


Increíblemente me llegó una oportunidad en que me encontraba solo en un paradero de autobús.


A pesar que había mucha gente a mi alrededor se me acercó un jovencito el cual me extendió la mano y me dijo “por favor me pasas tu equipo de comunicaciones y todo el dinero que tengas”.


Me mostro un arma que tenía debajo de la camisa, pero lo que definitivamente más me impacto fue la educación con la que me habló.


Como yo había hecho mi preparación “estoica” calculé en que noquearlo sería bastante fácil por su pequeña estatura.


Sin embargo, el jovencito al parecer se dio cuenta de lo que iba a hacer y me dijo “no hagas escama que atrás esta mi compañero”.


Esta palabra “escama”, en este contexto, significaba que no hiciera ruido y alboroto.


De hecho, fue la única palabra desenfocada en su refinado lenguaje, pues esta es considerada inculta.


Allí sentí una mano en mi hombro izquierdo y pues ya contra dos no tenía tiempo de reaccionar.


Así que mi “preparación” para lo único que me sirvió fue para entregar mi equipo de comunicaciones.


Después de ese susto, me pude dar cuenta que yo había estado creando esa situación con mi “preludio”.


Y puede que tú me digas en este momento, pero Gabrielito lindo, eso fue una coincidencia.


Además, la delincuencia puede afectar a cualquier ser humano.


Bueno, me gustaría decirte que tienes la razón, pero algo muy curioso me volvió a ocurrir con el tiempo respecto al ruido y eso no fue coincidencia.


Resulta que en una oportunidad llegué a vivir al barrio más ruidoso del universo conocido.


Todos los vecinos prendían sus equipos de sonido mañana, tarde y noche.


Y para colmo, lo hacían de lunes a lunes.


Yo hasta les tenía “apodos” a los vecinos, según la música que escuchaban.


Con el tiempo se dio la oportunidad de cambiar de vivienda y justo al frente había un negocio de billar, juego de rana, etc.


Y pues como cosas del destino se dio nuevamente la oportunidad de cambiar de vivienda a un barrio de estrato más alto.


Por lo general, los barrios más ruidosos, son los barrios populares, pero este nuevo donde iría a vivir por ser un barrio de “ricos” la gente es más culta, más decente, etc.


¿Y qué crees? Efectivamente la misma noche de pasarme a ese barrio un vecinito me dio la bienvenida con música a todo volumen.


Allí me di cuenta que yo era el del problema.


Me puse a analizar que sentía al escuchar la música de los vecinos.


Allí recordé la experiencia que tuve con mi amigo el que se quedó con “mi equipo de comunicaciones”.


Así pues, decidí crear otra realidad, ignorando el “ruido musical” de mis vecinos.


Dejé de prestarle mi atención a eso ¿y adivina?


Efectivamente hasta la fecha mis vecinos son ambles, educados y nunca exageran el ruido en sus equipos de sonido.


Y por si acaso te lo estás preguntando, siguen siendo los mismos vecinos y nadie se ha ido para otro lado.


Como puedes ver, lo más sabio que podemos hacer es enfocarnos en lo que realmente queremos.


Si yo deseo tener riqueza, no me puedo enfocar en los problemas financieros de la humanidad.


Cuando pensamos en que la economía no está bien y que todo está mal, lo único que conseguimos es seguir aplazando nuestro proyecto de riqueza.


Esto mismo aplica cuando pensamos que todas las personas son malas y que todos quieren estar en una relación es por interés.


Si sólo nos enfocamos en lo malo que vemos, nos vamos a pasar toda la vida solos, desconfiando de todos y finalmente terminando amargados.


Así que quiero animarte, mediante esta información, a poner todos tus recursos mentales y emocionales en lo que deseas, y al mismo tiempo ignorar todo lo que no te gusta.


Recuerda que, si le queremos comunicar algo a la Vida, el único lenguaje que entiende es el de nuestro enfoque y emociones.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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