Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 20 de julio de 2026

El cambio que esperamos empieza en el espejo



El cambio que esperamos empieza en el espejo

Hace unos días nuestra localidad eligió un nuevo gobierno. 


Como era de esperarse, algunos celebran el resultado mientras otros expresan su inconformidad. 


Hasta ahí todo es normal. Lo que me llama la atención no es quién ganó o quién perdió, sino la rapidez con la que aparecen los jueces de la moral. 


Comienzan las frases de siempre: "son unos corruptos", "todos vienen a robar", "este país nunca va a cambiar". 


Y mientras leo esos comentarios no puedo evitar hacerme una pregunta: ¿cuántas de las personas que escriben eso son completamente honestas en su vida diaria? 


No estoy hablando de millones de pesos ni de grandes escándalos. 


Hablo de esas pequeñas acciones que hemos aprendido a justificar porque "todo el mundo lo hace". 


Pasarse un semáforo en rojo porque no vienen carros. 


Llevarse para la casa materiales de la empresa. 


Dedicar horas del trabajo a resolver asuntos personales. 


Encontrar un dinero que alguien perdió y quedarse callado. 


Colarse en una fila. Copiar en un examen. Mentir para obtener un beneficio. 


Nos gusta llamar corrupción únicamente a la que sale en las noticias, pero la corrupción no comienza en un despacho público. 


Comienza cuando una persona decide que sus intereses están por encima de lo correcto. 


Hay una frase que siempre ha generado discusión: "El pueblo es digno de sus gobernantes". 


Durante mucho tiempo pensé que era una frase demasiado dura. Hoy la entiendo de otra manera. 


Los gobernantes no vienen de otro planeta. 


Salen de las mismas familias, de las mismas escuelas, de los mismos barrios y de la misma cultura en la que vivimos todos. 


Si una sociedad normaliza la deshonestidad en lo pequeño, tarde o temprano terminará encontrándola también en lo grande. 


Queremos políticos honestos, pero muchas veces educamos hijos que aprenden que hacer trampa es ser más vivo. 


Exigimos transparencia mientras buscamos la manera de evitar las normas cuando nadie nos está mirando. 


Pedimos justicia, pero solamente cuando el perjudicado somos nosotros. 


Hace muchos años trabajé con un señor. 


Era un hombre que había construido un patrimonio importante y siempre me llamó la atención la tranquilidad con la que hablaba de los negocios y de la vida. 


Un día, movido por la curiosidad, le pregunté si toda esa riqueza venía de su familia o si la había construido él mismo. 


Sonrió y me respondió que había empezado desde cero. 


Luego hizo una pausa y me dijo: 


"Si alguna vez puedo darte un consejo, es este: procura ser lo más justo posible con la vida, para que la vida sea justa contigo." 


En ese momento pensé que estaba hablando únicamente de los negocios. 


Con los años entendí que hablaba de algo mucho más profundo. 


Ser justo con la vida es actuar correctamente incluso cuando nadie nos está observando. 


Es no aprovecharse de los demás, cumplir la palabra, respetar lo que no nos pertenece y hacer lo correcto, aunque hacerlo implique un sacrificio. 


Con el tiempo comprendí que la verdadera riqueza de este empresario no estaba solamente en lo que había logrado construir, sino en la filosofía con la que había decidido vivir. 


No era una promesa de que nunca tendríamos problemas. 


Era una forma de entender la existencia. 


Cada acto de honestidad fortalece nuestro carácter. 


Cada decisión correcta, aunque nadie la vea, nos convierte en la clase de persona que queremos encontrar en los demás. 


Tal vez por eso el cambio que esperamos nunca empieza con un nuevo alcalde, un nuevo gobernador o presidente. 


Empieza cuando dejamos de justificar nuestras pequeñas deshonestidades. 


Porque es muy fácil exigir un país diferente. Lo difícil es convertirse en una persona diferente. 


Y esa, aunque muchos no lo crean, sigue siendo la única revolución que realmente cambia una sociedad.

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lunes, 15 de diciembre de 2025

Dejar de salvar al mundo para empezar a salvarte



Dejar de salvar al mundo para empezar a salvarte

Algo que he visto durante toda mi vida —y estoy seguro de que tú también— es la necesidad desesperada que tienen muchas personas de querer arreglar la vida de los demás. 


Predican, aconsejan, corrigen… como si fueran expertos en todo. 


Hablan de religión, de salud, de éxito, de mentalidad. 


Pero cuando miras sus vidas de cerca, parece que ni ellos mismos se creen lo que dicen. 


Y no te voy a mentir: yo también caí en ese juego. 


Cuando empecé a leer mis primeros libros de autoayuda, sentía que tenía la obligación de iluminar a todo el mundo. 


Cualquier persona que me contara un problema se convertía automáticamente en mi “proyecto”. 


Yo quería ser el que les mostrara el camino, aunque nadie me hubiera pedido nada. 


Hasta que un día, en medio de una conversación, alguien me soltó una frase que todavía recuerdo como si me la hubieran tallado en la frente: 


“¿Y tú sí aplicas todo eso que estás diciendo?” 


Esa pregunta me dejó frío. 


Porque en el fondo yo sabía la verdad: No, no lo estaba aplicando. 


Hablaba bonito, pero mi vida seguía igual de desordenada que siempre. 


Ese día entendí algo que me cambió para siempre: 


La autoayuda no es un micrófono. Es un espejo. 


No es para ir por ahí diciendo cómo deben vivir los demás. 


Es para verte a ti mismo y ajustar lo que está mal en tu propia vida. 


Con el tiempo me di cuenta de algo que no vas a aprender dando discursos: 


Cuando uno realmente mejora, cuando uno vive bien, cuando uno aplica lo que aprende… la gente lo nota sin que abras la boca. 


He conocido personas que hablan horas sobre espiritualidad y tratan a su familia peor que a un desconocido. 


Personas que se dicen “expertas” en bienestar, pero viven llenas de estrés y drama. 


Y otras que, sin decir una sola palabra, inspiran simplemente por cómo viven. 


Ahí entendí la diferencia. 


Hoy no intento salvar a nadie. “Eso no es problema mío”. 


No doy consejos que no me han pedido. 


Simplemente camino mi propio camino, y el que quiera aprender algo, que observe… o que pregunte. 


Porque al final, después de todo lo que he vivido, he llegado a esta conclusión: 


El que tiene que cambiar eres tú, no los demás. 


Y cuando tú realmente cambias, no necesitas convencer a nadie. 


Tu vida habla más fuerte que cualquier sermón.

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lunes, 22 de julio de 2019

Aprendiendo a ser tu propio líder



Aprendiendo a ser tu propio líder Todos somos conscientes, en teoría, que tenemos los mismos derechos en crear y opinar.

Sin embargo, en la práctica tenemos la tendencia a creer que la opinión de terceros es más importante que la nuestra.

Esto se debe a que desde que éramos unos niños, se nos enseñó a creer más en lo que dicen otros que en lo que pensamos e intuimos mediante nuestra inteligencia.

¿Cuántas veces estando pequeños llegamos a descubrir pequeños fallos en cosas que hacían nuestros padres y al intentar dar nuestra opinión nos mandaban a callar?

Fue precisamente esto lo que socavó poco a poco la confianza en nuestra inteligencia e intuición.

Por ejemplo, en mi caso, y aun siendo un adulto, personas a mi alrededor me cuestionaban si yo realmente debía hablar de temas emocionales en este blog, cuando en realidad mi profesión es otra.

Otros incluso me han llegado a cuestionar porque si estoy casi llegando a los 50 años de edad sigo practicando un deporte para muchachos.

En fin, cada ser humano enfrenta cuestionamientos similares, ya sea que estés intentando hacer un bien para ti mismo o para los demás.

Cabe resaltar que, si una persona te cuestiona eso, no necesariamente la convierte en mala o tóxica, tal como la llamamos hoy en día.

Más bien, se debe a que esta persona está condicionada por el miedo y ha aceptado que ella no puede, ni tiene el derecho de crear y opinar.

Así que, dentro de su buena intención, intenta protegerte de que “te vayas a hacer daño” con tus deseos de avanzar.

Puede que en este momento te preguntes, pero ¿cómo hacer para confiar en tu propia inteligencia e intuición para crear u opinar, si normalmente siempre me equivoco y debo recurrir a otros por guía?

Para responderte a esto, debo hacerte la siguiente pregunta y es, ¿estás completamente seguro(a) que ese guía o líder que sigues está en lo correcto?

¿Qué hay si lo que te está diciendo no aplica para ti, o tiene mala intención? Recuerda que todo lo que tiene que ver con el factor humano es inexacto.

Incluso, esto mismo también aplica para mí y lo que publico en este blog, ya que han sido vivencias mías.

Esto no dejan de ser cosas que me han pasado o he investigado para aprender a vivir en bienestar, pero en teoría me sirven solamente a mí.

Puede que te sirvan a ti en algún momento. Sin embargo, es por eso que siempre te animo a que hagas tus propias investigaciones y observatorios sobre las cosas que te interesan.

La verdad, es decir tu camino, esta únicamente dentro de ti.

Solamente tu corazón tiene toda la información que necesitas para triunfar en lo que te propongas.

Lo único que debes hacer es aprender a escuchar tu voz interior hasta que sea tan fuerte, que silencie todo el ruido que hay a tu alrededor diciéndote que hacer de forma equivocada.

¿Y qué pasa si no estás seguro de algo? Es totalmente correcto que consultes con otros que ya hayan pasado por los mismos procesos.

Puede que esa experiencia que hayan tenido te sirva, pero jamás la pongas por encima de tu propia voz interior.

Precisamente el anteponer la voz de terceros a tu propia voz interior es lo que siempre te hace cometer errores.

Yo he conocido personas que padecen de esta situación en forma crónica.

Siempre consultan y siguen lo que les dicen terceras personas y sus vidas son una constante quejadera y lucha para salir de problemas.

Honestamente pienso que es mejor equivocarme por mi mismo y asumir mis consecuencias y no equivocarme porque seguí los consejos erróneos de otra persona.

Así que te animo mediante esta información a que abandones el miedo y comiences a ser tu propio líder, consejero o guía espiritual.

Cada vez que confías en ti mismo, le vas dando fuerza a tu voz interior para que guíe tu camino.

Y eso sí, siempre admírate a ti mismo(a) por ser capaz de acatar y llevar a cabo aquello que sabes que te servirá.
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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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