Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

Mostrando las entradas con la etiqueta esclavitud. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta esclavitud. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2026

El contrato que nadie lee



El contrato que nadie lee

La conocí sonriendo. Siempre impecable, siempre puntual, siempre con el vestido correcto para la ocasión correcta. 


Desde afuera, cualquiera diría que había ganado la lotería de la vida. 


Estaba casada con un hombre importante, un industrial respetado, de esos que no hacen fila, de esos a los que se les abren las puertas antes de tocar. 


Él le daba todo: casa, viajes, seguridad, estabilidad. 


Nada le faltaba. Nada material, al menos. 


Con el tiempo empecé a notar pequeños detalles. 


Nunca llegaba sola. Nunca se quedaba hasta tarde. 


Si hablaba por teléfono, bajaba la voz. Si reía demasiado, miraba de reojo. 


Cuando le proponían un plan, respondía con frases vagas: “tengo que ver”, “no sé si pueda”, “te aviso”. Y casi nunca avisaba. 


No era una mujer golpeada ni insultada. No vivía un infierno evidente. 


Su prisión era elegante, silenciosa, bien decorada. Una jaula de oro. 


Su esposo la amaba, decía. Y tal vez era cierto, pero era un amor mezclado con miedo. 


Miedo a perderla, miedo a que alguien más la mirara, miedo a no ser suficiente. 


Así que la vigilaba. No de forma grotesca, sino sutil. 


Controlando horarios, amistades, eventos. 


Acompañándola siempre. Decidiendo por ella casi todo, con la excusa de “cuidarla”. 


Ella cumplía. Iba a todas las cenas, a todas las reuniones, a todos los compromisos sociales que él necesitaba cubrir. 


Sonreía, asentía, era la pareja perfecta. 


El precio era su libertad. El precio era su espontaneidad. 


El precio era su vida interior, cada vez más pequeña. 


Un día me dijo algo que no se me olvida: “No sé quién sería si no tuviera esta vida”. 


No lo dijo con orgullo, lo dijo con miedo. 


Porque cuando el dinero resuelve todo afuera, uno puede olvidar que por dentro algo se está muriendo. 


Y cuando dependes completamente de esa comodidad, el miedo a perderla se vuelve más grande que el deseo de ser libre. 


Ahí entendí algo incómodo: muchas veces no nos encadenan, nosotros firmamos el contrato. 


Vendemos pedazos del alma a cambio de seguridad, estatus, aplausos o tranquilidad económica. 


No siempre es un matrimonio. 


A veces es un trabajo, una relación, una imagen, una vida que se ve bien en fotos pero se siente vacía cuando nadie mira. 


El dinero no es el problema. 


El problema es cuando lo convertimos en un dios. 


Cuando dejamos que determine con quién podemos estar, qué podemos decir, qué sueños son “razonables” y cuáles no. 


Cuando aceptamos una vida que no nos pertenece del todo porque renunciar a ella sería demasiado costoso. 


Pero tampoco se trata de demonizar el dinero ni romantizar la carencia. 


No es virtud pasar necesidades, ni sabiduría sufrir por falta de recursos. 


El dinero es una herramienta poderosa, necesaria, incluso noble cuando está al servicio de la vida y no al revés. 


El error está en vivir para él, en obedecerlo, en permitir que nos compre la voz, el tiempo o la dignidad. 


La verdadera pobreza no es no tener dinero, es no tener elección. 


Creo profundamente que la vida empieza a ordenarse cuando el centro no es el miedo ni la ambición, sino el amor propio. 


Cuando te respetas, cuando te escuchas, cuando decides no traicionarte, algo curioso ocurre: el dinero deja de ser un amo y se convierte en un aliado. 


No desaparece, no estorba, simplemente ocupa su lugar. 


He visto personas con mucho menos que ella, pero con una paz que no se compra. 


Y he visto personas rodeadas de lujos que viven pidiendo permiso para existir. 


Al final, no se trata de cuánto tienes, sino de cuánto de ti sigue siendo tuyo. 


Tal vez el verdadero éxito no sea vivir cómodos, sino vivir libres. 


Y entender que ninguna jaula, por más brillante que sea, deja de ser una jaula.

Comparte:

lunes, 19 de mayo de 2025

El precio de quedar bien: esclavitud emocional



El precio de quedar bien: esclavitud emocional

De nuestro entorno aprendimos a quedar siempre bien con los demás. 


Por ejemplo, que teníamos que vestir de cierta manera o expresarnos en público de tal forma. 


En cambio, cuando nadie extraño nos estaba viendo, teníamos vía libre para hacer lo que quisiéramos. 


Respecto a esto, una vez salimos un grupo de amigos a divertirnos. 


Y entre esas personas había una señorita que estaba al lado del chico de su interés romántico. 


La hermana de esta señorita nos contó que ella por mucha hambre que tuviera no comería delante de ese muchacho. 


Y para mostrarnos, le ofreció unas papitas francesas. 


Esta señorita por mucha hambre que tenía, no se atrevió a recibirle las papas a su hermanita pues “que oso” comer delante de su amorcito. 


Esto nos puede parecer algo divertido, pero lamentablemente el 100% de la humanidad vive bajo este tipo de esclavitud emocional. 


Donde no puede ser quien quiere ser, sino que debe aparentar ser alguien para quedar bien con el resto del mundo. 


Y aunque no lo creas, hay gente que sabe de estas cositas y las utilizan para que tu hagas su santa voluntad. 


Precisamente esto nos genera malestar pues nuestro interior nos está diciendo que hay algo que no está bien y lo hacemos. 


Pero por quedar bien simplemente agachamos nuestras orejitas como humildes peones labriegos. 


Pero si nos enfrentamos a este tipo de situaciones y decimos que NO, también vamos a sentirnos mal. 


Pues por naturaleza, todos queremos vivir en paz y armonía con nuestro entorno. 


Y tal vez me digas en este momento que conoces muchos amiguitos que son bastante conflictivos. 


Para tu conocimiento, puedes estar al lado de la persona más conflictiva del mundo, pero después de cualquier confrontación siempre va a tener en su mente ese evento, junto con el respectivo malestar. 


O sino mira a las personas cuando “pelean” en el tráfico vehicular. 


Se amargan todo el día pensando en lo que les pasó. 


¿Entonces que podemos hacer para evitarnos todo este malestar? 


Finalmente, si agachamos la cabeza nos sentiremos mal y si confrontamos, nos sentiremos mal. 


Bueno, hace algunos días, un amigo me llamó para vernos y salir a comer algo. 


Cuando yo fui a su casa no se encontraba y decidí ir a un sitio a esperarlo. 


Yo en ese momento no tenía mi teléfono y decidí ir a esperarlo en una cafetería cercana. 


Pues allá me lo encontré con otra persona y la verdad no quise interrumpirlos pues no sabía de qué tema estaban hablando. 


Así que pedí algo y me senté en otra mesa y mi amigo me hizo señas que los acompañara. 


En ese momento me acerqué y mi amigo me presentó a la persona con que estaba. 


Yo lo saludé y pedí permiso para sentarme. 


Te voy a ser muy honesto, pero cuando vi a ese señor, era un anciano, pero con una forma de vestir muy femenina. 


Y no quise ser juez de ese señor pues muchas veces uno no conoce el contexto y se equivoca con las personas. 


Bueno la charla fue tomando un rumbo muy extraño, pues mi amigo mencionó una expresión muy coloquial de esta localidad. 


Para que me puedas entender un poco mejor, mencionó algo de no darle oportunidad a otros para que aprovechen tus debilidades. 


La expresión que usó fue “no dar papaya”. 


Entiendo que, en algunos países de habla hispana, esta expresión puede tener un sentido obsceno. 


Pero al menos en mi localidad se hace referencia a no dar oportunidad que te perjudiquen. 


De un momento a otro ese señor que acaba de conocer me dijo de una forma muy “coqueta”, “¿a usted le han dado papaya?”. 


Como entendí que no fue la pregunta, sino la forma en que preguntó, le dije “¿a qué se refiere específicamente con esa pregunta?” 


El señor dijo “que estábamos entre gente seria y que no estaba haciendo referencia a nada malo”. 


Mira, no te puedo decir exactamente como le respondí a ese señor pues este video puede ser censurado. 


La verdad utilicé con un lenguaje un poco soez. 


Y le aclaré que yo a él no lo conocía y que era la primera vez que lo veía. 


Así que sus “cosas” las dejara para otro, pero conmigo no. 


Mi amigo apenas abrió los ojos y estaba un poco asombrado de mi reacción. 


Pero ese señor, el tiempo que estuvo en ese sitio mantuvo callado y solo habló para decir una incoherencia, que hasta mi amigo me hizo señas de que estaba loco. 


Con esto no quiero decirte que soy una persona intolerante. 


Al contrario, si tú me dices que eres un helicóptero y que aterrizas en un portaaviones, yo te voy a decir “tienes toda la razón”. 


Pero no me gusta es que me quieras meter a participar en tus creencias. 


Sin embargo, cuando llegué a mi apartamento, sentí ese malestar del que hablé al principio. 


El del adoctrinamiento por quedar bien con los demás. 


Pero pasadas unas horas comencé a sentirme orgulloso de mi mismo por ponerle límites a algo con lo que discrepo. 


Así que mediante esta información quiero animarte a que no permitas a nadie faltarte al respeto. 


Y no se trata de irse a los golpes con otra persona, sino exponer claramente tus puntos de vista y tus límites. 


Pero si te dedicas a seguir quedando bien con los demás, vas a terminar tus días, con la sensación de amargura y derrotismo.

Comparte:

Comprar PBA

Compra BPA

Contáctame

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Donaciones

Acerca de mí

Mi foto
Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

Notificaciones Telegram

Telegram
Canal Ingeniero Gabriel Salazar / AUTOPODER Recupera tu Poder Interior

Para recibir el vídeo de cada lunes en tu Telegram:

Ingresa a:
t.me/autopoder1
t.me/IngenieroGabrielSalazar
Grupo Telegram:
t.me/+Z7ZMi8tw4WdjYTcx

Vídeo Bienvenida

YouTube

Copyright © Ritmo Positivo 2009 - 2026. Con tecnología de Blogger.