Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

Mostrando las entradas con la etiqueta presencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta presencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de enero de 2026

Vivir en piloto automático



Vivir en piloto automático

Hay momentos en la vida en los que todo parece estar en orden. 


No hay grandes crisis ni urgencias evidentes, pero algo dentro se siente apagado. 


Sigues levantándote cada día, cumples con lo que toca, avanzas. 


Sin embargo, ya no estás realmente ahí. 


La vida continúa, pero tú solo la acompañas. 


Eso es vivir en piloto automático. 


No sucede de golpe. El piloto automático se instala lentamente. 


Dejas de cuestionar decisiones, aceptas rutinas que no elegiste conscientemente y repites patrones solo porque siempre han estado ahí. 


Cuando te das cuenta, tu vida avanza, pero tu presencia se ha quedado atrás. 


Tengo una amiga que un día me dijo que, al despertarse, se preguntaba por qué todos los días parecían iguales. 


No era tristeza, era una sensación de repetición constante, de estar viviendo “otro día más”. 


No tenía pareja y se quejaba de que los hombres que se le acercaban lo hacían únicamente por el dinero que tenía. 


Su vida funcionaba, pero no fluía. Sin notarlo, estaba viviendo en piloto automático. 


En ese estado reaccionas más de lo que eliges. 


Respondes al trabajo, a las expectativas de otros, a las mismas decepciones. 


No porque quieras, sino porque nunca te detuviste a elegir diferente. 


Y así, poco a poco, vas cediendo partes de tu poder personal. 


Aparece entonces un cansancio que no se explica con descanso. 


No es físico, es interno. Es la señal de que algo dejó de conectar contigo. 


Vivir en piloto automático no es pereza ni falta de capacidad; es desconexión. 


El cambio no empieza con grandes decisiones, sino con una pregunta honesta: 


¿Esto que estoy viviendo lo sigo eligiendo o solo lo mantengo por costumbre? 


Cuando te haces esa pregunta, la conciencia despierta. 


Tal vez no estás perdido. Tal vez solo te desconectaste de ti. 


Y cuando recuperas la conciencia, recuperas el poder. 


Ese poder que siempre estuvo ahí, esperando a que vuelvas a habitar tu propia vida. 


Salir del piloto automático comienza con tomar conciencia de que estás viviendo desconectado. 


No implica cambios radicales, sino pausar, observarte y hacerte preguntas honestas. 


Revisar rutinas, introducir pequeños cambios y escucharte sin juzgarte ayuda a recuperar presencia. 


Asumir responsabilidad sobre cómo respondes a la vida devuelve la sensación de elección. 


Despertar no es un momento puntual, sino una práctica constante de volver a ti.

Comparte:

lunes, 8 de diciembre de 2025

Cuando la dignidad persiste en medio de la oscuridad



Cuando la dignidad persiste en medio de la oscuridad

Hay personas que uno no conoce realmente, pero que terminan dejándole una huella silenciosa, casi como si la vida las hubiera puesto allí para enseñarte algo sin decir una palabra. 


A mí me ocurrió con un señor que vive en condición de calle cerca de donde paso todos los días. 


No sé su nombre, no sé de dónde viene, y tal vez él tampoco sabe muy bien quién soy yo. 


Pero cada vez que lo veo, siento que su presencia me revela algo sobre la dignidad humana. 


Lo observo barrer la acera con una escoba vieja. 


No trabaja para nadie, no recibe un pago, y aun así lo hace con una especie de convicción humilde. 


Los vecinos le dan comida, y él lo sabe. 


Podría quedarse sentado esperando, sin mover un dedo, porque no necesita hacer nada para sobrevivir en lo básico. 


Pero aun así decide levantar la escoba y moverla, como quien todavía quiere ganarse, aunque sea un poco, el derecho a existir. 


Lo curioso es que tiene un saludo para todos cada vez que pasan. 


No importa si cruzo por su lado una o cinco veces: él saluda siempre. 


A veces apenas con un gesto, otras con un “buenas” que le sale suave, como si se obligara a recordarse a sí mismo que todavía forma parte del mundo. 


Es extraño, porque otros vecinos me han dicho que ha sido grosero con ellos, sobre todo con quienes no le dan nada. 


Pero conmigo nunca. Conmigo, siempre respeto. Y esa contradicción humana me hizo pensar mucho. 


Quizás en su mente —como en la de cualquiera de nosotros— hay una lucha invisible entre lo que recibe y lo que siente que merece. 


Porque incluso alguien que lo ha perdido todo quiere ser útil, quiere sentir que aporta algo, aunque ese “algo” sea barrer una acera que ni siquiera es suya. 


Cuando uno observa eso sin juzgar, empieza a entender que la dignidad no depende de la ropa, ni del dinero, ni de las circunstancias. 


La dignidad se sostiene en actos tan simples que no solemos notarlos… hasta que un día alguien nos los pone en la cara. 


No soy partidario de dar limosnas. 


A veces creemos que estamos ayudando, pero sin darnos cuenta estamos creando dependencia. 


Las costumbres, cuando se repiten, se vuelven leyes, y terminamos reforzando justo lo que queremos evitar. 


Pagamos impuestos, hay hogares y programas para personas mayores en situación de calle. 


Nada de eso es perfecto, pero existe. 


Y en vez de reemplazar esas estructuras con nuestra caridad momentánea, quizá deberíamos preguntarnos cómo ayudar sin apagar el deseo natural que todo ser humano tiene de merecer su propio sustento. 


Mirar a este señor barrer me enseñó algo que no había puesto en palabras hasta ahora: que incluso en la pobreza más dura, hay una parte del ser humano que se niega a desaparecer. 


Esa parte que quiere contribuir, ser útil, ganarse lo poco que recibe. 


Y entendí también que a veces la verdadera ayuda no es dar más, sino permitir que el otro conserve esa pequeña chispa de dignidad, ese impulso interior que lo mantiene vivo por dentro. 


Quizá no podamos cambiar el destino de todas las personas que viven en la calle. 


Pero sí podemos cambiar cómo las miramos, cómo las tratamos, cómo reconocemos que detrás de su situación hay una historia que no conocemos y un valor que no podemos medir. 


Podemos saludarlos, respetarlos y permitirles aportar algo, aunque sea mínimo. 


Y al hacerlo, no solo fortalecemos su dignidad… también fortalecemos la nuestra. 


Porque, al final, incluso la persona que parece tenerlo todo perdido puede ser un maestro disfrazado. 


Solo hace falta observar un poco más allá de la superficie para descubrirlo.

Comparte:

lunes, 10 de marzo de 2025

El Regalo que el Dinero No Puede Comprar



El Regalo que el Dinero No Puede Comprar

Si nos preguntaran que nos gustaría de regalo, yo creo que la mayoría de nosotros responderíamos sobre cosas materiales. 


Y eso está bien pues no creo que podamos regalarnos, por ejemplo, la salud por más que quisiéramos. 


Ni mucho menos el amor, así que a nivel general podríamos decir que nos gustaría de regalo un auto, una casa, etc. 


Sin embargo, teóricamente no solo esas cosas las podríamos comprar con dinero. 


Hasta cierto punto la salud y el amor también podemos “comprarlos”. 


Por ejemplo, yo he visto que a través de dinero algunas personas han podido comprar tratamientos muy efectivos que les han ayudado a recuperarse. 


Y ni qué decir del amor, pues anoche vi una parejita tan dispareja que se notaba que uno de ellos estaba vendiendo y el otro comprando el amor. 


Bueno al menos la compañía. 


A pesar de todo esto, existe un regalo que por más que quisieras comprarlo no alcanzaría el dinero del planeta para obtenerlo. 


Y paradójicamente nosotros lo podemos dar y es la mayor muestra de amor que le podemos dar a cualquier persona. 


Con esto me refiero al tiempo. 


Y simplemente porque es la única cosa que no podemos acumular ni retener. 


Es por eso que la mayor muestra de amor o el mejor regalo que le quieras dar a una persona es el tiempo. 


El tiempo que le estás dedicando a ver este video nunca va a regresar. 


Lo mismo, nadie me va a regresar el tiempo que yo me tomé en todo el proceso de publicación de este vídeo. 


Por ejemplo, en mi localidad tengo un buen amigo  que permanece muy ocupado. 


Pero cuando uno va a visitarlo, por más ocupado que esté, siempre deja lo que está haciendo para poder conversar con uno. 


Mira, aunque todos somos “conscientes” de algo tan sencillo como esto, en la práctica hacemos lo contrario. 


Y esto se debe a que damos por sentado a las personas que nos rodean y que amamos. 


Pensamos que siempre van a estar allí para nosotros. 


Es por eso que frecuentemente vemos en el social media, gente expresando que le gustaría que el cielo se abriera, al menos por 5 minutos, para darle un abrazo a ese ser querido que ya no está. 


Es un error muy común en nosotros pensar que estas cosas suceden a los demás. 


Que a nosotros nunca nos va a pasar. 


Y cuando ese momento llega, nos baja de la nube en que nos habíamos montado. 


Entonces si quieres confirmarle a esa persona que amas, que te importa, simplemente dale tu tiempo. 


No es necesario que dejes de hacer tus otras cosas importantes. 


A veces si no puedes visitarla, con una sola llamada es suficiente. 


En los pequeños y simples detalles están las mayores muestras de amor. 


Y no en los regalos caros y extravagantes.

Comparte:

Comprar PBA

Compra BPA

Contáctame

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Donaciones

Acerca de mí

Mi foto
Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

Notificaciones Telegram

Telegram
Canal Ingeniero Gabriel Salazar / AUTOPODER Recupera tu Poder Interior

Para recibir el vídeo de cada lunes en tu Telegram:

Ingresa a:
t.me/autopoder1
t.me/IngenieroGabrielSalazar
Grupo Telegram:
t.me/+Z7ZMi8tw4WdjYTcx

Vídeo Bienvenida

YouTube

Copyright © Ritmo Positivo 2009 - 2025. Con tecnología de Blogger.