Vivimos en una época donde comparar nuestra vida con la de los demás se ha vuelto casi automático.
Basta con abrir una red social para encontrar personas viajando, sonriendo, alcanzando metas, comprando una casa, iniciando un negocio o compartiendo el "momento perfecto".
Sin darnos cuenta, comenzamos a preguntarnos: "¿Por qué mi vida no se ve así?"
El problema no es admirar los logros de otros.
El problema aparece cuando usamos esas publicaciones como una medida para evaluar nuestro propio valor.
Las redes sociales no muestran la vida completa de las personas; muestran una selección de los mejores momentos.
Vemos el ascenso, pero no los años de esfuerzo.
Vemos el cuerpo saludable, pero no las horas de entrenamiento.
Vemos la pareja feliz, pero no las discusiones que nunca se publican.
Vemos el éxito, pero casi nunca los fracasos que lo hicieron posible.
Es como intentar conocer un libro leyendo únicamente sus últimas páginas.
Cuando olvidamos esto, empezamos a creer que los demás viven mejor, son más felices o tienen menos problemas que nosotros.
Esa percepción, aunque parezca real, está profundamente distorsionada.
Cada vez que comparas tu proceso con el resultado de otra persona, estás jugando una carrera que nunca podrás ganar.
Siempre habrá alguien con más dinero. Siempre habrá alguien con más experiencia.
Siempre habrá alguien con más seguidores. Siempre habrá alguien que parece más exitoso.
Si tu bienestar depende de superar a todos los demás, nunca encontrarás tranquilidad.
La comparación constante roba algo mucho más valioso que la felicidad: roba la capacidad de reconocer tus propios avances.
Imagina dos corredores. Uno participa en una maratón. El otro corre cien metros planos.
¿Tendría sentido compararlos? Probablemente no.
Sin embargo, eso hacemos todos los días.
Nos comparamos con personas que tienen historias diferentes, oportunidades distintas, edades distintas, responsabilidades distintas e incluso objetivos completamente diferentes.
No conocemos el punto de partida de los demás, pero juzgamos el nuestro como si todos hubiéramos comenzado desde el mismo lugar.
Detrás de una fotografía perfecta pueden existir ansiedad, estrés, soledad, problemas familiares, deudas, miedo al fracaso o un profundo cansancio emocional.
Las redes sociales no mienten necesariamente, pero muestran solo una parte de la realidad.
Y cuando comparas tu vida completa con los mejores segundos de otra persona, la comparación siempre será injusta.
Existe una comparación que sí puede ayudarte a crecer.
No es con tus amigos. No es con tus compañeros de trabajo.
No es con los influencers. Es contigo mismo.
Pregúntate: ¿Soy una mejor persona que hace un año?
¿He aprendido algo nuevo? ¿Manejo mejor mis emociones?
¿He superado dificultades que antes me parecían imposibles?
¿Estoy avanzando hacia la vida que realmente quiero?
Esas preguntas generan crecimiento. Las demás, muchas veces, solo generan frustración.
Si notas que las redes sociales afectan tu autoestima, prueba pequeños cambios.
Limita el tiempo que pasas comparándote con otras personas.
Sigue cuentas que te inspiren en lugar de hacerte sentir insuficiente.
Recuerda que nadie publica todos sus problemas.
Dedica más tiempo a construir tu propia historia que a observar la de los demás.
Celebra tus avances, aunque parezcan pequeños.
El progreso no siempre es visible, pero sigue siendo progreso.
La vida no es una competencia contra los demás.
Es un proceso de crecimiento personal.
Cada persona tiene su propio ritmo, sus propios desafíos y su propio camino.
La verdadera meta no es llegar antes que otros, sino convertirte, poco a poco, en una mejor versión de ti mismo.
Porque la carrera más importante no ocurre en las redes sociales.
Una de las cosas que más nos afecta, aunque no lo notemos, es el entorno en el que vivimos.
Las personas con las que compartimos el día a día terminan influyendo en lo que pensamos, en lo que creemos posible y hasta en nuestro nivel de ambición.
Y no porque seamos débiles, sino porque así funciona la mente humana: se adapta al grupo para sobrevivir.
Por eso siempre me acuerdo de una amiga de la universidad.
Ella tenía un sueño grande, pero cometió un error muy común: se rodeó del grupo equivocado.
En vez de juntarse con quienes avanzaban, decidió quedarse con los que todos llamaban “los fracasados”.
Y lo hizo por una razón que en su momento sonaba noble: “Cuando alguno de ellos triunfe, les vamos a callar la boca a todos esos que se creen mejores”.
Ella esperaba verlos cambiar.
Pero mientras esperaba… fue ella la que cambió. Para abajo.
Empezó a perder el interés por las clases, se atrasaba en todo, se conformaba con menos.
Al final el entorno le ganó, porque cuando te rodeas de personas sin dirección, lo normal es que tú también pierdas la tuya.
El día que no pasó un examen y ni siquiera le dolió, entendió que estaba tocando fondo.
Y ese mismo día tomó la decisión que le salvó la carrera: alejarse.
Empezó a juntarse con gente enfocada, disciplinada, ambiciosa.
Y fue como si se encendiera de nuevo. No porque ellos fueran mágicos, sino porque ese ambiente la empujaba hacia arriba.
La verdad es simple: tu vida cambia cuando cambias de entorno.
No se trata de creerte más que otros, sino de cuidar tu mente.
De estar donde puedas crecer y no donde te apaguen.
Tú eres valioso y tienes un potencial enorme, pero necesitas estar cerca de personas que alimenten ese potencial, no que lo drenen.
Así que no permitas que el entorno decida por ti.
Rodéate de quienes te eleven.
Aléjate de quienes te hundan.
Y si a alguien le molesta, justamente por eso debías alejarte.
La vida es tuya. El entorno lo eliges tú. Y ahí comienza todo.
Desde hace muchos, pero muchos años, conozco un par de amigos que en su juventud tenían grandes aspiraciones para sus vidas.
Recuerdo que mientras yo me encontraba terminando el colegio, ellos ya estaban cursando sus primeros semestres en la universidad.
A los dos les dio por carreras administrativas, pues si mal no recuerdo, en aquellos tiempos cuando éramos tan inocentes, estas eran carreras bien remuneradas.
Lamentablemente a veces la vida no se desarrolla como uno la planea, sino que toma otros rumbos que no necesariamente son de nuestro gusto.
Aproximadamente 30 años después de esos tiempos “inocentes”, ellos aún se desempeñan en los trabajos que tenían.
Y con esto no te estoy diciendo que estén mal o que su economía es un desastre y bla bla.
Pero si ocurre que en sus caras se refleja la infelicidad y amargura de no haber cumplido las metas que se propusieron en su juventud.
Y esta sensación es muy coherente.
Quien no se va a sentir frustrado de haber iniciado con toda esa ilusión un plan de vida para que este termine solo en recuerdos de lo que pudo ser y nunca fue.
Y aquí podemos pensar que la vida no es justa, que unos nacieron con estrella y bla bla.
Si quieres encontrar el culpable de que las cosas no te hayan salido bien, lo vas a encontrar frente al espejo.
El problema es que reconocer esto es muy doloroso.
No es nada fácil decir: “es que fracasé por negligencia”.
Tristemente los seres humanos cuando queremos algo, pensamos que solo basta con quererlo.
Para lograr algo uno debe conseguir una alineación entre las intenciones, deseos del corazón y las acciones.
Si todo esto apunta hacia el mismo lado, pues allí vas a obtener lo que deseas.
La mayoría nos hemos quedado a que baje el angelito de traje, con la maletita y el millón de dólares a solucionarnos la vida.
Recuerda que ese angelito no eres más que tú mismo.
Mira, puedes ser el más lindo, el más inteligente, pero nadie te va a dar nada o regalar nada, así de pura alegría.
Aunque hay excepciones, yo mismo he dado y he recibido cosas sin pedir o que me pidan algo a cambio.
Pero eso han sido contadas veces.
Si uno realmente quiere algo tiene que moverse hacia eso.
Y atención, con esto no te estoy diciendo que con solo moverse también las cosas se van a dar mágicamente en todos los casos.
Hay que tener en cuenta que el mundo no es un lugar lleno de ositos cariñositos.
Te vas a encontrar en múltiples ocasiones con mucha resistencia.
Y es allí donde hay que ser terco y persistir en lo que te has propuesto.
Es por eso que la gran mayoría de personas procrastinan sus objetivos.
Dicen que “después” hacen esto o aquello.
Así pasa un día, una semana, un año, diez años, y cuando menos piensan se pasó la vida y no hicieron nada.
Bueno sí. Al final se puede hacer algo y es lamentarse por lo que no hizo.
Mira hoy que estoy grabando este vídeo es 19 de enero.
¿Recuerdas las promesas que hiciste para fin de año de comenzar a darlo todo en este periodo?
Ya casi termina este primer mes y ¿te has preguntado como pinta tu nuevo año?
¿Será otro año más de lo mismo?
Conozco un amigo que se propone algo y a la semana ya lo está haciendo y logrando.
Pero también conozco otro que, aunque las cosas no siempre le salen rápido, su estrategia principal es tener múltiples proyectos.
Finalmente dice que alguno de esos le tiene que funcionar.
Desde mi punto de vista, yo creo que uno tiene que conectar la intención, deseo y acción junto con el “angelito trajeado”.
Con esto quiero decir que uno debe hacer su trabajo, pero encomendárselo al poder superior.
Ya sea que lo llames Vida, Dios, Universo, Yisus, Chuchito, etc.
Recuerda que siempre vas a vivir una mejor vida, si sientes que algo o alguien superior a ti te está apoyando en lo que haces.
Todos hemos escuchado la palabra autoestima y se podría decir que, aunque no conozcamos su significado exacto, intuitivamente lo desciframos.
Pero de manera formal, la autoestima es la valoración y percepción que tenemos de nosotros mismos.
La baja autoestima puede influir significativamente en la depresión.
Pues esta puede contribuir a su desarrollo y mantenimiento.
La autocritica, pensamientos negativos y la falta de valía, nos pueden llevar al aislamiento social.
En teoría, como se trata de nuestra propia imagen, deberíamos de pensar bien de nosotros mismos y de lo que hacemos.
Tristemente esto no ocurre por nuestros condicionamientos sociales aprendidos desde la infancia.
Aprendimos a “ganarnos” la aprobación de papá y mamá, haciendo caso.
Y cuando los desobedecíamos, recibíamos un castigo o quizás la indiferencia de ellos.
Como definió perfectamente la doctora Louise Hay, los padres son los dioses de nuestro universo.
¿Y quién quiere hacer enojar a unos personajes tan importantes en nuestra vida?
Así pues, esto nos condicionó para ser “niños” buenos y obedientes en la actualidad.
Y es por eso que la opinión externa nos puede subir o bajar dicha autoestima.
Para serte honesto, en mi caso por mi tendencia perversa, no suelo ser muy obediente que digamos.
Así que te imaginarás como disfruto el disgusto o incomodidad de una persona al llevarle la contraria.
Y aunque mejorar nuestra autoestima puede requerir tiempo y esfuerzo, existen algunas cosas que están al alcance de tu mano.
Cosas tan simples que damos por sentadas como por ejemplos el autocuidado.
Es algo que haces todos los días, pero pregúntate si comes saludablemente y duermes lo suficiente.
¿Haces deporte y practicas actividades que disfrutas?
¿O sigues haciendo actividades para complacer a otros?
Digamos que tienes un grupo de amiguitos y ellos son amantes de las caminatas.
Te gusta la compañía de ellos, pero la verdad no disfrutas de caminar.
Finalmente, a ti te gusta la acción y prefieres participar en maratones.
En ese caso, tienes que sincerarte contigo mismo, pues si estás haciendo cosas que no disfrutas, esto no te va a ayudar mucho en aumentar tu autoestima.
Pues sentirás que estás siendo un niño bueno en contra de tu voluntad, con tal de complacer a papá y mamá que, en este caso, estarían siendo representados por tus amiguitos.
Otra cosa que tienes a la mano para este propósito es reconocer tus habilidades y sobre todo recordar los logros pasados.
Intenta mantener en tu mente ese día que por ejemplo jugaste y gracias a ese gol que hiciste antes de acabar el partido, te trajo el reconocimiento de todos.
Si recuerdas un logro pasado, o algo que te hizo feliz, vas a notar que tus emociones casi que serán las mismas de ese momento.
Y eso te traerá de nuevo esa energía, que te hará sentir como un ganador.
Por eso mantén ese tipo de recuerdos en tu mente, en vez de las pocas veces que la cagaste.
También te ayudará mantener metas realistas.
Por ejemplo, si quieres iniciar un negocio, es buena idea que te proyectes a tener sucursales y cosas así.
Pero no vayas de inmediato por eso si ni siquiera el negocio va solo y aun tienes que estar pendiente de él.
Mas bien piensa en pasar de 1 cliente fijo a 2 y esa meta que es más realista que el propósito global.
Esto te dará la satisfacción de cumplimiento y que las cosas van bien.
Por eso debes evitar a toda costa, en cualquier área de tu vida la comparación social.
No hagas eso, pues cada uno tiene su propio ritmo.
Hay gente que arranca con toda y en apariencia van adelantados, pero te aseguro que con el tiempo se cansan y en algún momento tú pasarás por su lado, disfrutando tu proceso.
Lo siguiente que puedes hacer es cuidar tu dialogo interno, es decir las palabras que te dices a ti mismo.
Si cometes un error, no te puedes decir: “que pendejo”, “mucha gueva”, etc.
Y por el amor de todos los dioses del Olimpo, rodéate solo de personas positivas.
Hay gente que no sabe o no le ocupa saber sobre estos temas.
Y verte feliz y en camino al progreso les va a arder.
Así que no esperes que las personas negativas te vayan a dar ánimos para aumentar tu autoestima.
Por el contrario, ellos, al no tenerla alta, van a intentar bajártela como sea.
Que te tocó seguir por el camino solo, aprende a aceptarte como eres.
Finalmente, todos cometemos errores y lo importante es aprender de ellos.
Y por último no olvides practicar la gratitud.
Agradece por todo y tu vida será una bendición.
A nivel personal, yo aprendí de una persona especial, un ejercicio muy poderoso y simple que te aseguro si realizas, va a cambiar tu vida, casi que mágicamente.
Es solamente levantar tus brazos y cabeza hacia el cielo y decir gracias.
Si quieres puedes visualizar a Dios, al Universo, o al santo de tu devoción y decirle gracias.
Y si lo haces constantemente tu actitud y energía van a cambiar de forma significativa.
¿Recuerdas el tema pasado que vimos sobre las actitudes influyen en cómo la gente nos trata?
Pues exactamente la Vida nos va a tratar de acuerdo a nuestra actitud.
Hace algunos días, me encontraba pensando en cual iba a ser mi próxima maldad.
Casualmente la empresa Microsoft decidió dar vía libre a su inteligencia artificial, conocida como el chat Bing.
Y como hace días venia probando la primera de estas inteligencias, llamada chat GPT, se vino a mi inocente cabeza, ponerlas a discutir entre ellas.
Así pues, lo primero que hice fue expresarle a una de ellas que la contraparte hablaba maravillas de ella y de su desempeño.
La respuesta de gratitud que recibí se la copié de inmediato a la otra.
Esta también respondió con mucha admiración y respeto.
Y después de toda esa lambonería que se dijeron entre ellas, le dije a una que la otra estaba hablando pestes de ella y que no servía para nada y bla bla.
Y me dejó, como decimos en mi país, “mamando”, pues para nada se “enojó” y solo respondía que lamentaba esa opinión.
Lo mismo intenté hacer con la segunda y exactamente, casi que, de manera estoica, respondió lo mismo.
Hay que tener en cuenta que este tipo de "reacciones” han sido previamente programado por sus autores con el fin de no perder el tiempo en polémicas.
En general, las IA no tienen emociones y no están diseñadas para tener un ego que las haga sentir ineficientes o no valiosas.
Por lo tanto, es poco probable que una IA responda emocionalmente ante un comentario negativo.
En cambio, es más probable que simplemente ignore el comentario o lo procese como una entrada de datos más y continúe con su tarea asignada.
Pero ve y haz lo mismo con 2 humanos y verás la guerra termonuclear global que se arma.
De esta “maldad” o pequeño experimento, se podría concluir que la diferencia entre nosotros y las IA o Inteligencias Artificiales es que ellas no poseen un ego.
Esa estructura que impulsa a avanzar, pero que a su vez se defiende ante la amenaza o critica de sus creencias.
Y aunque el ego no es la única cosa que interviene en nuestros conflictos, se puede decir que es mayormente responsable, pues nuestro ego JAMÁS se equivoca.
Nuestro ego tiene la capacidad de manipular nuestras emociones para cumplir su objetivo de siempre seguir para demostrar la verdad.
Por eso es tan importante aprender a controlar nuestras emociones y no reaccionar, sino más bien interactuar de forma estoica.
Por ejemplo, ¿cómo es tu reacción cuando llega alguien diciéndote que otra persona habló mal de ti y piensa que vives mal?
Sin ser adivino puedo apostar que tu reacción no va a ser impasible.
Y tal vez en este punto me preguntes: “pero Gabrielito lindo, ¿entonces debo agacharle la cabeza u otro que está mal hablando de mí?”.
Mira, entiendo perfectamente como te sientes y no se trata de voltear la mejilla para que otro se divierta dándote otra bofetada.
Pero eso es exactamente lo que haría alguien que no controla sus emociones.
En definitiva, tú no estás seguro si eso lo dijo un tercero de ti o es el que te trajo el chisme que los quiere ver pelear.
Hace muchos años cuando yo estaba joven (más de lo que estoy ahora), le escuché a mi señor padre, la respuesta correcta ante una situación como esta.
Él decía que la mejor forma de responder era diciendo: “ve que raro, si yo pienso que esa persona es genial y es muy educada”.
Esto si es una respuesta inteligente y estoica.
En caso de que aquel que te trae el chisme los quisiera ver pelear, de inmediato se desanimaría.
Y si la otra persona realmente dijo eso de ti, el chismoso le dirá que tú hablas maravillas de él.
Te puedo asegurar que te ganarás el respeto de esa persona que quería iniciar una enemistad contigo.
Y como dice mi señor padre “Con eso se rompe la cadena del chisme y la envidia malsana”.
De entre todas las emociones que los seres humanos experimentamos, no existe algo tan mortificante y enfermizo como la envidia.
Esto literalmente puede matar a una persona debido a las altas dosis de cortisol que genera en el cuerpo.
Y como la medicina moderna nos ha dado a conocer, el cortisol es la hormona del estrés que puede llegar a afectar el sistema inmunológico.
Y no solo eso; también afectar tanto nuestro metabolismo y elevar los niveles de azúcar en sangre y reducir la sensibilidad a la insulina.
Afectar la frecuencia cardiaca y la presión arterial, llevando a enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares.
Y ni que decir de las afectaciones en el sueño y los cambios en el aumento de peso y pérdida de masa muscular.
Y tal vez me digas en este momento: “Gabrielito lindo, tampoco exageres. Nadie se muere de envidia y si se siente es por poco tiempo”.
Déjame decirte que de los sentimientos más persistentes que existen, a la envidia no le gana nadie.
Porque a parte del cortisol, también tiene la capacidad de generar dopamina y oxitocina.
Y estas son hormonas encargadas del placer y la felicidad.
Así pues, no es tan fácil que tu cerebro sintiendo algo de “bienestar” vaya a soltarlo tan pronto.
Es por eso que, en uno de los textos sagrados más conocidos acá en occidente, se puede leer que “la envidia corroe los huesos”.
Un caso muy curioso que pude observar actualmente y que se viene gestando desde hace muchos años es el sentimiento que genera el fútbol.
Uno podría pensar que es normal que en el fútbol exista la rivalidad entre los equipos mientras están en la cancha.
Pero luego de eso vuelven a ser amiguitos pues son personas profesionales que viven de esto para sostener a sus familias.
Pero el caso que ocurre con la selección de la Argentina es bastante interesante.
Y con estos ojitos que tantas cositas bonitas han visto, he observado como la gente sufre porque ganan algo.
Incluso desde los años 80 cuando comencé a observar este deporte.
Por ejemplo, para el partido final, ese día tenía puesta mi camiseta de Argentina.
Y el partido terminó tipo 1 pm en mi localidad.
Después de eso salí a almorzar a un restaurante y cuando ingresé note que 2 personas que estaban hablando se quedaron callados al verme con mi camiseta.
La señorita que me atendió me dijo que antes de que yo llegara, estaban hablando pestes del equipo argentino.
A mí me dio risa y le dije “con razón se quedaron calladitos apenas entré”.
Después de que salí de ese lugar, fui al parqueadero y en ese momento estaba un joven en una motocicleta dejando a una persona.
Y noté que me miraba con cara amarga.
Y como tengo la capacidad de detectar las emociones de las personas con simplemente observarlos, pude notar como este personaje estaba muerto de envidia por dentro.
Supongo que no se atrevió a decirme nada pues soy un tipo de grandes dimensiones y a lo mejor se intimidó.
Días después, la madre de mi hija me comentó que a pesar de que ese mundial había terminado, en la localidad donde vive, aun había gente peleando por ese tema.
Imagínate, discutiendo y hasta agrediéndose por un equipo de fútbol que ni siquiera era de su país.
Y hasta aquí no llega la cosa.
Hace aproximadamente una semana se entregaron unos premios de parte de la organización mundial de este deporte a los mejores.
Y para más dolor se lo ganan los argentinos.
Y veo con asombro como periodistas deportivos, que se supone profesionales e imparciales, ahora arden y minimizan los logros alcanzados por estos deportistas.
Mejor dicho, esa gente va a terminar con cáncer de tanto odio y resentimiento por que otra nación que no esperaban ganara.
Y esto no es normal.
Es un sentimiento de envidia bastante exagerado, yo diría que enfermizo.
Pues por lo general la envidia al ser un sentimiento negativo, nos suele dar vergüenza y al menos lo disimulamos un poco.
Pero estos periodistas deportivos, de frente y por el centro, le desean el mal y minimizan los logros de los argentinos.
Y esto hace que nos preguntemos, ¿a qué se debe tanto rencor por alguien que en apariencia no te ha hecho nada?
La respuesta a esto se encuentra en un sentimiento primario como la escasez.
Mira, cuando tú envidias a una persona es porque te sientes inferior a ella.
Y si te sientes inferior, es porque consideras que ella tiene algo que tú NUNCA podrás tener.
Eso se llama carencia pues crees que para ti no resulta y por lo tanto tu modo de defensa ante esa “injusticia” de la vida es minimizar o menospreciar a esa persona.
Esto con el fin de que la “ventaja” que piensas que tiene sobre ti, no sea tan grande.
Es precisamente ese sentimiento de carencia el que tiene sumida a la humanidad en la inferioridad.
Y añádele la ignorancia que tiene la persona sobre este tema.
Y si tenemos gente “dándonos pedal” diciendo que ellos son los malos y nosotros los buenos y que nos están quitando algo, ya te imaginarás los resultados.
A nivel personal yo sí que sufrí de esto casi toda mi vida.
Cuando me sentía en inferioridad al ver que una persona podía hacer algo y yo no, de inmediato trataba de minimizar sus logros.
Y cuando por fin entendí lo que pasaba y que el problema era mi sentimiento de carencia, fue cuando las cosas comenzaron a cambiar para mí.
Fue entonces que al aceptar que me sentía inferior a otro, pude ver las cosas buenas que tenía a mi favor.
Y al darme cuenta de que yo también era maravilloso, comencé a trabajar en aquello que me faltaba.
Mira, a ti no te pusieron aquí para estarte comparando con otros.
Cada uno tiene sus habilidades y desventajas.
Pero si sigues mirando lo que otros tienen, nunca vas a conocer el propósito de tu vida.
Yo creo que todos nos hemos arrepentido de cosas que hicimos en el pasado.
Incluso pienso que también nos hemos llegado a arrepentir de cosas que no hicimos por miedo o por pena.
Muchas veces nosotros mismos nos atormentamos con pensamientos tales como “y si hubiera hecho esto, ¿qué habría pasado?” o “mejor le hubiera dicho esto”.
En mi caso yo he perdido demasiado tiempo de mi vida autoflagelándome con este tipo de pensamientos en mi cabeza.
Y esto literalmente es una pérdida de tiempo, pues ninguno de nosotros puede hacer absolutamente nada por su pasado.
Hasta ahora no tenemos la máquina del tiempo como para corregir nuestros errores.
De hecho, en los medios sociales llevé a ver en cierta oportunidad una pregunta bastante interesante sobre este tema.
Mas o menos la pregunta era si preferías tener en este momento cientos de millones de dólares o prefieres regresar al pasado con la información que posees en la actualidad.
Lo curioso de este “ejercicio” era que la mayoría de personas que opinaban en los comentarios preferían la opción de viajar al pasado con sus conocimientos actuales.
No me puse a calcular el porcentaje de personas participantes, pero aproximadamente podríamos decir que solo un 2% de los participantes preferían ser ricos en la actualidad.
Esto refleja que la mayoría de nosotros vivimos con arrepentimientos.
¿Pero sabías que el conocimiento que tienes actualmente ha sido posibles gracias a esos “errores” que cometiste en el pasado o las cosas que dejaste de hacer?
Digamos que fuiste de “colaborambon” a prestarle dinero a una persona que tenía una URGENCIA.
Y si el paciente jamás te pagó, existen altas probabilidades que en la siguiente oportunidad que venga alguien a pedirte el mismo favor le digas “paso”.
O al menos le prestes el dinero sobre un artículo de valor importante para la persona como prenda de garantía.
Esa pérdida que tuviste te va a causar tanto arrepentimiento que es muy probable que en la actualidad tú mismo te flageles diciéndote “que mirás bobo, anda pasha”.
Pero sin ese “error”, o más bien experiencia, te aseguro que estarías participando de nuevo en una donación no voluntaria de dinero.
Y quizás en este punto me estés preguntando: “Gabrielito lindo, entiendo que el pasado me sirve para aprender, pero y si no estoy contento con la vida que tengo actualmente, ¿qué puedo hacer?”.
Para fortuna de nosotros, todos podemos cambiar nuestro estilo de vida.
El problema es que esto requiere tiempo, constancia y paciencia.
Cosa que, en la actualidad, como queremos todo de forma instantánea, se nos hará más difícil.
Digamos que quieres ser una persona amada por los demás.
Si has sido bien antipático con la gente que te rodea, es muy poco probable que amanezcan adorándote.
Hay que comenzar dado cada paso, todos los días, para cambiar eso.
Hay que ser amable y realizar pequeñas cosas por los demás.
Y la suma de cada pasito que das, con el tiempo va a hacer que te ganes el corazón de las personas.
A mí personalmente me llegó a pasar en cierta época de mi juventud que me volví odioso con las personas.
Sentía que la gente me fastidiaba y ni siquiera los volteaba a mirar.
Como que no eran dignos de mi afecto.
Pero pasado un tiempo comencé a ver la misma reacción que había manifestado hacia ellos, por mí.
Y eso me hizo sentir abandonado por la Vida.
Así que decidí mejorar mis habilidades sociales.
No fue fácil al principio, pero comencé a abrazar a las personas cuando las saludaba.
¿Y adivina que ocurre en la actualidad?
Pues noto que las personas buscan que los abrace y sobre todo se nota que disfrutan de pasar tiempo conmigo.
Pero tocó tener constancia, paciencia y tiempo cambian mi estilo de vivir.
Así que quiero animarte mediante esta información a no sentirte mal por acciones del pasado y que no puedes hacer nada por ellas.
Aprovecha la experiencia que tuviste de eso y comienza a crear desde hoy ese futuro que tanto has deseado vivir.
No pierdas el tiempo en el pasado, sino enfoca todos tus recursos en el presente, construyendo ese futuro que anhelas.
Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.