Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 21 de septiembre de 2026

No todo merece una respuesta



No todo merece una respuesta

Hay personas que tienen la extraña habilidad de hacernos perder la paciencia. 


Dicen algo que saben que nos va a molestar y nosotros, como si hubiéramos recibido una orden, inmediatamente respondemos. 


Y ahí comienza la discusión. Uno dice algo. El otro responde. 


Luego viene otra respuesta y cuando menos pensamos llevamos media hora discutiendo por algo que probablemente dentro de unos días ni siquiera vamos a recordar. 


¿Te ha pasado? 


A mí me parece curioso cómo algunas personas sienten que siempre tienen que responder. 


Si alguien los critica, responden. Si alguien los contradice, responden. 


Si alguien los provoca, responden. 


Si alguien publica algo en las redes sociales con lo que no están de acuerdo, allá van ellos a explicarle al mundo por qué están equivocados. 


Y yo me pregunto: ¿Realmente necesitamos responder a todo? 


La verdad es que no. Hay cosas que sencillamente no merecen nuestra atención. 


Y mucho menos nuestra tranquilidad. 


Porque cuando alguien consigue hacernos reaccionar, de alguna manera también consiguió controlar nuestro estado emocional. 


Imagina que alguien te dice algo con la intención de molestarte. 


Tú te enfadas. Le respondes. La otra persona vuelve a contestar. Y tú vuelves a responder. 


¿Quién está controlando a quién? 


Probablemente esa persona está haciendo su día tranquilamente mientras tú llevas veinte minutos pensando en qué decirle. 


Aquí aparece algo que considero muy importante para nuestra vida: el silencio también puede ser una respuesta. 


Y no estoy hablando de quedarse callado por miedo. 


Estoy hablando de tener la capacidad de decir: “Podría responder, pero no vale la pena”. Eso es autocontrol. 


No necesitas demostrarle a todo el mundo que tienes razón. 


Tampoco necesitas explicar cada decisión que tomas. 


Hay personas que no quieren entenderte, por más explicaciones que les des. 


Entonces, ¿para qué gastar tu energía? 


Hace algunos años probablemente habría pensado que quedarse callado era una señal de debilidad. 


Hoy pienso todo lo contrario. 


En muchas ocasiones se necesita más fortaleza para guardar silencio que para responder. 


Porque responder es fácil. Lo difícil es controlar ese impulso que te dice: “¡Respóndele!” “¡No te dejes!” “¡Dile lo que se merece!” 


Pero no todo merece una batalla. 


Hay discusiones que no van a cambiar nada. 


Hay personas que no van a cambiar de opinión. 


Por más argumentos que le des a una persona si cree lo contrario no lo vas a cambiar. 


Hay provocaciones que solo buscan una reacción. 


Por lo menos yo soy ejerzo mi maldad provocando a las personas de mi entorno. 


Años atrás lo hacía más. Hoy en día casi no porque mis tareas no me lo permiten. 


Es algo que siempre he disfrutado. Ver la reacción de una persona a la provocación. 


Es por eso que hay momentos en los que lo más inteligente que puedes hacer es simplemente continuar con tu vida. 


Esto tampoco significa permitir que los demás abusen de ti. 


Hay momentos en los que debemos hablar. 


Debemos poner límites. Debemos defendernos. 


Pero una cosa es defenderte y otra muy diferente es reaccionar impulsivamente ante cada situación. 


La próxima vez que alguien diga algo que te moleste, prueba algo diferente. 


No respondas inmediatamente. Espera unos minutos. 


Respira. Piensa. Pregúntate si realmente vale la pena. 


Tal vez descubras que aquello que parecía tan importante hace unos minutos realmente no merece ni cinco minutos de tu tiempo. 


Y si finalmente decides responder, hazlo desde la tranquilidad y no desde la rabia. 


Porque cuando aprendes a controlar tus emociones, comienzas a recuperar algo que muchas personas entregan sin darse cuenta: el control sobre sí mismas. 


Recuerda: No todo merece una respuesta. Algunas cosas simplemente merecen silencio... y que sigas adelante.

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lunes, 14 de septiembre de 2026

No estás aplazando la tarea... estás evitando sentir



No estás aplazando la tarea... estás evitando sentir

Hay tareas que llevamos días aplazando y no entendemos por qué.  


Sabemos que tenemos que hacerlas. Sabemos que son importantes.  


Incluso sabemos que cuanto más las retrasemos, peor nos vamos a sentir.  


Y aun así, encontramos cualquier cosa para no hacerlas.  


Revisamos el celular, organizamos algo que podía esperar, buscamos otra actividad o simplemente nos decimos: “mañana lo hago”.  


Entonces aparece la explicación más fácil: “Soy perezoso.”  


Pero no siempre es pereza. A veces estamos evitando una emoción.  


Hay personas que aplazan una llamada porque temen recibir una mala noticia.  


Otras evitan comenzar un proyecto porque tienen miedo de fracasar.  


Algunas postergan una conversación porque no quieren enfrentarse al conflicto, a la culpa o a lo que la otra persona pueda decir.  


La tarea puede ser sencilla. Lo difícil puede ser lo que sentimos cuando pensamos en hacerla.  


Y aquí aparece una trampa: aplazar produce alivio.  


Por unos minutos dejamos de pensar en aquello que nos preocupa.  


Sentimos que el problema desapareció.  


Pero no desapareció. Solo lo trasladamos al futuro.  


Después llega la culpa por no haberlo hecho, la preocupación porque queda menos tiempo y, en ocasiones, una ansiedad todavía mayor.  


Así podemos entrar en un círculo bastante conocido:  


Evito → siento alivio → pasa el tiempo → aumenta la preocupación → vuelvo a evitar.  


Por eso, la próxima vez que descubras que estás aplazando algo importante, quizá valga la pena cambiar la pregunta.  


En lugar de preguntarte: “¿Por qué no hago esto?”  


Pregúntate: “¿Qué siento cuando pienso en hacerlo?”  


Y después: “¿Estoy evitando la tarea o estoy evitando esa emoción?”  


La respuesta puede cambiar la manera de enfrentar el problema.  


Porque no siempre necesitamos esperar a sentirnos motivados, tranquilos o seguros para comenzar.  


A veces tenemos que aprender algo más sencillo y más difícil al mismo tiempo:  


Podemos sentirnos incómodos y aun así dar el primer paso.  


Quizá ese sea uno de los verdaderos aprendizajes detrás de la procrastinación: no necesitamos dejar de sentir para avanzar.  


A veces necesitamos avanzar mientras sentimos.

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lunes, 29 de junio de 2026

Pensar negativo no te protege. Te desgasta



Pensar negativo no te protege. Te desgasta

Pensar en lo peor no te hace más inteligente. Te hace vivir peor. 


Y lo más preocupante es que ese tipo de pensamiento ya viene por defecto en la mayoría de personas. 


Mucha gente cree que anticipar lo malo ayuda a estar preparado. 


Si algo sale mal, ya lo había pensado. 

Si algo dolía, no toma por sorpresa. 


Suena lógico… pero no lo es. 


En mi caso, ese patrón fue durante años una de las principales causas de mi ansiedad. 


No era lo que pasaba afuera… 

era todo lo que mi mente estaba anticipando todo el tiempo. 


Conocí a un muchacho que pensaba igual. Decía que prefería pensar en negativo porque así, si algo malo pasaba, no se desilusionaba. 


En teoría, tenía sentido. En la práctica, no. 


Siempre esperaba lo peor… y curiosamente, eso era lo que terminaba viviendo. 

Nunca tenía nada que celebrar. Nunca veía algo como suficiente. 


No porque su vida fuera peor que la de otros, sino porque su mente ya estaba entrenada para filtrar todo desde lo negativo. 


Ahí entendí algo importante: 


Pensar negativo no es ser realista. 

Es entrenar a tu mente para vivir en alerta todo el tiempo. Y vivir así tiene un costo. 


No tomas mejores decisiones. No evitas problemas. 

Solo llegas más desgastado a ellos. 


Pensar positivo tampoco es magia. 


No cambia la realidad. No elimina los problemas. 


Pero sí cambia desde dónde los enfrentas. 


Te permite ver lo que sí está funcionando. 

Te da espacio para reaccionar mejor. 


Porque al final no eliges lo que pasa. 

Pero sí eliges desde qué enfoque lo interpretas. 


Y si entrenas tu mente para ver solo lo malo… no es que la vida sea peor, 

es que te vuelves incapaz de ver cuando es buena. 


Y yo ya no quiero vivir así. 


No porque todo vaya a salir bien, 

sino porque ya entendí que pensar peor tampoco lo evita. 


Si mi mente va a imaginar escenarios… 

prefiero que no todos estén en mi contra.

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lunes, 1 de junio de 2026

Todo salió bien… excepto en mi cabeza



Todo salió bien… excepto en mi cabeza

Una de las cosas que más afecta a una persona, aunque no lo diga, es la ansiedad. 


Y no me refiero a esa ansiedad que mencionan por ahí como algo ligero. 


Me refiero a esa que te aprieta el pecho. 


A esa que no te deja pensar con claridad. 


A esa que te hace ver problemas donde todavía no existen. 


Hace poco me cambié de lugar. 


Algo que en teoría es normal. 


Algo que miles de personas hacen todos los días sin problema. 


Pero en mi cabeza… no era algo normal. 


Era un caos. 


Tenía que coordinar el trasteo. 


Tenía que hablar con las personas que me iban a ayudar. 


Tenía que dejar el lugar donde estaba completamente limpio. 


Incluso pintarlo. 


Tenía que organizar el nuevo sitio. 


Ver dónde iba cada cosa. 


Asegurarme de que todo saliera bien. 


Y mientras todo eso pasaba… mi mente comenzó a hacer lo suyo. 


“¿Y si no alcanza el tiempo?” 


“¿Y si algo sale mal?” 


“¿Y si nadie me ayuda?” 


“¿Y si no logro organizar todo?” 


Es impresionante como la mente puede construir un desastre completo… 


Sin que todavía haya pasado nada. 


Yo ya estaba cansado… sin haber empezado. 


Ya estaba estresado… sin haber movido una sola caja. 


Ya estaba abrumado… sin que existiera un problema real. 


Y luego comenzó todo. 


Paso a paso. 


Sin afán. 


Sin caos. 


La gente ayudó. 


El tiempo alcanzó. 


Las cosas salieron. 


Incluso más fácil de lo que esperaba. 


Y fue ahí donde me di cuenta de algo. 


Nada fue como mi ansiedad decía. 


Nada. 


Todo ese sufrimiento… 


Fue adelantado. 


Fue innecesario. 


Fue creado. 


Porque la ansiedad no te muestra la realidad. 


Te muestra una versión exagerada de todo. 


Una versión donde todo sale mal. 


Donde todo es urgente. 


Donde todo es un problema gigante. 


Pero la vida real… no funciona así. 


La vida real se resuelve paso a paso. 


No toda al tiempo. 


No como la mente quiere hacerte creer. 


Pensar demasiado no me ayudó. 


No me dio soluciones. 


No hizo nada más fácil. 


Al contrario. 


Me desgastó antes de empezar. 


Pero actuar… 


Eso sí cambió todo. 


Mover una cosa. 


Resolver otra. 


Y luego otra. 


Y sin darme cuenta… todo estaba hecho. 


Tal vez la vida no es tan complicada como parece. 


Tal vez no es tan pesada como la sentimos. 


Tal vez… el verdadero problema es la historia que nos contamos antes de que las cosas pasen. 


Porque a veces… 


La ansiedad no viene de la realidad. 


Viene de lo que creemos que va a pasar.

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lunes, 20 de abril de 2026

La trampa mental que está arruinando tu vida en silencio



La trampa mental que está arruinando tu vida en silencio

Una de las cosas que más afecta nuestra vida, aunque casi nadie le presta atención, es la forma en la que pensamos.  


Sí, así de simple. No es lo que te pasa. Es lo que piensas sobre lo que te pasa.  


Y eso, aunque suene bonito, puede ser una bendición… o una condena.  


Mira, te voy a poner algo muy claro. Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación.  


A una la despiden. Pierde su ingreso. Se le desordena la vida.  


Pero uno se hunde… y el otro reacciona.  


Uno piensa: “No sirvo para nada” “¿Y ahora qué hago?” “Se me acabó la vida” 


Y efectivamente… se paraliza. No actúa. Se llena de miedo.  


Empieza a tomar malas decisiones o simplemente no toma ninguna.  


El otro piensa: “Bueno… esto duele, pero algo haré” “No es el fin, es un cambio” “Voy a ver qué opciones tengo”  


Y aunque también siente miedo… se mueve.  


La diferencia no es la situación. La diferencia es el pensamiento.  


Y aquí viene lo más fuerte de todo. La mayoría de las personas no controla sus pensamientos.  


Los pensamientos los controlan a ellos.  


Te levantas y ya estás pensando en problemas.  


Vas por la calle y tu mente está llena de preocupaciones.  


Te pasa algo malo y automáticamente tu cabeza empieza a crear el peor escenario posible.  


Sin pedirte permiso. Sin avisarte. Eso se llama pensamiento automático.  


Y es uno de los mayores enemigos del ser humano.  


Porque esos pensamientos generan emociones.  


Y esas emociones generan decisiones. Y esas decisiones crean tu vida.  


Es decir… Piensas mal → te sientes mal → actúas mal → obtienes malos resultados.  


Y luego dices: “Es que la vida es dura” No. La vida es como es.  


Pero tu mente… es la que decide cómo la enfrentas.  


Y aquí está el error más grande que cometemos todos. Creer todo lo que pensamos.  


Si tu mente dice: “No eres capaz” Tú le crees.  


Si tu mente dice: “Te va a ir mal” Tú le crees.  


Si tu mente dice: “No lo intentes” Tú obedeces.  


Pero… ¿quién dijo que tu mente siempre tiene la razón?  


Tu mente está programada.  


Por lo que viviste. Por lo que te dijeron. Por lo que viste crecer. Por tus miedos.  


No es una fuente absoluta de verdad.  


Es un archivo lleno de experiencias… muchas veces mal interpretadas.  


Entonces, ¿qué puedes hacer?  


Porque aquí no se trata de pensar bonito y ya.  


Se trata de tomar el control.  


Primero. Empieza a darte cuenta de lo que estás pensando. Así, tal cual. Sin adornos.  


Cuando te sientas mal, pregúntate: “¿Qué estoy pensando en este momento?”  


Segundo. Cuestiona ese pensamiento. ¿Es 100% cierto? ¿O es una exageración de tu mente?  


Tercero. Cámbialo por uno más útil. No uno fantasioso. Uno que te sirva.  


No es: “Soy el mejor del mundo”  


Es: “No sé cómo hacerlo todavía… pero puedo intentarlo”  


Y por último. Actúa. Porque de nada sirve pensar diferente si haces lo mismo de siempre.  


Mira, algo que he aprendido con el tiempo… Es que la mente puede ser tu peor enemigo… O tu mejor aliado.  


Pero eso no ocurre por accidente.  


Eso ocurre cuando decides dejar de ser un espectador… Y empiezas a tomar el control. 


Porque al final del día… No puedes controlar todo lo que te pasa.  


Pero sí puedes controlar lo que haces con lo que te pasa.  


Y eso… Lo cambia absolutamente todo. 🔥

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lunes, 17 de noviembre de 2025

Las palabras que no eran para mí



Las palabras que no eran para mí

Hace ya más de un año, tuve que enfrentar uno de los momentos más difíciles de mi vida: la partida de mi señor padre. 


Recuerdo que traté de actuar con “normalidad” pues tenía que viajar a acompar a mi madre y mis hermanos. 


Mientras iba a almorzar, trataba de entender lo que estaba pasando, un amigo se acercó, me dio el pésame y me dijo algo muy simple, pero lleno de verdad: 

“Si quieres llorar, no te lo guardes. Hazlo.” 


En ese momento, esas palabras fueron un permiso para sentir. 


Aunque yo no lloré pues los “machos” no lloramos. 


Porque, aunque la sociedad nos enseñe a “ser fuertes” o a “superar rápido” las pérdidas, la verdad es que el duelo no se supera... Se vive. 


Cada uno lo hace a su manera. 


Algunos comen más, otros callan, otros se inventan fantasías donde el ser querido aún está presente. Y está bien. 


No hay una forma correcta de sanar algo que te rompe el alma. 


Aunque tuve la impresión de que la psicóloga de los servicios funerarios intentaba decirme que uno debe aceptar y procesar el duelo rápidamente. 


Algo así como desapegarse rápidamente para que tu dolor no sea eterno. 


Al menos fue lo que le entendí y quizás la he malinterpretado. 


Aunque puede ser cierto, pues también he visto personas pegadas eternamente a un duelo de muchos años, décadas. 


Sin embargo, desde mi punto de vista, cada uno tiene su forma de procesar su duelo y es respetable. 


No podemos encasillar a alguien a procesar una pérdida de una forma que le haga sentir incómoda. 


Bueno, pasó una semana desde aquel día. Y ese mismo amigo que me consoló… murió en un accidente de tránsito. 


Tuve que ir a su casa y mirar a su madre a los ojos para decirle esas mismas palabras: 

“Si quieres llorar, no te lo guardes. Hazlo.” 


No te imaginas como lloré en ese momento y sentía que era ese amigo, llorando por su madre. 


Fue tanto mi llanto que la señora se compuso y me miró asombrada. 


Hasta noté que se le acabó su tristeza en ese momento. 


Y entonces entendí que, en realidad, esas palabras nunca fueron para mí. 


Fueron un mensaje que la vida me entregó a través de él, para que yo lo pasara a alguien más. 


El duelo me ha enseñado muchas cosas, pero, sobre todo, me enseñó que la vida va en serio. 


Recuerdo que hace años, cuando escuchaba que un amigo había perdido a un ser muy cercano yo pensaba que eso era lo más natural de esta vida. 


Finalmente, eso es parte de lo que venimos a hacer aquí, estar un ratito y luego chao. 


Que lo que hoy tienes, mañana puede no estar. 


Que los abrazos, los “te quiero”, los momentos simples… son los verdaderos tesoros que uno debe cuidar. 


Por eso, desde aquel entonces, trato de vivir con más pasión, con más amor, con menos miedo. 

Porque no sabemos cuándo será la última vez que veremos a alguien o incluso cuándo será nuestra propia despedida. 


Así que, si estás pasando por un duelo, no te apresures a “superarlo”. Vívelo. 


Permítete sentir, llorar, recordar y agradecer. 


No hay relojes en el alma. 


Y cuando llegue el momento, poco a poco, el dolor se transformará en amor… y en una nueva forma de entender la vida.

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lunes, 22 de septiembre de 2025

Por qué algunos nunca se preocupan por el dinero



Por qué algunos nunca se preocupan por el dinero

Todo el mundo quisiera tener el suficiente dinero para poder disfrutar de la vida. 


Sin embargo, no todo el mundo lo logra. 


Por lo menos se considera que el 50% de la población mundial tiene problemas de dinero. 


Esto nos hace pensar que existe algún truco y no tiene nada que ver con lo que deseamos. 


Pregúntate, que hace una persona que no tiene problemas de dinero que este fluya en su vida sin esfuerzo. 


Por ejemplo, yo tengo un amigo que, aunque no tiene un trabajo estable, tiene más dinero que el promedio de los habitantes de esta localidad. 


De hecho, hablando con él le dije que me llamaba mucho la atención su caso. 


Decía que el dinero era lo que menos le preocupaba de la vida. 


Pues de cierta forma, para él, es muy fácil tenerlo. 


Esto nos podría llevar a una conclusión y es que nuestras actitudes influyen en lo que la vida nos concede. 


Por ejemplo, el solo hecho de buscar dinero o hacer cosas para atraerlo significa que estás sub comunicándole al Universo que no lo tienes, y por lo tanto vas a seguir experimentando ese no tener. 


Piensa por un momento que ocurre cuando llega una factura de algún servicio que tengas que pagar. 


¿Cómo te sientes y en que parte de tu cuerpo sientes eso? 


¿Pensar en dinero te produce tensión o tal vez estrés? 


Bueno, si la respuesta ante esto es positiva, ya sabes por qué, a pesar de querer tener mucho dinero, se te da muy bien lo contrario. 


Y entiendo perfectamente que controlar esa sensación es muy difícil. 


Yo mismo la he experimentado. 


Entonces si nuestra actitud es de rigidez frente al dinero, y la gente que no sufre de esto siente todo lo contrario, lo más inteligente es copiarlos. 


Un buen ejercicio es imaginar, constantemente, que en tu cuanta bancaria o debajo de tu colchón tienes una X gran cantidad de dinero. 


¿Como sería tu actitud? 


¿Estarías tenso al momento de pagar tus cuentas? 


Yo creo que no. Por el contrario, las pagarías con gusto, pues tienes con qué. 


Sentirías agradecimiento por tu situación. 


Si logras replicar ese estado, ¿qué crees que le estaría sub comunicando al universo y qué crees que este te daría? 


¡Hasta respirarías más profundo! 


Respecto a esto, nosotros subestimamos mucho la respiración. 


¿Sabías que saber respirar tiene el beneficio de relajar mucho tu cuerpo? 


Cuando estás relajado sub comunicas que todo está bien. 


Y mágicamente la Vida te comienza a dar todas las cosas que necesitas para vivir en bienestar. 


Lamentablemente nosotros tenemos la creencia de que, si producimos lástima en Dios, el Universo o como prefieras llamarle, este automáticamente nos va a decir “que le pasa papito, venga le doy lo que quiere”. 


Te tengo una mala noticia, la Vida no funciona de esa manera. 


Si tú comunicas sufrimiento, sufrimiento vas a seguir experimentando. 


Si tú transmites confianza, amor, felicidad, eso es exactamente lo que la vida te va a seguir entregando. 


Mira, nadie sobra en el mundo. Absolutamente todos somos deseados y por eso estamos aquí contando el cuento. 


La Vida quiere favorecernos, pero no nos va a obligar. 


Y si tú estás todo el tiempo rígido, realmente estás rechazando ese favor y protección divinos. 


Ahora que ya conoces esto, tienes la decisión en tus manos ¿Qué vas a hacer?

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lunes, 8 de septiembre de 2025

Cuando el miedo se convierte en motor



Cuando el miedo se convierte en motor

El miedo es una de las emociones más básicas que nos ha acompañado siempre. 


Por ejemplo, gracias a este, estamos contando el cuento en la actualidad. 


El miedo ayudó a nuestros ancestros a sobrevivir a los peligros. 


He incluso, hoy en día también nos ayuda, pues si vamos por la calle y nos encontramos un callejón vacío y oscuro, no creo que vayas a seguir por ese sendero. 


A no ser que te guste el maltrato, pues no sabemos con qué animal o potencial ladrón nos encontremos. 


Así que el miedo nos dice con ese vacío en el estómago o ese mal presentimiento para que nos sirven las paticas y en este caso es para correr. 


Pero si comparamos los peligros que tenían que enfrentar nuestros ancestros a los que tenemos nosotros en la actualidad, concluiríamos que muchas veces esta emoción es absurda. 


Imagínate por ejemplo que nosotros le tenemos miedo hasta el amor. 


¿Le dices a las personas que amas, padres, hermanos, tíos, etc., que los amas, mirándolos a los ojos, sin miedo, de frente y por el centro? 


¿O se te hace muy difícil hacerlo? 


Intenta hacerlo y me cuentas como te sientes. 


Qué sentiste exactamente y en que parte de tu cuerpo. 


Sin embargo, ¿sabías que todo el tiempo no puedes sentir miedo? 


Y esto es porque el sistema nervioso simpático se activa. 


Se aumenta el ritmo cardiaco, la respiración y nuestros músculos se ponen tensos. 


Nuestro cuerpo libera hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol. 


En este “estado” de alerta máxima se consume mucha energía. 


Así pues, si esta emoción durara por mucho tiempo, nuestro cuerpo se agotaría, se dañarían tejidos y muy seguramente colapsaríamos. 


La buena noticia es que después de un rato, cuando sentimos que no podemos protegernos del miedo, el sistema nervioso activa otra emoción. 


Es lo que conocemos como la rabia o ira y esto moviliza nuestra energía para enfrentar, atacar o poner límites. 


Hace muchos años conocí el caso de una señorita que estaba demasiado presionada en su trabajo. 


Ella decía que sentía como intentaban hacerle la vida imposible. 


Bueno, llegó el momento en que los mandó a todos a recoger café. 


No le importó que iba a pasar con su vida, sino que simplemente dijo hasta aquí, presentó su renuncia inmediata, y veremos que hacemos después. 


Eso es en lo que termina el miedo, a movernos a tomar acción. 


Es por eso por lo que a nivel de neuroquímica el miedo y la rabia están conectado por la amígdala y el hipotálamo. 


Ambos liberan adrenalina y cortisol. 


La diferencia es que en el caso del miedo la energía se dirige a retraerse o protegerse. 


En el caso de la rabia se redirige a expandirse o enfrentar. 


Ambos son mecanismos de supervivencia. 


O huimos o enfrentamos. Pero que salimos de esa, salimos. 


Ahora viene lo interesante y es ¿qué pasaría si usamos estos mecanismos para nuestro beneficio? 


Porque actualmente nosotros sentimos miedo hasta para tener éxito. 


Por ejemplo, si tienes una idea en tu mente que puede llegar a convertirte en una persona rica, es muy probable que tengas pensamientos de miedo. 


Aquí es cuando vienen los “y si”. 


Y si fracaso, y si no funciona, y si tengo éxito y me secuestran o tengo que pagar dinero al fisco, y bla bla. 


Desafortunadamente este tipo de “y sis” nos impiden avanzar en la vida, pues cuantos proyectos o ideas hemos dejado de construir simplemente por estos miedos. 


En realidad, esos miedos provienen de las creencias fundamentales en tu infancia tales como los ricos son malos, los ricos tienen mala salud. 


El amor no es para mí, cuando estaba niño me enfermaba mucho y bla bla. 


Todo esto tipo de tonterías son las que se disfrazan en la actualidad como los “y si”. 


¿Bueno “y si” usamos la rabia para lanzarnos y desarrollar esos proyectos? 


Eso sí, con precaución, pues no se trata de poner “toda la carne en el asador”. 


Hay que tener valiente, no estúpido. 


En mi caso, hace poco realicé algo que en verdad le estaba sacando el cuerpo, pero por miedo. 


No tuve los resultados ideales inicialmente, pero lo bueno fue que no me lancé con uñas y dientes a cometer errores. 


Sin embargo, perdí el miedo al fracaso en eso y ahora me siento más confiado y sé que puedo ir ganando terreno en mis proyectos.

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lunes, 16 de junio de 2025

Manipulación, emociones y dinero: El lenguaje que te manipula y no percibes



Manipulación, emociones y dinero: El lenguaje que te manipula y no percibes

Una de las herramientas más importantes y asombrosas que tiene el ser humano es la capacidad de hablar. 


Este nos permite poder comunicar nuestras ideas y unirlas a las de otros para construir cosas. 


De hecho, eso es lo que nos ha permitido llegar hasta este punto en la historia. 


Anteriormente se veían muchos inventos que provenían de una sola persona. 


Hoy en día los grandes avances los hemos logrado gracias al lenguaje. 


Sin embargo, esto no es lo único que nos permite el lenguaje. 


Con este también podemos manipular a otros. 


Por ejemplo, cuando una persona se hace la indefensa para que la protejan y/o cuiden de ella. 


Mediante su lenguaje puede expresar esa sensación de “pobrecito” para que le ayudemos. 


La mendicidad funciona mediante esta manipulación. 


Y tú muchas veces sales corriendo a regalar tu dinero a personas que se burlan a tus espaldas por tus “buenas” acciones. 


Otra forma muy común de manipulación es el enojo. 


¿Cuántas veces no hemos visto personas que mantienen expresando su enojo porque se dan cuenta que esto les funciona para que los demás hagan su voluntad? 


En la milicia se suele ver mucho esto. 


Por eso es por lo que no permiten el ingreso a personas mayores, ya que los jóvenes son muy maleables ante esto. 


Pero existe una parte muy importante del lenguaje que pocos hablas y la mayoría desconocen. 


Siempre se nos ha enseñado que la comunicación es externa. 


Con esto quiero decir que se usa con otros solamente. 


Pero esto no es cierto, pues la comunicación intrapersonal, la que sostenemos con nosotros mismos, es más poderosa de lo que piensas. 


Y esto es porque se trata de lo que te dices a ti mismo, constantemente, y por muchos años. 


Esto es lo que determina la calidad de tu salud, como te relacionas con los demás y por supuesto cuanta cantidad de dinero tienes en este momento a tu disposición. 


Para que puedas entenderme un poco mejor, intenta ser consciente de que estás sintiendo en este momento. 


Sientes frio, temor, malestar, rabia, felicidad, tristeza, ¿o exactamente qué? 


Pues todas esas emociones, ya sean positivas o negativas provienen de tu dialogo interno. 


Digamos que tenías que pagar la factura del Internet y lo olvidaste. 


Te cortaron el servicio y en ese momento, ¿qué te dices a ti mismo? 


En general, te llenas de rabia y te repites palabras como “que tonto”, “dormido”, “estúpido”. 


Y todas esas cositas bonitas que decimos cuando nos enojamos por un error que cometimos. 


O te dices: “ánimo triunfador, que esto fue solo una pequeña falla y ya vamos a solucionarlo”. 


La verdad muy poquita gente en este planeta se dicen ese tipo de cosas positivas. 


¿Vas comprendiendo la importancia de la comunicación intrapersonal? 


Y tal vez en este momento me digas: “bueno Gabrielito lindo, soy muy mayor y llevo años teniendo estás lindas conversaciones conmigo, ¿se puede hacer algo?”. 


La respuesta a esto es un SI enorme. 


Simplemente es comenzar a analizar tus sentimientos cuando ocurren eventos en tu vida. 


Si te sientes mal, ¿adivina que te estás diciendo a ti mismo? 


Comienza a prestar atención a tus sentimientos pues estos contienen más información sobre ti de lo que piensas. 


Es solo cuestión de practicar esto durante un tiempo para que te vuelvas experto en cambiar tu dialogo interior a tu antojo.

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lunes, 2 de junio de 2025

Lo que no pensamos, lo que no dijimos, lo que no hicimos



Lo que no pensamos, lo que no dijimos, lo que no hicimos

Una de las cosas que más atormenta al ser humano es el pasado. 


Por ejemplo, muchas veces nos quejamos de las cosas que pudimos hacer y no hicimos. 


En mi caso, hace ya varios años vi a una pareja discutir frente a una estación de policía para ver quien se quedaría con su pequeña hija. 


Ese día me limité a verlos discutir, pero en mi interior algo me decía que debía hablar con ellos y hacerles ver que la única perjudicada de esa situación era su hijita. 


Pero ya sabes, me dejé llevar del miedo que me trataran de metido, o hasta ganarme un insulto por “colaborambon”. 


Así que más bien me quedé calladito, porque así me veía más bonito y no hice nada. 


Aunque por mucho tiempo esto me atormentaba, pues quien sabe si mi acción le hubiera cambiado el destino a esa pequeñita. 


Otro caso muy común de este tipo es el pasado que tuvimos con nuestros padres. 


Hace pocos días visite en su casa a un buen amigo. 


Y resultó hablando de sus padres de una forma muy despectiva. 


Este amigo, ya hace mucho rato me había comentado su infancia y no había sido para nada agradable. 


Desde muy niño le tocó hacerse cargo de sí mismo por el abandono de sus padres. 


Y no puedo salir en defensa de quien ha hecho daño a otros y sobre todo a un niño, pero pregúntate, ¿de qué sirve ese resentimiento en la actualidad si esas personas ya no están vivas? 


Mira, por muchos años yo llegué a sentirme mal por el holocausto realizado durante la segunda guerra mundial. 


Una cosa que pasó cuando ni siquiera yo había nacido. 


Y entiendo que esto es parte de la empatía humana, pero ¿de qué sirve lamentarnos por cosas que pudimos pensar y no pensamos? 


¿Por cosas que pudimos decir y no dijimos? 


¿O por cosas que pudimos hacer y no hicimos? 


Pero eso existe ese dicho popular que reza: “de nada sirve llorar sobre la leche derramada”. 


Y tal vez en este momento me digas: “Gabrielito lindo, en teoría sabemos que no podemos hacer nada por el pasado, pero ¿cómo podemos entonces dejarnos de sentir mal por ello?”. 


Bueno, esto es muy simple. Si observas, las emociones dependen mucho de lo que tienes en tu mente. 


Si alguna vez has discutido con algún desconocido, habrás notado que, durante todo ese día o parte del siguiente, te sientes mal por ello. 


Sobre todo, cuando vienen a tu mente nuevas respuestas que pudiste haberle dicho a esa persona y no se te ocurrieron en el momento. 


¿Notas que estás recreando en tu mente la situación y vienen de nuevo esas emociones del momento? 


Hasta sientes rabia y tu cabeza se pone caliente, a pesar de que esa persona ya no está frente a ti. 


Bueno, para dejar de sentirte mal por cosas del pasado es simplemente quitar tu enfoque de esa información. 


Mas bien enfócate en lo que aprendiste de esa situación. 


Digamos que, en mi caso, con la pequeña cuyos padres discutían por su custodia, aprendí a no quedarme callado cuando mi interior me dice que debo actuar. 


Mira, nosotros no podemos perder tanto tiempo de nuestra vida, lamiéndonos las heridas del pasado. 


Ya está, no se puede hacer nada y hay que seguir adelante. 


Esta vida es muy cortita y hermosa como para dedicarla a algo que no sea disfrutarla.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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