Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 23 de noviembre de 2020

El problema de las exceptivas y los apegos



El problema de las exceptivas y los apegos

Una de las cosas más importantes que tiene el ser humano es la voluntad.


La voluntad humana ha sido capaz de mover el mundo, descubrir nuevas cosas y hasta mejorar la propia vida.


Una de las tantas definiciones que el RAE tiene sobre esta es la intención, ánimo o resolución de hacer algo.


Pero nota que se está hablando sobre el ánimo o resolución de hacer algo.


Aquí nos puede surgir la pregunta, ¿entonces dónde nace la voluntad para hacer las cosas?


Detrás de toda esa fuerza que nos impulsa a realizar algo está la esperanza.


Curiosamente la esperanza está asociada a las expectativas.


Algunas personas definen la esperanza como algo positivo en lo cual, estarías confiando en el proceso.


En cambio, la expectativa la perciben como algo negativo que solo se basa en resultados.


Un ejemplo de estas definiciones lo podríamos ver como la esperanza que tienes de que algo bueno suceda en el futuro.


Contrario, la expectativa sería intentar predecir ese futuro como bueno o malo para ti.


Podríamos decir que de aquí se desprende el concepto de esperanza como positiva y expectativa como negativa.


Pero si vamos a la definición de expectativa que tiene el RAE, la define como “esperanza de realizar o conseguir algo”.


En otras palabras, el RAE estaría conectando intrínsicamente estas dos palabras.


En este punto podría surgir una nueva pregunta, ¿qué son entonces los apegos y si de alguna forma están relacionados con las expectativas y esperanzas?


El apego se define como un vínculo afectivo intenso, duradero y singular.


Es decir que va específicamente a una persona y no a todas.


Se podría dar el caso, pero hasta la fecha no he visto el primer ser humano que tenga apegos por TODA la humanidad.


Siempre tenemos personas favoritas y por lo general el resto del mundo nos cae mal o es indiferente para nosotros.


Podríamos decir que las expectativas son una esperanza hacia algo, mientras que el apego vendría siendo la afirmación de que algo o alguien me pertenece o es mío.


Los apegos nacen en nuestra infancia.


Para que un ser vivo pueda tener un desarrollo medianamente normal necesita por lo menos de un cuidador.


Con este cuidador debe tener una relación o una conexión para poder llegar a tener una seguridad en el entorno que lo rodea.


De hecho, en los años 60, el doctor Harry Harlow realizó una serie de experimentos de dudosa ética que muchos profesionales llegaron a considerar crueles.


Por aquella época se discutía si los apegos nacían por el alimento o simplemente por la calidez de las relaciones.


Y también se pensaba que el contacto físico era una forma de malcriar a los hijos.


Este experimento consistía en separar crías de monos de su madre y ponerlos frente a dos muñecos.


Uno de estos muñecos era de felpa y el otro de alambre.


El de alambre tenía un biberón y los pequeños monos se apegaban más al muñeco recubierto de felpa y solo se acercaban al de alambre cuando necesitaban comer.


A partir de estos estudios, las cosas cambiaron bastante y vemos que se le dio más protagonismo a la relación padres e hijos.


Estos estudios reflejaron básicamente tres clases de apegos.


Si el cuidador de mostraba sensible, accesible y atento la persona desarrollaría un apego seguro.


Si la atención del cuidador era errática el individuo pasaría a ser una persona ansiosa.


Y por último si el cuidador era distante, rígido y desapegado, el adulto sería una persona evasiva.


A título personal yo pienso que con esta situación ocurre lo mismo que con los complejos de Edipo y Electra.


Son cosas que nos sirven en determinado momento, pero que, al nunca resolverse, cuando somos adultos pueden aflorar y perjudicarnos.


Para poder entenderlo mejor, intenta recordar las parejas que has tenido.


Si eres mujer, recuerda cómo las personalidades y hasta el físico de las personas que han compartido la vida contigo hasta la fecha se parecen.


Lo mismo si eres hombre, vas a notar que ocurre lo mismo con las personas con las cuales han compartido.


Y si eres bastante detallista, notarás que estás personas a la final son bastante parecidas a tu figura materna o paterna según tu caso.


Notarás que has estado buscando a tu madre o padre en tu pareja por el complejo de Edipo o Electra según tu caso.


Si eres mujer y tuviste un padre maltratador, ¿adivina con qué tipo de personas has estado compartiendo?


Hace algún tiempo compartí la experiencia de una gran amiga que tuvo un padre estricto.


Ella conoció a un hombre maravilloso, pero por extrañas razones lo abandonó.


¿Puedes ver porque haría algo como esto?


Simplemente su figura paterna estricta no coincidía con la de una persona flexible.


Lo mismo ocurre con nuestros apegos y expectativas.


El apego a un cuidador o cuidadores nos sirvió en su momento para sentir seguridad de nuestro entorno.


Pero son situaciones que quedaron allí en el olvido, en nuestro sistema nervioso.


Y es por eso que ahora que somos adultos sentimos la necesidad de apegarnos a esa figura que consideramos importante.


Si esa otra persona es tan “necesitada” de ti, podríamos decir que tienes buena suerte.


¿Pero qué pasa cuando esa otra persona toma decisiones diferentes y prefiere estar con otras personas?


Es por eso que los apegos nos representan un problema.


Cuando iniciamos una relación siempre llegan nuestras expectativas.


A medida que vamos conociendo a una persona le podemos ver errores y problemas potenciales a futuro.


Pero nuestras expectativas nos hacen creer que con “nuestro amor” las podemos llegar a cambiar.


Y no solo eso, nos imaginamos un ideal del amor, es decir, tenemos la expectativa de que sea romántico(a), detallista, de buen humor y que comparta con nosotros todo momento.


Cuando esto no se cumple, sufrimos y le reclamamos a la otra persona de que no nos ama.


Lógicamente la otra persona con sus propios problemas se va a sentir aburrido(a) por esto, pues ve que sus esfuerzos de amor no son suficientes.


Comienzan los resentimientos porque creo que la otra persona no me está dando lo que merezco.


Los que han podido traspasar sus apegos, rápidamente dejan esa relación y consiguen una nueva, repitiendo este ciclo casi infinitamente.


Los que no pueden con sus apegos prefieren seguir adelante, así su “amorcito” no les esté complaciendo lo que ellos esperan.


Ahora bien, siendo conscientes de todo esto, nos puede surgir la pregunta, ¿cómo puedo dejar los apegos y las expectativas?


La respuesta es tan simple como vivir tu vida y dejársela vivir a los demás.


Con esto me refiero a que tú mismo te tienes que convertir en la persona más importante de tu vida.


Puede que suene a egoísmo, pero ¿si tú estás enfermo, crees que puedes ayudar a los que también están enfermos?


Cuando las personas abordan un avión, una persona de la tripulación les da instrucciones sobre estados de emergencia.


Por ejemplo, que ocurre si tienes que evacuar y las salidas de emergencia.


Dónde están los chalecos salvavidas y las mascarillas en caso de despresurización de la cabina.


Hay un hecho curioso sobre esto último y es que, si caen las mascarillas arriba de tu asiento, y ves que tienes niños a tu lado, nunca debes ponerles la mascarilla a ellos primero.


Primero debes ponértela tú y luego si auxiliar a los pequeños.


Esto puede sonar egoísta, pero si tu pierdes el conocimiento, ambos van a morir.


Así que quiero animarte mediante esta información a que te conviertas en el ser más importante de tu universo.


La única manera que puedes ayudar a los que amas es cambiando tu propio destino.


Automáticamente notarás que sus vidas cambiarán sin que se los digas.

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lunes, 7 de agosto de 2017

Búsqueda y reencuentro con el niño interior


Búsqueda y reencuentro con el niño interior

Durante mi proceso de búsqueda de información sobre control emocional, me di cuenta que interiormente me encontraba devastado. Hoy en día veo personas a mi alrededor que honestamente no sé cómo hacen para soportarse ellos mismos. Con esto me refiero a que su calidad de vida es demasiado pobre emocionalmente. Viven constantemente sufriendo y quejándose del destino que les tocó y sobre todo intentando olvidar dichas penas en diferentes adicciones.

Con adicciones no solo me refiero a las conocidas como alcohol, cigarrillo, drogas, sino a entretenimiento, trabajo, deporte, sexo, etc. Por eso, los seres humanos, debido a nuestro descontrol emocional buscamos como disipar la mente de nuestros demonios interiores. Es por eso que si estamos solos, entramos en pánico y debemos prender la TV o escuchar música, normalmente a alto volumen. Pero siendo honestos, y haciendo el ejercicio, nos atreveríamos a quedarnos solos sin estas cosas y únicamente con nuestros pensamientos?

En mi caso, tuve la oportunidad de conversar con mi amigo y mentor Victor Giordani sobre estos temas y me comentó que en cierta ocasión mediante Skype le hizo una hipnosis a una amiga en Italia. Ella con los días comenzó a llamarlo para agradecerle lo bien que se sentía y los cambios que había tenido en su vida.

Pues de igual forma yo me atreví a pedirle a Victor que me ayudar en esto pues quería probarlo. Así que una noche nos pusimos de acuerdo por Skype, ya que no estamos en la misma localidad, nos dimos a la tarea de realizar este procedimiento. Como no quería ser interrumpido, abrí en mi laptop un documento con tipo de letra al máximo tamaño explicando que no me interrumpieran pues me encontraba en proceso de hipnosis.

Recuerdo que Victor me dijo que no forzara ningún pensamiento sino que dejara mi mente fluir y que fuera narrando lo que visualizaba. Te soy honesto, yo pensaba que uno se quedaba dormido y que el profesional inducia en la mente del paciente ideas nuevas. No, definitivamente eso se hace conscientemente.

Estuve recordando una casa en la que viví en mi infancia, a la edad de 5 a 6 años. Vi los muebles, las escaleras hacia el segundo piso. El patio, cocina, sala, etc. También recuerdo detalles como cuadros, reloj de pared, jarrones, que supongo mi imaginación tal vez estaría construyendo o improvisando en ese momento.

Finalmente Victor me pregunto con quién estaba y vi a mi señora madre y me pregunto que me decía. Yo recordé algunas palabras de mi madre como por ejemplo que en la calle no había nada bueno sino problemas. Y en eso me preguntó que donde estaba mi padre. Y adivina? En la calle trabajando. Así que fui descubriendo poco a poco ciertos conflictos como que la calle es mala y me está robando a mi padre.

Increíblemente, este tipo de temas, olvidados por nosotros y jamás dialogados o confrontados, nos pueden perjudicar durante toda la vida. Después de terminado el proceso le comentaba a Victor que me sentía como ese niño en esa casa, pero muy fuerte emocionalmente, como libre de todo. Él me explicaba que cuando uno es niño nada es imposible. Lamentablemente crecemos y olvidamos todos esos sueños, metas y nos dedicamos a sobrevivir y a ganar el “pan de cada día”.

A partir de ese día, comencé a sentir más ganas de vivir, de hacer cosas. Me sentí muy cercano a mí mismo y comencé a recordar aquella alegría de los años de la infancia. Quizás por eso escucho a muchos decir que la mejor época de sus vidas fue esa. Donde todo era juego y no tenían responsabilidades. Yo creo que uno no recuerda esta época por eso. Más bien creo que uno tiene buenos recuerdos por los sentimientos de poder, grandeza, pasión, amor y ganas de realizar todo, ya que para un niño la palabra imposible no existe.

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martes, 12 de octubre de 2010

Enfrentando el Enojo

Según el RAE el enojo es un movimiento del estado de ánimo que suscita ira contra un semejante. Normalmente dicho semejante es ajeno a la causa del enojo. ¿Por qué sentimos enojo? ¿Es normal sentir enojo? ¿Se puede eliminar o controlar el enojo de nuestras vidas? ¿Es algo grave o es algo con lo que puedo vivir a diario?

Para llegar a las respuestas de estas preguntas, analicemos lo que ocurre en nuestra llegada a este mundo. Ningún ser humano llega con enojo, pues todos somos como una hoja en blanco, dispuestos a recibir información que nos permite adaptarnos a un medio y sentirnos parte de un grupo. El secreto está en la aprobación. Buscamos aprobación y por eso imitamos emociones, pues la emoción es el lenguaje de comunicación de nuestra alma, nuestra esencia con el mundo físico.

Si tienes la oportunidad de observar niños pequeños, notarás que estos no hacen lo que se les dice, sino lo que ven a los adultos hacer. Siempre les estamos inculcando cuando vemos destellos de independencia palabras tales como “tú no puedes hacer eso”, “deja que un adulto lo haga”, etc., y ellos pronto se dan cuenta que los adultos son el modelo a seguir. ¿Recuerdas cuando eras un niño o niña y deseabas crecer para hacer todo lo que no podías por ser niña o niño?

Ese sentimiento fue una creencia en su momento en ti, en la cual anhelabas ser “grande” para salir y disfrutar el mundo. Y ahora que eres grande ¿disfrutas el mundo? Ahora comienzas a mirar el pasado y recuerdas que de niño todo era más simple y te divertías más. Alguien te dijo que debías ser responsable, dejar de jugar, dejar de divertirte y poner cara larga y también preocuparte muchísimo pues eso era “ser responsable”.

Todo eso que has estado evitando enfrentar ha ido acumulando una serie de emociones conocida como Enojo. Esta emoción hace parte de nuestra neurosis. El Enojo llega a tal grado que nos irritamos por cosas que aparentemente no tienen importancia. Por ejemplo si realizamos una tarea en un computador y esta toma más tiempo del que estamos acostumbrados, toda nuestra frustración cargada de años, nos invade con emociones destructivas que disparan el Enojo. Entonces nuestra reacción es maldecir un aparato electrónico que ni siquiera es consciente de su existencia.

Mira he visto personas pelear con los semáforos, con el calor, con la lluvia, con el gobierno, con los políticos, con sus hijos, con sus parejas, con sus padres y hermanos, con la Biblia, con el Corán, con el Diablo, con Dios (como me pasaba a mí anteriormente).

Una vez iba en un taxi entre norte a sur de la ciudad. Subiéndome al taxi, una persona se atravesó al iniciar la marcha el conductor y este frenó de inmediato. Se levantó de su asiento y comenzó a amenazar al peatón. Espere 1 minuto, pues también sentí Enojo, pues pensaba “como dos estúpidos que nada les pasó se ponen a discutir y hacerme perder el tiempo” pero también disfrutaba el “chisme” y me quedé hasta que le hable al conductor “¿señor, cuánto tiempo más espero? ¿O elijo otro medio?”

Como era obvio el taxista no quería perder su carrera, se subió al vehículo nuevamente y TODO el trayecto se fue hablando del evento diciendo que la gente era muy desgraciada, que eran dormidos, que tenían la culpa y bla bla bla.

Otro caso similar me lo contó una buena amiga mía. Ella tiene varias hermanas y vino una de las menores diciéndole que jamás le perdonaría a la mayor que la hubiera dejado en la calle, pues le cerró con seguro la puerta de su casa ¡hace 24 años!

Los grados de Enojo son tan altos que no permiten a las personas ver la ridiculez de sus acciones. Si racionalizamos las situaciones comenzaremos a despertar nuestra inteligencia emocional. En el caso de la mujer que no le iba a perdonar a su hermana un evento de hace más de 20 años, podemos llegar a las siguientes conclusiones:

Cuanto tiempo duro la señora en la calle. Supongamos que 6 horas. Digamos que 10 para ser “bondadosos”. ¿Cuánto tiempo ha durado la señora re-sentida por el evento? 20 años o más. Entonces ¿qué le ha hecho más daño a la señora algo que ocurrió 10 horas o lo que ha estado ocurriendo hace más de 20 años?

Es evidente que los más de 20 años que lleva dicha persona resentida hacen que su vida sea una desgracia. ¿Pero quien tiene la culpa? Mira, todos en este planeta hemos vivido situaciones lamentables, pero seguimos yendo al baño, seguimos comiendo, seguimos jugando, etc. es decir que nuestras funciones vitales y corporales no se han interrumpido por estos eventos.

Después de aprender a racionalizar los eventos con los que estaba resentido en el pasado, llegué a una conclusión muy importante que quizás te va a ayudar a ser muy feliz. De niño si uno sufre, no es culpa de uno, no tenemos poder de elección sino de sometimiento. Pero un adulto sufre por P__DEJO.

Lamentablemente nosotros no conocemos la gravedad de nuestra neurosis. Como lo mencioné en entradas anteriores, el odio, el enojo y el resentimiento, son disparadores de enfermedades terminales. Están no ocurren por casualidad sino que es el resultado de nuestro bombardeo emocional a nuestra células.

¿Por qué sufres? ¿Qué intentas demostrar con él sufrimiento? ¿Por qué sigues castigándote y castigando a los demás?

Mira, cuando yo estaba tan metido en mi neurosis crónica, y me enojaba por ejemplo con algún amigo o compañero, dejaba de almorzar ¿Te imaginas? ¿Qué culpa tiene mi estómago por un evento que no cumplía mis expectativas sobre la realidad? ¿Te ha pasado alguna vez que te enojes con una persona que para “castigarla” dejas de comer?

Eso se observa en las mentes infantiles de niños de 2 a 8 años donde “castigan” a sus padres con pucheros o tirándose en el suelo haciendo pataletas. Y así seguimos actuando después de adultos, como niños atrapados en un cuerpo grande.

Incluso mi neurosis llegó a “matarme”. Me enviaban a hacer algo en la tienda. Salía enojado y pensaba en cómo me atropellaba un vehículo y los que me enviaron les dolería por haberme enviado a hacer la diligencia. ¿Te ha pasado lo mismo o algo similar en que tu mente te suicide por enojo? ¿O eso solo ocurre en Europa, una de las lunas que tiene el planeta Júpiter? ¿Supongo que a ti no te pasa, cierto?

Como podemos ver, el Enojo es una enfermedad progresiva y degenerativa a nivel celular. Si tú quieres vivir una vida optima, tendrás que aprender a dominar tus emociones destructivas. Te sugiero que repases una entrada en la cual propongo un ejercicio de control para este padecimiento en la entrada ¿PENSAMOS O REACCIONAMOS?

No te pases la vida alimentando el Enojo. En realidad según el Investigador del Pensamiento Humano Víctor Giordani, el Enojo es el viejo miedo de siempre disfrazado. Es algo que si no enfrentas te perseguirá por el resto de tu vida. Dirás, puedo vivir con miedo o enojo y seguir normal. Eso es tu problema, pero en la próxima entrada trataré el tema sobre la conciencia de la existencia y espero puedas conocer lo importante que es tomar acción aquí y ahora.
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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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