Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 1 de junio de 2026

Todo salió bien… excepto en mi cabeza



Todo salió bien… excepto en mi cabeza

Una de las cosas que más afecta a una persona, aunque no lo diga, es la ansiedad. 


Y no me refiero a esa ansiedad que mencionan por ahí como algo ligero. 


Me refiero a esa que te aprieta el pecho. 


A esa que no te deja pensar con claridad. 


A esa que te hace ver problemas donde todavía no existen. 


Hace poco me cambié de lugar. 


Algo que en teoría es normal. 


Algo que miles de personas hacen todos los días sin problema. 


Pero en mi cabeza… no era algo normal. 


Era un caos. 


Tenía que coordinar el trasteo. 


Tenía que hablar con las personas que me iban a ayudar. 


Tenía que dejar el lugar donde estaba completamente limpio. 


Incluso pintarlo. 


Tenía que organizar el nuevo sitio. 


Ver dónde iba cada cosa. 


Asegurarme de que todo saliera bien. 


Y mientras todo eso pasaba… mi mente comenzó a hacer lo suyo. 


“¿Y si no alcanza el tiempo?” 


“¿Y si algo sale mal?” 


“¿Y si nadie me ayuda?” 


“¿Y si no logro organizar todo?” 


Es impresionante como la mente puede construir un desastre completo… 


Sin que todavía haya pasado nada. 


Yo ya estaba cansado… sin haber empezado. 


Ya estaba estresado… sin haber movido una sola caja. 


Ya estaba abrumado… sin que existiera un problema real. 


Y luego comenzó todo. 


Paso a paso. 


Sin afán. 


Sin caos. 


La gente ayudó. 


El tiempo alcanzó. 


Las cosas salieron. 


Incluso más fácil de lo que esperaba. 


Y fue ahí donde me di cuenta de algo. 


Nada fue como mi ansiedad decía. 


Nada. 


Todo ese sufrimiento… 


Fue adelantado. 


Fue innecesario. 


Fue creado. 


Porque la ansiedad no te muestra la realidad. 


Te muestra una versión exagerada de todo. 


Una versión donde todo sale mal. 


Donde todo es urgente. 


Donde todo es un problema gigante. 


Pero la vida real… no funciona así. 


La vida real se resuelve paso a paso. 


No toda al tiempo. 


No como la mente quiere hacerte creer. 


Pensar demasiado no me ayudó. 


No me dio soluciones. 


No hizo nada más fácil. 


Al contrario. 


Me desgastó antes de empezar. 


Pero actuar… 


Eso sí cambió todo. 


Mover una cosa. 


Resolver otra. 


Y luego otra. 


Y sin darme cuenta… todo estaba hecho. 


Tal vez la vida no es tan complicada como parece. 


Tal vez no es tan pesada como la sentimos. 


Tal vez… el verdadero problema es la historia que nos contamos antes de que las cosas pasen. 


Porque a veces… 


La ansiedad no viene de la realidad. 


Viene de lo que creemos que va a pasar.

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lunes, 27 de abril de 2026

Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)



Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)

Hay algo que nadie quiere aceptar… y es que no todo en la vida se resuelve luchando. 


Nos enseñaron que rendirse es perder. 


Que soltar es de débiles. 


Que si algo no funciona, entonces hay que insistir más, apretar más, luchar más. 


Pero la realidad es otra. 


Hay momentos en la vida donde seguir luchando… es exactamente lo que te está destruyendo. 


Y no hablo de rendirte con tus sueños. 


Hablo de esa lucha interna constante que no te deja en paz. 


Esa necesidad de controlar todo. De forzar situaciones. 


De querer que las cosas salgan exactamente como tú quieres. 


Porque cuando eso no pasa… te frustras. te desgastas. te rompes por dentro. 


Y lo peor de todo… es que en el fondo sabes que no está funcionando… pero sigues insistiendo. 


Como si la vida fuera una pelea que tienes que ganar. 


Pero la vida no está peleando contigo… eres tú peleando contra ella. 


Como si soltar fuera sinónimo de fracaso. Pero no lo es. 


De hecho, muchas veces… soltar es lo único que te permite avanzar. 


Te lo digo por experiencia. 


Hubo momentos en mi vida donde luché tanto por algo… que terminé perdiéndome a mí mismo. 


Por ejemplo, con el tema del dinero. 


Quería que las cosas funcionaran sí o sí. 


Quería que todo encajara. Quería tener el control. 


Y mientras más lo intentaba… peor se ponían las cosas. 


Hasta que llegó un punto donde ya no podía más. 


Y no fue una decisión bonita ni motivadora. 


No fue un “voy a soltar y todo estará bien”. 


Fue más bien un… “ya no tengo fuerzas para seguir peleando”. 


Y ahí pasó algo curioso. 


Cuando dejé de forzar… cuando dejé de resistir… cuando simplemente solté… las cosas empezaron a moverse. 


No como yo quería. Pero sí como necesitaba. 


Porque entendí algo que no había visto antes: 


No todo en la vida se arregla con más esfuerzo. 


A veces se arregla con más conciencia. 


A veces avanzar no es hacer más… es dejar de hacer. 


Dejar de insistir en lo que no fluye. 


Dejar de aferrarte a lo que ya no es para ti. 


Dejar de pelear con una realidad que no puedes controlar. 


Y ojo… esto no es conformismo. 


No es sentarte a esperar que la vida haga todo por ti. 


Es aprender a distinguir entre: lo que puedes cambiar y lo que te está pidiendo que lo sueltes 


Porque hay batallas que no se ganan luchando… se ganan dejándolas ir. 


Y sí… duele. Duele aceptar que no era por ahí. 


Pero si eres honesto… lo que realmente duele… es el ego. 


Duele soltar expectativas. 


Duele dejar atrás algo en lo que invertiste tiempo, energía, emoción. 


Pero duele más seguir en una lucha que te está consumiendo. 


Así que si hoy sientes que estás forzando demasiado algo… relájate un momento. 


No todo requiere que luches.  


A veces… lo más valiente que puedes hacer… es soltar. 


Y confiar en que al hacerlo… no estás perdiendo… estás avanzando… aunque tu ego lo sienta como una derrota.

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lunes, 30 de marzo de 2026

Querer controlarlo todo me estaba frenando



Querer controlarlo todo me estaba frenando

Una de las cosas que más nos cuesta aceptar como seres humanos es que no tenemos el control absoluto de nuestra vida. 


Nos gusta pensar que todo depende de nosotros. 


Que, si nos esforzamos lo suficiente, si planeamos bien, si hacemos todo “correcto”, entonces todo va a salir como esperamos. 


Pero la realidad es otra. 


Por más que intentemos controlar cada detalle, siempre habrá cosas que se nos escapan de las manos. 


Situaciones inesperadas. 


Resultados que no dependen de nosotros. 


Puertas que se cierran sin explicación. 


Y ahí es donde empieza el conflicto interno. 


Porque el ego quiere tener el control. 


Quiere decidir, quiere imponer, quiere asegurarse de que todo salga como él dice. 


Pero últimamente he entendido algo diferente. 


He comenzado a soltar. 


A darle el control a Dios. 


Y no te hablo de palabras bonitas o frases que suenan bien. 


Te hablo de un cambio real en la forma de pensar y vivir. 


Dejar de preguntarme “¿qué quiero yo?” 


Y empezar a preguntarme “¿qué quiere Dios para mí?” 


Parece sencillo, pero no lo es. 


Porque implica confiar. 


Confiar incluso cuando no entiendes lo que está pasando. 


Confiar cuando las cosas no salen como esperabas. 


Confiar cuando sientes que vas perdiendo. 


Y ahí es donde entra algo clave: la gratitud. 


Dar gracias todo el tiempo. 


No solo cuando todo va bien. 


También cuando las cosas no tienen sentido. 


Porque cuando agradeces, cambias tu enfoque. 


Dejas de ver problemas y empiezas a ver propósito. 


Dejas de ver pérdidas y empiezas a ver dirección. 


En mi caso, he empezado a notar cosas pequeñas… pero significativas. 


Situaciones que antes me estresaban, ahora fluyen diferente. 


Decisiones que antes me confundían, ahora se aclaran. 


Momentos donde no sabía qué hacer… y de alguna forma aparece la respuesta. 


Y no, no creo que sea casualidad. 


Es como si, al soltar el control, todo empezara a acomodarse de una manera distinta. 


Como si alguien más estuviera guiando el camino. 


Antes pensaba que yo tenía que resolver todo. 


Que todo dependía de mi inteligencia, de mi esfuerzo, de mi capacidad. 


Ahora entiendo que no es así. 


Yo hago mi parte, claro. 


Pero no soy el que dirige la historia. 


Y eso, lejos de dar miedo… da paz. 


Porque ya no cargo con el peso de tener que controlarlo todo. 


Ahora camino, pero confiando. 


Decido, pero consultando. 


Actúo, pero soltando el resultado. 


Y sobre todo… agradeciendo. 


Porque incluso lo que no entiendo hoy, puede tener sentido mañana. 


Así que si hay algo que puedo decirte con esto es lo siguiente: 


No todo tiene que depender de ti. 


A veces, lo mejor que puedes hacer… 


es soltar el control y dejar que Dios haga su parte.

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lunes, 9 de febrero de 2026

El contrato que nadie lee



El contrato que nadie lee

La conocí sonriendo. Siempre impecable, siempre puntual, siempre con el vestido correcto para la ocasión correcta. 


Desde afuera, cualquiera diría que había ganado la lotería de la vida. 


Estaba casada con un hombre importante, un industrial respetado, de esos que no hacen fila, de esos a los que se les abren las puertas antes de tocar. 


Él le daba todo: casa, viajes, seguridad, estabilidad. 


Nada le faltaba. Nada material, al menos. 


Con el tiempo empecé a notar pequeños detalles. 


Nunca llegaba sola. Nunca se quedaba hasta tarde. 


Si hablaba por teléfono, bajaba la voz. Si reía demasiado, miraba de reojo. 


Cuando le proponían un plan, respondía con frases vagas: “tengo que ver”, “no sé si pueda”, “te aviso”. Y casi nunca avisaba. 


No era una mujer golpeada ni insultada. No vivía un infierno evidente. 


Su prisión era elegante, silenciosa, bien decorada. Una jaula de oro. 


Su esposo la amaba, decía. Y tal vez era cierto, pero era un amor mezclado con miedo. 


Miedo a perderla, miedo a que alguien más la mirara, miedo a no ser suficiente. 


Así que la vigilaba. No de forma grotesca, sino sutil. 


Controlando horarios, amistades, eventos. 


Acompañándola siempre. Decidiendo por ella casi todo, con la excusa de “cuidarla”. 


Ella cumplía. Iba a todas las cenas, a todas las reuniones, a todos los compromisos sociales que él necesitaba cubrir. 


Sonreía, asentía, era la pareja perfecta. 


El precio era su libertad. El precio era su espontaneidad. 


El precio era su vida interior, cada vez más pequeña. 


Un día me dijo algo que no se me olvida: “No sé quién sería si no tuviera esta vida”. 


No lo dijo con orgullo, lo dijo con miedo. 


Porque cuando el dinero resuelve todo afuera, uno puede olvidar que por dentro algo se está muriendo. 


Y cuando dependes completamente de esa comodidad, el miedo a perderla se vuelve más grande que el deseo de ser libre. 


Ahí entendí algo incómodo: muchas veces no nos encadenan, nosotros firmamos el contrato. 


Vendemos pedazos del alma a cambio de seguridad, estatus, aplausos o tranquilidad económica. 


No siempre es un matrimonio. 


A veces es un trabajo, una relación, una imagen, una vida que se ve bien en fotos pero se siente vacía cuando nadie mira. 


El dinero no es el problema. 


El problema es cuando lo convertimos en un dios. 


Cuando dejamos que determine con quién podemos estar, qué podemos decir, qué sueños son “razonables” y cuáles no. 


Cuando aceptamos una vida que no nos pertenece del todo porque renunciar a ella sería demasiado costoso. 


Pero tampoco se trata de demonizar el dinero ni romantizar la carencia. 


No es virtud pasar necesidades, ni sabiduría sufrir por falta de recursos. 


El dinero es una herramienta poderosa, necesaria, incluso noble cuando está al servicio de la vida y no al revés. 


El error está en vivir para él, en obedecerlo, en permitir que nos compre la voz, el tiempo o la dignidad. 


La verdadera pobreza no es no tener dinero, es no tener elección. 


Creo profundamente que la vida empieza a ordenarse cuando el centro no es el miedo ni la ambición, sino el amor propio. 


Cuando te respetas, cuando te escuchas, cuando decides no traicionarte, algo curioso ocurre: el dinero deja de ser un amo y se convierte en un aliado. 


No desaparece, no estorba, simplemente ocupa su lugar. 


He visto personas con mucho menos que ella, pero con una paz que no se compra. 


Y he visto personas rodeadas de lujos que viven pidiendo permiso para existir. 


Al final, no se trata de cuánto tienes, sino de cuánto de ti sigue siendo tuyo. 


Tal vez el verdadero éxito no sea vivir cómodos, sino vivir libres. 


Y entender que ninguna jaula, por más brillante que sea, deja de ser una jaula.

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lunes, 26 de mayo de 2025

Las Vacas Flacas No Llegan de la Nada: El Poder de Tus Decisiones



Las Vacas Flacas No Llegan de la Nada: El Poder de Tus Decisiones

La mayoría hemos escuchado esa historia sobre las vacas gordas y las vacas flacas. 


Esto es solo para mostrar que la vida es una serie de altibajos en cualquier área de nuestra vida. 


Esto nos da a entender que no podemos controlar nada y que por muy buena la situación que tengamos, esta, en algún momento va a terminar. 


Y lo mismo ocurre con las situaciones malas. 


No pueden durar para siempre. 


Y te lo digo yo que, en mis momentos de mayores dificultades, cuando pensaba que ya no iba a salir de allí, ocurrió el milagro. 


Sin embargo, yo te pregunto, ¿será cierto eso que no podemos controlar estos altibajos en nuestra vida? 


De acuerdo con mis investigaciones y observatorios sobre estos temas, al menos la gran mayoría de estos “altibajos” si los podemos controlar. 


Y esto lo hacemos con nuestras decisiones. 


Para que me puedas entender un poco mejor, imagina que nuestra vida es como un vehículo. 


A medida que lo vamos conduciendo, vamos aprendiendo a “conocer” nuestro vehículo. 


Y cuando algo comienza a fallar, lo sentimos como extraño, ya sea en ruidos, vibraciones o en el movimiento. 


Pero este vehículo nunca falla de un momento a otro. 


De cierta forma nos da tiempo para llevarlo al mecánico para que lo revise. 


Lo mismo ocurre con los altibajos en nuestra vida. 


Estos no llegan de un momento a otro, de manera sorpresiva. 


Siempre se van presentando con pequeñas señales, solo que como en el caso de la mayoría de los conductores no prestamos atención a las señales. 


Decimos: “luego lo hago revisar”, “ahora no tengo tiempo”, “que pereza”, etc. 


Bueno, esto mismo hacemos con nuestra vida. 


Siempre pensamos que a nosotros no nos va a pasar nada, hasta que llega el día en que las señales se cansan de avisar y culpamos a cualquier persona o cosa, menos a nosotros mismos. 


Nuestro ego no nos deja mirar el culpable en el espejo. 


Entonces, cuando vemos las primeras señales, aquí es donde entran las decisiones que tomamos. 


Y tal vez me digas en este momento: “pero Gabrielito lindo, yo conozco personas que la vida les ha cambiado de la noche a la mañana, por ejemplo, ganando la lotería”. 


Si eres buen observador, notarás que ganar la lotería también es una decisión. 


Hay que salir a comprarla y arriesgarse a perder dinero con ella. 


Pero tienes que tomar la decisión de jugarla. 


Y entiendo que van a existir cosas que se nos salgan de las manos, pero hay que tomar la decisión de estar preparados. 


Digamos que vives en un sitio con probabilidades de sufrir un huracán, un volcán, etc. 


Tienes que tomar la decisión de prepararte para esto. 


Ya sea que emigres a otra localidad o que compres las cosas necesarias por si se presenta la emergencia. 


Pero si te quedas esperando al angelito con el traje y la maleta llena de un millón de dólares a que te solucione la vida, eso también es una elección tuya. 


Porque no decidir también es una decisión. 


Solo que va a tener consecuencias que no necesariamente te van a gustar. 


Lamentablemente las decisiones que tomamos siempre son cuando ya el problema está en ejecución. 


Y como somos expertos en vivir estresados, y con el afán de “apagar” el incendio, entonces tomamos peores decisiones que complican el problema. 


Y así es como entramos en un ciclo del cual es casi imposible de salir. 


Mira, he conocido a través de mi corta existencia, muchos pacientes que cuando tienen deudas, acuden a más deudas. 


Si piensas que hacer eso es una solución, necesitas con URGENCIA educarte financieramente, para salir de la ignorancia económica. 


Si no te alcanza el dinero, ¿no es esto una suficiente advertencia como para analizar que está pasando con tus finanzas? 


Así que, mediante esta información, quiero animarte a pensar las decisiones que estás tomando en todas las áreas de tu vida. 


Por ejemplo, que decisiones están tomando con respecto a tu salud. 


Aun estás a tiempo de corregir tu camino hacia la temporada de vacas flacas.

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lunes, 12 de mayo de 2025

El caos mental no es casualidad



El caos mental no es casualidad

No sé si habrás notado, pero últimamente hay demasiada gente sabia. 


Saben de todo y, sobre todo, se tiene la tendencia a afirmar que todo es malo. 


El agua es mala, el sol es malo, el arroz es malo, la grasa es mala, el ejercicio es malo, el sedentarismo es malo, el pan es malo, el azúcar, comer mucho, comer poco, etc. 


Mejor dicho, estamos vivos es por obra y gracia del Espíritu Santo. 


No te puedo asegurar si esto es un plan elaborado para fomentar el miedo a nivel general 


O si es una programación mental para dispersar a la gente, o lo que sea. 


Pero es algo que actualmente está de “moda”. 


Como si todos se pusieran de acuerdo, agarraditos de la mano. 


Y lo peor de esto es que mucha gente lo cree, porque lo dicen los “expertos”. 


Ah, o también la vieja frase confiable: “según un estudio”. 


El caso es que esto es una de las mayores fuentes de malestar que podemos llegar a tener en nuestras vidas. 


Lamentablemente, los seres humanos somos muy maleables. 


Nos dejamos llevar con mucha facilidad en ideas que en apariencia nos parecen lógicas. 


Luego escuchamos la contraria y nos confundimos, pues al final no sabemos quién tiene la razón. 


Así pues, en nuestro cerebro entra en un estado que se conoce como disonancia cognitiva. 


Esto vendría siendo una tensión o incomodidad mental que ocurre cuando una persona tiene dos creencias o valores contradictorios al mismo tiempo. 


Como una de las funciones principales del cerebro es mantener la coherencia, busca una forma de resolver o disminuir ese conflicto. 


En algunos casos lo resuelve dándole más peso a la información que ya creía. 


Esto es lo que se conoce como sesgo de información. 


En otros casos reinterpreta las informaciones, intentando integrarlas. 


Algo así como la frase: “sí pero no”. 


Aunque interiormente seguimos con la duda. 


O finalmente la persona puede cambiar de creencia si la “nueva” idea que recibió tiene mayor peso. 


Aunque es muy poco probable que esto último ocurra, pues recuerda que nuestro ego siempre desea tener la razón. 


Finalmente, mientras tu cerebro resuelve esto, has estado generando mucho malestar en tu vida. 


Y ahora la pregunta importante es, ¿si una sola contradicción genera tanto malestar, que puede pasar con una persona que está sometida todos los dias a diferentes contradicciones? 


Como nuestro cerebro tiene que trabajar más se va a enfrentar a la fatiga mental. 


Donde puedes llegar a experimentar cansancio mental, dificultad para concentrarte, estrés, ansiedad y sensación de confusión o saturación. 


Una de las cosas que más llama mi atención sobre esto es que al estar expuesto constantemente a ideas contradictorias genera un ambiente mental caótico. 


¿Y sabes que ocurre si durante mucho tiempo estás expuesto a esto? 


Tu cerebro genera mayor dependencia de autoridades externas para decidir qué pensar o creer. 


Esto es lo que me hace dudar que este tipo de “modas” no sean casualidad. 


El cerebro necesita coherencia, y si no la encuentra, entra en conflicto. 


Si ese conflicto se vuelve constante y sin resolución, puede producir: ansiedad, confusión, apatía y vulnerabilidad a la manipulación. 


Y tal vez me digas en este momento: “bueno Gabrielito lindo, ¿cómo podemos protegernos si estamos expuestos a esto?”. 


Pregúntate, ¿de dónde viene esa información que tanto te confunde? 


Bueno, si ya sabes que proviene de ese aparatito que tienes en tus manos, comienza a controlar lo que ves, y donde colocas tu atención. 


Como mencioné anteriormente, mucha gente repite lo que ve en el social media. 


Por ejemplo, en mi entorno escucho que X cosa es buena/mala. 


Y como yo soy demasiado desobediente, adivina que hago. 


Mira, soy muy dado a pasarme las opiniones de los demás por el forro y hacer mi gran bendita voluntad. 


Así que la mejor forma de evitar que termines haciendo lo que otros desean es: 


#1 controla lo que estás ingresando en tu mente. 


#2 has tu sagrada y gran bendita voluntad. 


Si algo te gusta, no dejes de hacerlo porque alguien te dice que es malo, pecaminoso, etc. 


Ahora tampoco te vayas a los extremos. 


Recuerda que todo con mesura es beneficioso. 


Y si no sabes que hacer frente a algo, escucha tu intuición. 


Absolutamente todos tenemos en nuestro interior un “guía” que nos dice si algo nos conviene o no. 


Solo debes escucharlo y preguntarte si eso que vas a hacer te produce alegría, verdad y amor.

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lunes, 24 de marzo de 2025

La Estrategia de las Galletitas: Cómo Identificar y Manejar la Manipulación



La Estrategia de las Galletitas: Cómo Identificar y Manejar la Manipulación

Cuando estaba en el colegio, me encantaba el idioma inglés y era muy bueno con esa materia. 


Y recuerdo que en cierta oportunidad nos dejaron un trabajo bastante largo, el cual este angelito lo hizo antes de terminar la clase. 


Y como quedaría toda la tarde libre, salí a jugar futbol a una cancha cercana. 


Cuando regresé al finalizar la tarde, me encontré que uno de mis compañeros del salón había estado en mi casa buscándome. 


Este muchachito necesitaba mi ayuda pues dependía de una buena nota en esa asignatura. 


La verdad a mí me daba pereza ayudarlo pues como había estado jugando, me encontraba un poco cansado, así que le dije que NO! Paso. 


Y entonces seguí hacia una tienda con unos de los amigos con que había estado jugando a comprar algo de tomar. 


Recuerdo que mi compañero de clase no se rindió y se fue detrás de nosotros. 


Incluso esperó a que termináramos y eso sí, noté que él se compró sus buenas galletas de chocolate, mi debilidad. 


Y en cierto momento comenzó a ofrecerme una galleta y con el hambre que tenía no pude evitar la tentación. 


Bueno, él insistía en seguirme pasando galletas y finalmente me pasó su trabajo para que le ayudara a hacerlo. 


Y como le iba a decir que no, si yo me le había comido las galletitas que había comprado. 


Como te parece que esto es una estrategia de manipulación que la gente te hace para que logres tus objetivos. 


Por ejemplo, en temas anteriores llegué a mencionar el caso de un buen amigo en mi localidad que fue explotado por un industrial a cambio de migajas de pan. 


Y no te estoy exagerando pues literalmente el señor ponía a trabajar casi que de forma esclavista al amigo y a cambio le llevaba un pan. 


Aprovechándose de su necesidad en ese momento de dinero y pidiéndole tiempo para pagarle un dinero, que por supuesto, nunca le entregó. 


Normalmente si a nosotros nos hacen una cosa de estas, nos ponemos en enemistad con esa persona. 


Pero este amigo, que es muy bueno controlando emociones, comenzó a aplicarle la estrategia de las galletitas. 


Resulta que él tiene una gran cantidad de maquinaria, en un terreno del “explotador” de forma gratuita. 


Y cuando el señor requiere de sus servicios le da “galletitas” o más bien migajas se servicio haciendo que el señor se sienta muy comprometido para cobrarle. 


Así que el “explotado” invirtió la situación y ahora es quien tiene el control del dinero. 


En otras palabras, sin pelear y sin enemistarse con nadie, se hizo respetar pues el mismo me ha dicho que a los “enemigos” hay que tenerlos cerca. 


Y atención, con esto no te estoy diciendo que salgas corriendo a manipular a la gente con “galletitas”. 


Te doy esta información para que sepas cuando te están manipulando para que hagas cosas que no quieres. 


Lamentablemente cuando hacemos eso, entramos en malestar y terminamos odiando a todos los implicados. 


Mira entiendo que las personas hoy en día no tienen la paciencia para saber esperar el momento oportuno. 


Pero si te dejas dominar por tus emociones y sobre todo por tu ego vas a terminar resentido hasta contigo mismo por haber permitido algunas cosas.

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lunes, 2 de diciembre de 2024

¿Te Manipulan en el Trabajo? La Trampa de la Coerción Laboral



¿Te Manipulan en el Trabajo? La Trampa de la Coerción Laboral

La coerción psicológica o chantaje emocional es una forma de manipulación en la que alguien intenta controlar las acciones o emociones de otra persona generando temor o ansiedad. 


Hay miles de formas de hacer esto, pero especialmente este tipo de personas utilizan el miedo. 


Y no te estoy diciendo que quien hace esto es porque su naturaleza es maldad pura. 


Mas bien se debe a que la persona previamente ha adquirido resultados con esto y entonces lo integra a su vida como una herramienta para que se haga su santa voluntad. 


Lamentablemente esto suele suceder mucho en el ámbito laboral. 


Por ejemplo, en mi caso, recuerdo haber sido víctima de esto hace aproximadamente 20 años en el pasado. 


Donde para tenernos trabajando en unas condiciones que no eran de mi agrado, el jefe nos decía que prácticamente ese era el único empleo en el mundo y bla bla. 


Tristemente en la actualidad aún se sigue usando este mismo argumento. 


Por ejemplo, hace algunos días conocí el caso de una señorita que es una excelente trabajadora. 


No solo es responsable, sino que hace muy bien su trabajo. 


Así que donde quiera que haya trabajado esta señorita, se vuelve una colaboradora indispensable. 


Bueno resulta que en su lugar de trabajo comenzaron a despedir gran cantidad de personal. 


Simplemente llamaban al trabajador y tenga su carta de despido. 


Las personas salían llorando, casi como que suplicando que les dieran otra oportunidad. 


¿Ahora comprendes por qué una persona que hace esto lo integra a su vida para controlar a otros? 


Es esa sensación de poder lo que causa esa adicción a este tipo de acciones desagradables. 


Bueno, a la señorita de esta historia, recientemente le llegó su turno. 


Pero esta vez fue diferente porque no le entregaron su carta de despido, sino que la citaron a una reunión. 


En la reunión el jefecito le explicó que la situación estaba difícil y bla bla. 


Entonces solo trabajaría un par de meses más y que si “se portaba bien” (como si fuera un perrito), la llamarían de nuevo. 


Y adicionalmente, si se “apiadaban” de ella, trabajaría haciendo más cosas y por el mismo salario. 


Mira este tipo de cosas no se hacen, y espero que si tú tienes a cargo personas no estés haciendo esto de amenazar a los demás. 


Puede ser tu papá, tu mamá, el presidente o puede ser Dios, pero todos merecemos respeto. 


Nadie tiene por qué amenazarnos con recompensas y/o castigos como si fuéramos unos niños. 


El caso es que esta señorita le respondió a su jefecito que no se preocupara que ella dejaba todo listo y no regresaba más. 


De inmediato el lenguaje corporal de este señor cambió de una postura soberbia a inclinarse ante ella. 


Hablar con el cuerpo inclinado hacia atrás denota poder, confianza. 


Por el contrario, inclinarte hacia la persona está demostrando sumisión y atención hacia la persona. 


Bueno, el jefecito le preguntó en varias oportunidades si estaba segura de su decisión, a lo cual ella le confirmó que definitivamente sí. 


Cuando esta señorita me contó su situación yo solté a reírme y simplemente le dije que donde ella llegue a irse de ese sitio, ese negocio se hunde. 


Y que era muy probable que la siguiente semana la llamaran a conciliar de nuevo. 


¿Y adivina que paso? 


Dicho y hecho, a la siguiente semana no sabían en que pedestal colocarla. 


Que por favor lo pensara, pues le iban a pagar más dinero y a mejorarle las condiciones actuales. 


Que no se fuera porque en verdad la necesitaban. 


Como vemos, el jefecito estaba acostumbrado a realizar coerción psicológica con sus empleados para pagarles lo mínimo posible. 


Es a esto a lo que nos hemos referido muchas veces en este blog que si realmente quieres dinero NUNCA TRABAJES PARA GENTE POBRE. 


Este tipo de personajes es bastante pobre, así su cuenta bancaria esté llena de dinero. 


Es tanta su pobreza que piensa que, si invierte en cuidar a sus trabajadores, se va a empobrecer. 


En el ámbito comercial existe un dicho que reza: “cuida bien a tus empleados y ellos cuidaran muy bien a tus clientes”.

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lunes, 19 de agosto de 2024

Adiós Deudas: Tu Guía para Gastar Inteligentemente



Adiós Deudas: Tu Guía para Gastar Inteligentemente

Una de las cosas que más nos suele generar malestar respecto al dinero es la palabra “presupuesto”. 


No hay cosa que nos asuste, moleste o produzca pereza que escuchar esta palabra. 


Es por eso que no planeamos como vamos a gastar el dinero o invertirlo. 


Es más, ni siquiera tenemos idea de cómo hacer eso. 


Respecto a esto, hace pocos días estaba hablando con un señor que trabaja en la empresa encargada del aseo de mi localidad. 


Me contaba que hace poco hubo una feria en la ciudad. 


Y que muchos de sus amigos estaban “ladrando” o llorando porque se gastaron el dinero en ese evento. 


Así pues, varios de sus compañeros al ver que él no había asistido a esa feria, estaban esperanzados en que él les prestara el dinero para poder llegar a fin de mes. 


Todo esto es consecuencia de no saber nuestro estado financiero antes de consumir algo. 


¿Cómo rayos haces para recibir un dinero y gastarlo de forma irresponsable, aun conociendo que vienen otros gastos tan importantes? 


Aquí es donde entra el concepto de presupuesto. 


Es por eso que vamos y nos “deshacemos” del dinero que hemos ganado. 


Y cuando menos pensamos nos gastamos el dinero del arriendo, alimentación, colegio, etc. 


¿Y adivina cual es la solución que le damos a nuestra situación, causada por nosotros mismos? 


Recurrimos al préstamo, con amigos o entidades financieras. 


Y así entramos en la eterna carrera por trabajar sólo para pagar deudas y medio comer. 


Llegando solo a fin de mes, mediante préstamos de dinero. 


Haciendo que nuestra vida se convierta en una insoportable carga de infelicidad. 


¿Pues quien en sus 5 sentidos puede vivir tranquilo conociendo que tiene compromisos financieros que cumplir? 


Bueno, hay excepciones a esto y durante mi vida he conocido unos pacientes que no les importa que les pueda pasar. 


Hasta les ha tocado esconderse de los deudores. 


Y quizás en este momento me preguntes: “Gabrielito lindo, si estoy en una situación como esta, ¿cómo puedo solucionarla y salir de ese ciclo de deuda eterna?”. 


Bueno, yo creo que la experiencia que tuvo mi nutricionista te puede dar una pequeña orientación. 


Ella me contó que hace muchos años entró en el “privilegio” de tener deudas. 


En mi localidad existen unas personas que viven de prestar dinero a otros, sin requisitos. 


El único problema es que los intereses por el dinero prestado son bastante altos. 


Y prácticamente le estás vendiendo tu alma a Satanás, pues donde no pagues, estas personas hasta pueden hacerte daño. 


Esta es una actividad no muy legal que digamos. 


Pero demasiada gente acude a ellos por la “facilidad” y es prácticamente imposible controlar eso. 


Así pues, esta señorita comenzó a ponerle freso a sus compras. 


Se limitó a comprar estrictamente lo necesario y con esto tuvo la disciplina para pagar a sus acreedores. 


Lamentablemente nos toca dejar de comprar cosas para impresionar a otros. 


Y esto es algo que nuestro ego no le gusta. 


Por eso es tan difícil salir de las deudas y preferimos convertir nuestra vida en una carga insoportable de infelicidad.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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