Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

Mostrando las entradas con la etiqueta Cambio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cambio. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de julio de 2026

El cambio que esperamos empieza en el espejo



El cambio que esperamos empieza en el espejo

Hace unos días nuestra localidad eligió un nuevo gobierno. 


Como era de esperarse, algunos celebran el resultado mientras otros expresan su inconformidad. 


Hasta ahí todo es normal. Lo que me llama la atención no es quién ganó o quién perdió, sino la rapidez con la que aparecen los jueces de la moral. 


Comienzan las frases de siempre: "son unos corruptos", "todos vienen a robar", "este país nunca va a cambiar". 


Y mientras leo esos comentarios no puedo evitar hacerme una pregunta: ¿cuántas de las personas que escriben eso son completamente honestas en su vida diaria? 


No estoy hablando de millones de pesos ni de grandes escándalos. 


Hablo de esas pequeñas acciones que hemos aprendido a justificar porque "todo el mundo lo hace". 


Pasarse un semáforo en rojo porque no vienen carros. 


Llevarse para la casa materiales de la empresa. 


Dedicar horas del trabajo a resolver asuntos personales. 


Encontrar un dinero que alguien perdió y quedarse callado. 


Colarse en una fila. Copiar en un examen. Mentir para obtener un beneficio. 


Nos gusta llamar corrupción únicamente a la que sale en las noticias, pero la corrupción no comienza en un despacho público. 


Comienza cuando una persona decide que sus intereses están por encima de lo correcto. 


Hay una frase que siempre ha generado discusión: "El pueblo es digno de sus gobernantes". 


Durante mucho tiempo pensé que era una frase demasiado dura. Hoy la entiendo de otra manera. 


Los gobernantes no vienen de otro planeta. 


Salen de las mismas familias, de las mismas escuelas, de los mismos barrios y de la misma cultura en la que vivimos todos. 


Si una sociedad normaliza la deshonestidad en lo pequeño, tarde o temprano terminará encontrándola también en lo grande. 


Queremos políticos honestos, pero muchas veces educamos hijos que aprenden que hacer trampa es ser más vivo. 


Exigimos transparencia mientras buscamos la manera de evitar las normas cuando nadie nos está mirando. 


Pedimos justicia, pero solamente cuando el perjudicado somos nosotros. 


Hace muchos años trabajé con un señor. 


Era un hombre que había construido un patrimonio importante y siempre me llamó la atención la tranquilidad con la que hablaba de los negocios y de la vida. 


Un día, movido por la curiosidad, le pregunté si toda esa riqueza venía de su familia o si la había construido él mismo. 


Sonrió y me respondió que había empezado desde cero. 


Luego hizo una pausa y me dijo: 


"Si alguna vez puedo darte un consejo, es este: procura ser lo más justo posible con la vida, para que la vida sea justa contigo." 


En ese momento pensé que estaba hablando únicamente de los negocios. 


Con los años entendí que hablaba de algo mucho más profundo. 


Ser justo con la vida es actuar correctamente incluso cuando nadie nos está observando. 


Es no aprovecharse de los demás, cumplir la palabra, respetar lo que no nos pertenece y hacer lo correcto, aunque hacerlo implique un sacrificio. 


Con el tiempo comprendí que la verdadera riqueza de este empresario no estaba solamente en lo que había logrado construir, sino en la filosofía con la que había decidido vivir. 


No era una promesa de que nunca tendríamos problemas. 


Era una forma de entender la existencia. 


Cada acto de honestidad fortalece nuestro carácter. 


Cada decisión correcta, aunque nadie la vea, nos convierte en la clase de persona que queremos encontrar en los demás. 


Tal vez por eso el cambio que esperamos nunca empieza con un nuevo alcalde, un nuevo gobernador o presidente. 


Empieza cuando dejamos de justificar nuestras pequeñas deshonestidades. 


Porque es muy fácil exigir un país diferente. Lo difícil es convertirse en una persona diferente. 


Y esa, aunque muchos no lo crean, sigue siendo la única revolución que realmente cambia una sociedad.

Comparte:

lunes, 8 de junio de 2026

Se dañó todo… y fue lo mejor que me pudo pasar



Se dañó todo… y fue lo mejor que me pudo pasar

Hace unos días me pasó algo que, en el momento, sentí como un golpe duro. 


Algo en lo que venía trabajando desde hace tiempo simplemente dejó de funcionar. 


Así, sin aviso. Y claro, lo primero que sentí fue frustración. 


Rabia también, para qué mentir. 


Porque uno no ve solo el problema, uno ve todo el esfuerzo que hay detrás. 


Las horas, la energía, las expectativas. 


Todo eso que parece que se va a la basura en cuestión de segundos. 


Y ahí es donde muchos nos quedamos estancados. 


Pensando en la mala suerte, en el destino, en el “¿por qué a mí?”. 


Pero esta vez pasó algo diferente. 


En lugar de quedarme ahí lamentándome mucho tiempo, entendí que, si quería resolverlo, tenía que hacer algo distinto. 


La solución implicaba algo que no suena nada atractivo: 


Volver a empezar. Pero no igual. Diferente. 


Con otra estrategia. Con otro enfoque. 


Y aunque al inicio no me hacía mucha gracia la idea, no tenía otra opción. 


Así que lo hice. Empecé de nuevo. Paso a paso. 


Probando cosas. Ajustando. Corrigiendo. 


Y ¿sabes qué fue lo más curioso de todo esto? 


Esa nueva estrategia terminó siendo mucho mejor que la anterior. 


Las cosas no solo volvieron a funcionar… 


Funcionaron mejor. Mucho mejor. 


Y ahí fue cuando entendí algo que muchas veces olvidamos. 


No todo lo que parece un problema, realmente lo es. 


A veces es un empujón. Una sacudida. 


Una forma de obligarnos a salir de un camino que ya no era el mejor para nosotros. 


Porque seamos honestos. Cuando algo “medio funciona”, nos acomodamos. 


Nos quedamos ahí. 


No buscamos mejorar, no buscamos cambiar. Simplemente seguimos. 


Hasta que la vida, o como lo quieras llamar, dice: “Por ahí no es”. Y te obliga a moverte. 


A replantear. A reinventarte. Mucha gente lo ve como mala suerte. 


Otros lo llaman destino. Pero yo cada vez estoy más convencido de que hay algo más. 


Algo que no siempre entendemos en el momento. 


Pero que, de alguna forma, nos va guiando. 


Incluso cuando parece que todo está saliendo mal. 


Porque si te pones a pensar, muchas de las mejores decisiones o cambios en tu vida nacieron de momentos incómodos. 


Momentos donde no te quedó de otra que hacer algo diferente. 


Y ahí es donde entra algo clave. Confiar. Confiar en tu proceso. Confiar en tu instinto. 


Porque, aunque no lo veas claro en el momento, tu mente empieza a buscar soluciones. 


Empieza a conectar ideas. 


Empieza a abrir caminos que antes no estabas viendo. 


Y muchas veces esas ideas aparecen de la nada. 


Como si alguien te las susurrara. 


Como si ya estuvieran ahí, esperando el momento adecuado. 


Así que la próxima vez que algo no salga como esperabas… 


No te apresures a llamarlo fracaso. 


Puede que solo sea un ajuste de ruta. 


Puede que sea exactamente lo que necesitabas para llegar a algo mejor. 


Aunque en ese momento no lo parezca. 


A veces perder una estrategia… 


Es la única forma de encontrar la correcta. 


Y eso, aunque cueste verlo, también es avanzar.

Comparte:

lunes, 1 de junio de 2026

Todo salió bien… excepto en mi cabeza



Todo salió bien… excepto en mi cabeza

Una de las cosas que más afecta a una persona, aunque no lo diga, es la ansiedad. 


Y no me refiero a esa ansiedad que mencionan por ahí como algo ligero. 


Me refiero a esa que te aprieta el pecho. 


A esa que no te deja pensar con claridad. 


A esa que te hace ver problemas donde todavía no existen. 


Hace poco me cambié de lugar. 


Algo que en teoría es normal. 


Algo que miles de personas hacen todos los días sin problema. 


Pero en mi cabeza… no era algo normal. 


Era un caos. 


Tenía que coordinar el trasteo. 


Tenía que hablar con las personas que me iban a ayudar. 


Tenía que dejar el lugar donde estaba completamente limpio. 


Incluso pintarlo. 


Tenía que organizar el nuevo sitio. 


Ver dónde iba cada cosa. 


Asegurarme de que todo saliera bien. 


Y mientras todo eso pasaba… mi mente comenzó a hacer lo suyo. 


“¿Y si no alcanza el tiempo?” 


“¿Y si algo sale mal?” 


“¿Y si nadie me ayuda?” 


“¿Y si no logro organizar todo?” 


Es impresionante como la mente puede construir un desastre completo… 


Sin que todavía haya pasado nada. 


Yo ya estaba cansado… sin haber empezado. 


Ya estaba estresado… sin haber movido una sola caja. 


Ya estaba abrumado… sin que existiera un problema real. 


Y luego comenzó todo. 


Paso a paso. 


Sin afán. 


Sin caos. 


La gente ayudó. 


El tiempo alcanzó. 


Las cosas salieron. 


Incluso más fácil de lo que esperaba. 


Y fue ahí donde me di cuenta de algo. 


Nada fue como mi ansiedad decía. 


Nada. 


Todo ese sufrimiento… 


Fue adelantado. 


Fue innecesario. 


Fue creado. 


Porque la ansiedad no te muestra la realidad. 


Te muestra una versión exagerada de todo. 


Una versión donde todo sale mal. 


Donde todo es urgente. 


Donde todo es un problema gigante. 


Pero la vida real… no funciona así. 


La vida real se resuelve paso a paso. 


No toda al tiempo. 


No como la mente quiere hacerte creer. 


Pensar demasiado no me ayudó. 


No me dio soluciones. 


No hizo nada más fácil. 


Al contrario. 


Me desgastó antes de empezar. 


Pero actuar… 


Eso sí cambió todo. 


Mover una cosa. 


Resolver otra. 


Y luego otra. 


Y sin darme cuenta… todo estaba hecho. 


Tal vez la vida no es tan complicada como parece. 


Tal vez no es tan pesada como la sentimos. 


Tal vez… el verdadero problema es la historia que nos contamos antes de que las cosas pasen. 


Porque a veces… 


La ansiedad no viene de la realidad. 


Viene de lo que creemos que va a pasar.

Comparte:

lunes, 16 de febrero de 2026

El poder de crear seguridad interna



El poder de crear seguridad interna

A algunas personas los he escuchado decir a lo largo de mi corta existencia que la PNL, Reprogramación metal, o cualquier otra técnica no funcionan. 


Muchas técnicas fallan no porque el mensaje sea incorrecto, sino porque el subconsciente no escucha cuando se siente en alerta. 


A través de la respiración y el diálogo con el niño interior, esta práctica crea primero seguridad interna, permitiendo que las viejas creencias se relajen y que nuevas ideas puedan integrarse sin resistencia. 


Esta meditación que te propongo nace de algo muy simple: la respiración como primer punto de anclaje cuando la mente se siente amenazada. 


En primeros auxilios psicológicos, respirar no es solo oxígeno, es una señal directa al sistema nervioso de que el peligro pasó. 


A partir de ahí, aparece el espacio para hablar, sentir y reordenar. 


En esta práctica, ese diálogo no es con el exterior, sino con el niño interior, esa parte que aprendió a reaccionar, a defenderse y a sobrevivir cuando aún no tenía todas las herramientas. 


Muchas personas prueban audios subliminales y sienten que “no funcionan”, pero en realidad el problema no es el mensaje, sino el filtro. 


Escuchar algo una o dos veces no desmonta creencias que se formaron durante años. 


Además, existe un guardián interno: la lógica, la historia personal y las creencias aprendidas, que protegen el subconsciente como si fuera un castillo. 


No deja entrar nada que perciba como una amenaza, incluso si ese cambio es positivo. 


Esta meditación propone otro camino. 


En lugar de intentar entrar por la fuerza, se entra por la confianza. 


Respirando de forma consciente, se le habla mentalmente al niño interior con un lenguaje simple y seguro: todo está bien, ya no hay peligro, no tienes que sostener esas creencias antiguas. 


No se trata de pelear con la mente, sino de explicarle que ya no necesita defenderse de lo mismo. 


Cuando el niño se relaja, el guardián baja la guardia. 


Desde ese estado es posible implantar nuevas creencias, no como órdenes, sino como acuerdos. 


Decirle al niño interior que merece calma, abundancia y bienestar, que puede soltar viejos programas que antes fueron útiles, pero ahora ya no lo son. 


Dar permiso consciente para recibir, para que el universo —o la vida— actúe sin resistencia. 


No desde la urgencia, sino desde la coherencia interna. 


Esta práctica no busca reemplazar nada, sino ofrecer una alternativa cuando otras técnicas no conectan. 


Es un diálogo íntimo, repetible y honesto, que con el tiempo va reprogramando desde la raíz. 


Porque cuando el niño interior se siente seguro, la mente deja de luchar y el cambio ocurre de forma natural.

Comparte:

lunes, 15 de diciembre de 2025

Dejar de salvar al mundo para empezar a salvarte



Dejar de salvar al mundo para empezar a salvarte

Algo que he visto durante toda mi vida —y estoy seguro de que tú también— es la necesidad desesperada que tienen muchas personas de querer arreglar la vida de los demás. 


Predican, aconsejan, corrigen… como si fueran expertos en todo. 


Hablan de religión, de salud, de éxito, de mentalidad. 


Pero cuando miras sus vidas de cerca, parece que ni ellos mismos se creen lo que dicen. 


Y no te voy a mentir: yo también caí en ese juego. 


Cuando empecé a leer mis primeros libros de autoayuda, sentía que tenía la obligación de iluminar a todo el mundo. 


Cualquier persona que me contara un problema se convertía automáticamente en mi “proyecto”. 


Yo quería ser el que les mostrara el camino, aunque nadie me hubiera pedido nada. 


Hasta que un día, en medio de una conversación, alguien me soltó una frase que todavía recuerdo como si me la hubieran tallado en la frente: 


“¿Y tú sí aplicas todo eso que estás diciendo?” 


Esa pregunta me dejó frío. 


Porque en el fondo yo sabía la verdad: No, no lo estaba aplicando. 


Hablaba bonito, pero mi vida seguía igual de desordenada que siempre. 


Ese día entendí algo que me cambió para siempre: 


La autoayuda no es un micrófono. Es un espejo. 


No es para ir por ahí diciendo cómo deben vivir los demás. 


Es para verte a ti mismo y ajustar lo que está mal en tu propia vida. 


Con el tiempo me di cuenta de algo que no vas a aprender dando discursos: 


Cuando uno realmente mejora, cuando uno vive bien, cuando uno aplica lo que aprende… la gente lo nota sin que abras la boca. 


He conocido personas que hablan horas sobre espiritualidad y tratan a su familia peor que a un desconocido. 


Personas que se dicen “expertas” en bienestar, pero viven llenas de estrés y drama. 


Y otras que, sin decir una sola palabra, inspiran simplemente por cómo viven. 


Ahí entendí la diferencia. 


Hoy no intento salvar a nadie. “Eso no es problema mío”. 


No doy consejos que no me han pedido. 


Simplemente camino mi propio camino, y el que quiera aprender algo, que observe… o que pregunte. 


Porque al final, después de todo lo que he vivido, he llegado a esta conclusión: 


El que tiene que cambiar eres tú, no los demás. 


Y cuando tú realmente cambias, no necesitas convencer a nadie. 


Tu vida habla más fuerte que cualquier sermón.

Comparte:

lunes, 24 de noviembre de 2025

No fue tu culpa, pero sí es tu responsabilidad



No fue tu culpa, pero sí es tu responsabilidad

De pequeños, escuchábamos a los adultos decir cosas como: “la vida es dura”, “el dinero no crece en los árboles” o “hay que aguantarse porque así es la vida”. 


No lo sabíamos, pero esas frases se estaban quedando grabadas en nuestra mente, una a una, como si fueran verdades absolutas. 


Crecimos, y sin darnos cuenta, comenzamos a vivir en función de esas ideas. 


Si algo salía mal, pensábamos que era normal. 


Si no teníamos lo que queríamos, asumía que “así tocaba”. 


Y si algo nos daba miedo, simplemente lo evitábamos. 


Era como si una parte de nosotros siguiera siendo aquel niño, actuando en automático, sin cuestionar nada. 


Lamentablemente esto no solo es la historia de pocos sino de la humanidad. 


Todos, de alguna manera, fuimos programados por el entorno donde crecimos. 


Palabras, actitudes, miedos o silencios… todo eso se nos pegó sin querer. 


Y aunque de niños no teníamos opción, de adultos sí la tenemos. 


Porque llega un momento en el que uno ya no puede seguir culpando al pasado. 


Ni a los padres, ni a la infancia, ni a nadie. 


Nuestros padres hicieron lo que sabían, con lo que tenían. 


Algunos nos enseñaron desde el amor, otros desde el miedo, pero todos —a su manera— intentaron hacerlo bien. 


De hecho, si tienes hijos en esta época, vas a “educarlos” de la mejor forma que crees que puedes hacerlo. 


¿Y adivina? En el futuro ellos te van a reclamar por que te equivocaste en algo. 


Y no lo hiciste con intento de dañarlos. 


Simplemente les diste lo mejor que puedes, con lo que tienes. 


El problema es que muchos seguimos viviendo como si aún estuviéramos bajo esas reglas antiguas. 


Queremos avanzar, pero el subconsciente sigue repitiendo: 


“no se puede”, “no merezco tanto”, “mejor no intento”. 


Y así, año tras año, seguimos esperando que la vida cambie… sin darnos cuenta de que la vida cambia cuando nosotros cambiamos. 


Una buena forma de romper este ciclo es mediante la gratitud. 


Agradecer lo que vivimos no significa quedarnos allí. 


Significa mirar hacia atrás con compasión, aprender lo que haya que aprender y seguir caminando. 


El pasado puede explicar por qué somos como somos, pero no puede decidir quién vamos a ser. 


Si algo te limita hoy, probablemente no es el presente… es una creencia vieja disfrazada de realidad. 


Así que la próxima vez que sientas miedo, duda o resistencia, detente un momento y pregúntate: 


“¿Esto lo está diciendo el adulto que soy o el niño que fui?” 


Porque ese niño ya hizo su parte. 


Ahora te toca a ti cuidar de él, guiarlo, enseñarle que ya no necesita repetir las viejas historias. 


No fue tu culpa lo que aprendiste, pero sí es tu responsabilidad transformarlo. 


Y cuando asumes eso, sin culpas ni resentimientos, empieza tu verdadera libertad. 


El auto poder no nace del pasado. 


Nace del momento en que decides reescribirlo.

Comparte:

lunes, 25 de agosto de 2025

Atrapados en el Mismo Pensamiento



Atrapados en el Mismo Pensamiento

Hace muchos años, a comienzos de los 2000, conocí a una persona que vivía quejándose de su situación.  


Tenía una visión de la vida muy cerrada, casi siempre pesimista. 


Hablaba de lo difícil que era todo, de cómo nada salía bien, de lo mal que estaban las cosas… y así, una queja tras otra. 


Hace poco, más de dos décadas después, volví a encontrármelo. 


Y me sorprendió algo: seguía diciendo exactamente lo mismo. 


Las mismas quejas, las mismas frases, la misma actitud, etc. 


Incluso escuchando la misma música y entretenimiento por décadas. 


Como si el tiempo no hubiera pasado por dentro de él. 


Como si estuviera atrapado en un ciclo eterno, repitiendo el mismo guion una y otra vez. 


Y me puse a pensar: ¿Por qué algunas personas no cambian con los años? 


¿Por qué no evolucionan? 


¿Por qué no amplían su perspectiva? 


Porque si te soy honesto, el Gabriel del año 2021 no es el mismo que hoy te dice esto. 


Ni siquiera soy igual al del año pasado. 


He cambiado, he aprendido, he reconfigurado mi forma de ver el mundo. 


Y estoy seguro de que el Gabriel del próximo año también será distinto. 


Entonces, ¿qué hace que unas personas cambien y otras no? 


Creo que una de las razones más profundas es la falta de lectura. 


Los libros nos abren la mente. 


Nos enfrentan a nuevas ideas, a otras formas de pensar, a realidades diferentes. 


Nos sacuden, nos cuestionan, nos siembran dudas necesarias para crecer. 


Leer es como sentarse a conversar con miles de mentes brillantes de todas las épocas. 


Cada página es una ventana a otra forma de vivir y de ver el mundo. 


Cuando no leemos, cuando no nos nutrimos de nuevas ideas, es fácil quedarnos estancados, repitiendo el mismo discurso, las mismas excusas, las mismas quejas. 


Como si estuviéramos atrapados en una versión antigua de nosotros mismos.  


No digo que leer sea la única solución, pero sin duda es una puerta. 


Una puerta que muchos prefieren no abrir. 


Y luego se preguntan por qué su vida no cambia. 


Mira lo que pasó en 2020, cuando todos estuvimos encerrados por la pandemia. 


La gente “descubrió” que tenía tiempo. 


Muchos comenzaron a explorar la tecnología. 


Conozco personas mayores que antes la rechazaban por completo. 


Hoy no pueden vivir sin ella. 


Se atreven a hacer más cosas, comprenden mejor el mundo, incluso se familiarizan con otros idiomas. 


La tecnología les dio una nueva perspectiva. 


Entonces surge una pregunta: 


¿Quiere decir esto que ya no necesitamos los libros? 


No necesariamente. 


Hay quienes usan el celular para leer documentos, y eso está bien. 


Pero, desde mi punto de vista, nada reemplaza la experiencia de leer un buen libro. 


En los dispositivos hay mucha información útil, sí, pero también una gran cantidad de ruido, distracción y contenido basura que no aporta nada a tu evolución personal. 


Por eso, hoy quiero invitarte a leer más cada día. 


No para alardear de cuántos libros terminas al año, sino para preguntarte sinceramente: 


¿Qué estás aprendiendo con cada libro que lees? 


¿Qué nuevas puertas estás abriendo en tu mente? 


No te quedes siendo la misma versión de ti, año tras año. 


Tienes el poder de cambiar, de crecer, de expandir tu perspectiva. 


Y tal vez, solo tal vez, todo empiece con una página.

Comparte:

lunes, 11 de agosto de 2025

Cuando rechazamos el cambio que necesitamos



Cuando rechazamos el cambio que necesitamos

Creo que todos hemos sentido en algún momento esa sensación de estancamiento donde parece que camináramos en circulo. 


Nos vemos haciendo lo mismo todos los días, como en una especie de rutina que nos hace pensar, ¿bueno y que ha pasado con mi vida? 


¿A esto fue a lo que vine al mundo? 


¿A trabajar, hacer aseo y pagar cuentas? 


¿Y para cuando esas cositas que tanto nos gustan? 


Por ejemplo, por allá aproximadamente en el año 2006, un domingo al medio dia, acostado en mi cama me llegué a cuestionar todo esto. 


Puedo decir que mi vida cambio a partir de preguntarme si eso era todo a lo que uno venía a este mundo. 


Comenzó a llegar a mi vida información muy diferente y también comenzaron a ocurrir cosas muy diferentes. 


Algunas de esas cosas me gustaron y otras para nada. 


Pero si no hubiera sido por esa serie de eventos, no estaría en este punto de mi vida que tanto disfruto. 


Y con esto no te quiero decir que todos los días haga algo diferente. 


Al igual que tú también hago tareas rutinarias, pero el enfoque es que esas tareas las disfruto mucho y las hago con mucho amor. 


Si observas, la mayoría de gente odia lo que hace. 


Hacen su trabajo de mala gana, como por cumplir. 


Asean su hogar hasta con desprecio y rápidamente porque necesitan tiempo para poder cumplir con el resto de la “amada” rutina. 


Se han vuelto tan rutinarios que hasta la “diversión” se les vuelve predecible. 


Viajar al mismo lugar, escuchar la misma música, etc. 


En fin, cosas que ya se sabe cómo van a terminar. 


Y si algún “colaborambon” se atreve a decirles, “hey, y ¿por qué no intentas ir a otro sitio o divertirte de otra forma?”. 


De inmediato le responden: “no se meta, deje de ser sapo, es mi vida y yo veré lo que hago” y todas esas cositas bonitas que la frustración saca a flote en ese momento. 


Bueno, sí observas en esa respuesta está precisamente la clave del porque nuestras vidas se convierten en un círculo infinito de rutina y sufrimiento. 


Quien está “respondiendo” en ese momento no eres tú sino tu ego. 


Por si eres nuevo, en este blog hemos definido el ego como la estructura mental del merecimiento. 


Es eso que siempre te ha llevado a ser más y tener más. 


Y eso está muy bien porque a quien no le sirve el progreso, de eso se trata la evolución humana y el juego de la vida. 


Pero, lamentablemente hemos permitido que todo en la vida, incluso nuestras emociones sean dominadas por el ego. 


Por eso es por lo que somos los más lindos, los más fuertes, los más inteligentes, bla bla, así estemos bajo un mar de lodo por nuestras acciones. 


Nunca nos equivocamos, nuestro camino es el correcto, así estemos parados en el mismo punto desde hace años. 


Es por es que debemos aprender a escuchar lo que dicen otros, o lo que nos dice esa situación que tanto nos molesta. 


Y no te estoy diciendo que actúes como una vaca obediente caminando hacia el matadero y le digas amén a todo lo que otros te dicen. 


Recuerda que el mundo está rodeando de intenciones que desconocemos y potencialmente nos estarían perjudicando. 


Toda una vida es mejor equivocarse por las decisiones que uno mismo toma y no sentir ese dolor de equivocarse porque le hiciste caso a otro. 


Pero si al menos pregúntate si esa información que te dan te puede servir para algo, al menos en parte. 


Muchas veces la solución a tu vida estancada puede ser simplemente cambiar un pequeño detalle, conservando el resto de las cosas que haces. 


Si no escuchas a tu entorno te puedes estar perdiendo de una mejor vida.

Comparte:

lunes, 23 de junio de 2025

Quejarse o Resolver: Una Decisión que Define tu Vida



Quejarse o Resolver: Una Decisión que Define tu Vida

Creo que no existe nada más frustrante que estar escuchando a nuestro lado a una persona quejarse constantemente. 


Lamentablemente esta vida no es un lugar lleno de ositos cariñositos dispuestos a darnos su amor. 


Ahora imagínate tú, con tus propios problemas por resolver y estar escuchando a un paciente (o pecienta) quejarse por tonterías. 


Y si observas, esta condición es el “deporte” nacional de casi todo el planeta. 


¿Podríamos concluir que la queja es algo que viene en nuestro ADN? 


Bueno, esta conclusión es totalmente correcta. 


Durante la mayor parte de la historia humana, sobrevivir era difícil. 


Los seres humanos que prestaban atención a los peligros (y se quejaban o se preocupaban por ellos) eran los que sobrevivían. 


Esto se conoce como sesgo de negatividad. 


Nuestro cerebro está más atento a lo malo que a lo bueno, porque ignorar un peligro podía ser mortal. 


Por ejemplo, un ruido en la selva puede ser un tigre. 


Mejor preocuparse y huir, aunque el 99% de las veces no sea nada. 


Vaya herencia la que tenemos de nuestros antepasados. 


Como que mejor hubiera sido que nos heredaran una fortuna. 


Ahora bien, a este “ADN” súmale que nuestra mente compara nuestra situación con la de los demás o con un ideal que hemos creado. 


Esto puede hacernos sentir que "nos falta algo", incluso cuando tenemos más que suficiente. 


Antes solo nos comparábamos con nuestro entorno. Ahora, con el social media, nos comparamos con miles de personas que parecen tener una vida “perfecta”. 


Esto ayuda que pequemos de mal agradecidos. 


La gratitud no es automática. 


Hay que entrenar la mente para enfocarse en lo bueno, pues, recuerda, la mente tiende naturalmente a enfocarse en lo malo. 


Eso fue lo que heredamos para sobrevivir ante los peligros. 


Y, por último, cuando logramos algo que deseamos mucho, esa satisfacción es temporal. 


Luego nos adaptamos y empezamos a buscar el siguiente objetivo. Es lo que se llama la treadmill hedónica (cinta sin fin de felicidad). 


Desde mi punto de vista, esto tiene que ver mucho con el ego, pues este constantemente nos dicta que debemos ser más y tener más. 


Finalmente nos ayuda a avanzar en la vida, pero en otros momentos nos perjudica. 


Tristemente el ser humano tiene una gran tendencia a quejarse por cosas que el mismo ha causado. 


Por ejemplo, yo conocí una pareja que tenían 2 niños. 


Cuando el señor recibía el pago por su trabajo, salían corriendo, junto con los niños a comprar cuanta cosa se les atravesara por el camino. 


Desde dulces, hasta cosas que no iban a utilizar, simplemente porque se veían bonitas. 


Yo no creo que pasaran ni siquiera 2 semanas y esta pareja ya comenzaba a hacer “maromas” para poder cumplir con las obligaciones del hogar. 


Luego se escuchaban diciendo que el dinero no les alcazaba, que el gobierno era una porquería, que la gente no les ayudaba y bla bla. 


Mejor dicho, no sé cómo le hacían para llegar a fin de mes, solo para repetir este ciclo por años. 


Error financiero, deudas y quejas. 


Si nos quejamos y no hacemos nada, seguiremos en el mismo malestar por siempre jamás, ¡amén! 


Debemos actuar pues cuando solucionamos algo, es una de las cosas que más satisfacción nos puede producir. 


Mira, yo entiendo perfectamente que es querer cambiar algo y no tener ni la más mínima idea de cómo hacerlo o por donde empezar. 


A mí me ha pasado muchas veces y si te soy honesto, me he demorado mucho tiempo en lograr lo que quería. 


No sabía ni que hacer o como empezar, entonces hice lo que pude con lo que tenía o sabia en ese momento. 


Pero te puedo asegurar algo y es que, si tu insistes en solucionar algo o corregirlo, las “casualidades” de la vida se unen para que llegues a tu meta. 


Es como si existieran fuerzas desconocidas que se unen para que logremos eso que buscamos. 


Pero si te quedas esperando al angelito de traje, que baje del cielo con una maleta llena de un millón de dólares a solucionarte la vida, te vas a envejecer allí sentado. 


Esas cosas no pasan, ni en el cine. 


Nadie va a venir a darte nada ni a salvarte de nada. 


Eres tú solito con tus decisiones asertivas que puede crear la vida que ha soñado.

Comparte:

lunes, 28 de abril de 2025

¿Infierno o paraíso? Tú eliges, como siempre lo hiciste



¿Infierno o paraíso? Tú eliges, como siempre lo hiciste

Uno de los “deportes” favoritos del ser humano es preocuparse por tonterías. 


Y la verdad cuando logramos deshacernos de una preocupación, inmediatamente nos buscamos otra para tener que hacer. 


De hecho, si dividimos la palabra en pre-ocupar, en teoría estaríamos ocupándonos de algo antes de que pase. 


Eso sería solucionar antes de que ocurran las cosas, pero lastimosamente no hacemos eso. 


Lo que realmente ocupamos es nuestra mente para realizar cálculos de cosas, que, en su gran mayoría, nunca van a pasar. 


¿Cuánta gente no se pasa la noche sin dormir por estar preocupado? 


Y añádele que esas preocupaciones vienen normalmente de la gente que nos rodea. 


Sobre todo, cuando escuchamos sus preocupaciones sobre el futuro, los acontecimientos mundiales y bla bla. 


Mira, hay gente que en este momento se está comiendo las uñas porque el fin del mundo se acerca. 


Y no te estoy diciendo esto para mofarme de nadie. 


Simplemente pregúntate, si eso va a pasar, ¿acaso con “preocuparte” o comerte las uñas vas a detener ese final? 


Es a esto a lo que se refiere ese famoso dicho popular que reza: “si el problema tiene solución, para que te preocupas. Y si no lo tiene, para que te preocupas”. 


Y tengo que aclarar que no estoy diciendo con esto que el mundo sea un lugar tierno, lleno de ositos cariñositos. 


Hay personas que la pasan muy mal, todos los días, solo para poder comerse un tostado con café y sin leche, a lo mucho con azúcar. 


Pero si observas, a pesar de que el mundo no es “amable”, hay otras personas que la pasan muy bien. 


Sobre esto podemos decir las N-mil excusas, que son personas deshonestas, suertudas, que se aprovechan de otros y bla bla. 


En mi entorno conozco muchas personas que viven demasiado bien y no tienen nada que ver con cosas negativas. 


Esto me hace recordar una época en que me encontraba en un estado de depresión. 


Uno de los tantos momentos en los que me he rendido. 


Y eso que estaba jovencito y con toda la “energía”. 


Bueno el caso es que una vez mi señor padre se dio cuenta de aquello y me llamó. 


Yo apenas tomé el teléfono dije en mi interior: “ah, ya va a empezar este señor con sus sermones”. 


Así que cerré mi mente y mis oídos mientras escuchaba su bla bla. 


Entre todas las cosas que me dijo, hubo algo que definitivamente llamó mi atención y fue: “Gabrielito lindo, cada uno puede hacer de esto un cielo o un infierno”. 


“La pregunta es ¿cuál va a ser tu decisión?”. 


Y recuerdo que desde ese día mi decisión es que todo lo que haga va a ser enfocado en hacer de mi vida un cielo, un paraíso. 


Así que ahora te pregunto, ¿qué vas a hacer? 


¿Te vas a seguir quejando de tu vida, sin hacer ningún cambio? 


¿Es eso a lo que viniste a este mundo? 


¿A quejarte y maldecir por tu “destino”, resignándote a que venga el angelito trajeado con la maleta y el millón de dólares a llevarte al paraíso prometido? 


Por donde tú mires, siempre hay gente haciendo eso. 


Esperan que papá Gobierno les ayude a solucionar sus problemas de dinero, cuando ni siquiera se atreven a ahorrar. 


Mira, conozco gente que trabaja muy duro, toda la semana, y el fin de semana ¿sabes que hacen? 


Ese dinerito que les costó sangre, sudor y hasta lágrimas se lo llevan al “pastor” de la iglesia del licor. 


Todo se lo beben o se lo malgastan con las amiguitas. 


Y luego están mirando al cielo con las manos empuñadas diciendo: “Dios mío, por qué me tocó este destino”. 


Piensa por un momento que sientes al lado de una persona quejumbrosa. 


¿Verdad que sientes desprecio por esa persona y quieres salir corriendo? 


Bueno, ahora imagínate que siente el Universo, Dios, la Vida, o como prefieras llamarlo, ¿cuándo ve a uno de sus “hijitos” haciendo eso? 


Por eso es por lo que la gente sigue experimentando lo mismo que pide con sus actitudes. 


Así digan que no quieren esa vida de sufrimiento, pero con su actitud está diciendo que sí. 


Entonces es mi intención, mediante esta información, que dejes de quedarte de las cosas que no te gustan en tu vida. 


Si tienes problemas económicos, entonces comienza a invertir en tu educación financiera. 


Hoy en día no hay excusa para ser ignorante de cualquier tema. 


Para eso tienes una poderosa herramienta como lo es el internet. 


Lamentablemente la mayoría solo lo usa para ver chismes o tonterías de farándula.

Comparte:

Comprar PBA

Compra BPA

Contáctame

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Donaciones

Acerca de mí

Mi foto
Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

Notificaciones Telegram

Telegram
Canal Ingeniero Gabriel Salazar / AUTOPODER Recupera tu Poder Interior

Para recibir el vídeo de cada lunes en tu Telegram:

Ingresa a:
t.me/autopoder1
t.me/IngenieroGabrielSalazar
Grupo Telegram:
t.me/+Z7ZMi8tw4WdjYTcx

Vídeo Bienvenida

YouTube

Copyright © Ritmo Positivo 2009 - 2026. Con tecnología de Blogger.

Popular Posts