Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 4 de mayo de 2026

¿Es esta vida algo maravilloso o una tribulación?



¿Es esta vida algo maravilloso o una tribulación?

Hace ya varios años, conocí a una persona que me pareció muy interesante pues ella enfocaba su vida basándose en el libro Un Curso de Milagros. 


Por si no conoces el libro, se trata de una colección de escritos “espirituales” y que propone un profundo cambio en la forma de pensar. 


Enseña que el miedo y el conflicto provienen del ego. 


Mientras que el amor y la paz son nuestra verdadera naturaleza. 


Tiene algunos ejercicios con los cuales busca ayudar a la persona a transformar su percepción de la vida. 


También a practicar el perdón y a alcanzar una verdadera paz interior duradera. 


Sin embargo, está señora en cierta oportunidad preguntó en un grupo de Whatsapp al cual este angelito lindo pertenecía, que, si tuvieras la oportunidad de regresar de nuevo a esta vida, ¿qué haríamos? 


Bueno, yo abrí mi gran bocota y respondí que a mí me gustaría regresar muchas veces a esta vida pues me parece maravillosa. 


Esto fue como le hubiera insultado a esta señora, pues salí regañado del grupo. 


En resumen, yo estaba mal porque esto no era para nada divertido y bla bla. 


Gracias al libro UCDM, yo aprendí a no perder el tiempo en discusiones ni tampoco intentar a convencer a la gente de mis creencias. 


Estas solo me sirven a mí, a nadie más. 


Así que yo agaché mis orejitas y me quedé calladito, porque así disfruto más la vida. 


En otras palabras, si le doy la razón a la señora con mi silencio, queda contenta ella y quedo contengo yo porque no tuve ningún conflicto. 


No me gané ningún malestar solo por tener la razón. 


Sin embargo, debo aclarar que en la actualidad comprendo perfectamente el punto de vista de la señora y le doy toda la razón. 


Esta vida puede ser muy maravillosa. Todo lo que quieras. 


Hay naturaleza, animales hermosos e incluso personas increíbles que hacen que tu vida sea más maravillosa. 


Pero tenemos que ser conscientes que no todo el tiempo es tan divertida. 


En mi trabajo yo me enfrento casi cada día a nuevos desafíos. 


Cosas que tengo que aprender sin el más mínimo conocimiento previo. 


Todo esto va generando en mi estrés y ansiedad cada día. 


Y no soy el único paciente con este problema. 


Millones de personas al rededor del mundo enfrentan no solo mi situación sino cosas adicionales como enfermedades, conflictos con parientes y muchas otras cositas más. 


Así pues, es muy probable que la señora de esta historia se estuviera enfrenando a múltiples frentes de conflictos, lo cual no le permitirá disfruta la vida, a pesar de tener un conocimiento sobre el libro UCDM. 


Esto en ningún momento hace a esta persona equivocada o mala. 


Simplemente todos vivimos diferentes circunstancias que nos amargan un rato los momentos. 


Al final, quizás la pregunta no es si esta vida es una maravilla o una tortura. 


Tal vez es ambas cosas, dependiendo del momento y de los ojos con los que la miremos. 


Hay días en los que todo fluye y la vida parece un regalo. 


Y hay otros en los que pesa, incomoda y nos pone a prueba. 


Pero incluso en medio de lo difícil, seguimos teniendo la capacidad de elegir cómo responder. 


Yo, por mi parte, sigo pensando que vale la pena volver. 


No porque todo sea perfecto, sino porque incluso con sus sombras, hay suficiente luz como para querer intentarlo otra vez. 


Las ideas del libro UCDM apuntan a que la percepción lo cambia todo, pero eso no elimina las experiencias duras, solo transforma cómo las vivimos.

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lunes, 27 de abril de 2026

Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)



Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)

Hay algo que nadie quiere aceptar… y es que no todo en la vida se resuelve luchando. 


Nos enseñaron que rendirse es perder. 


Que soltar es de débiles. 


Que si algo no funciona, entonces hay que insistir más, apretar más, luchar más. 


Pero la realidad es otra. 


Hay momentos en la vida donde seguir luchando… es exactamente lo que te está destruyendo. 


Y no hablo de rendirte con tus sueños. 


Hablo de esa lucha interna constante que no te deja en paz. 


Esa necesidad de controlar todo. De forzar situaciones. 


De querer que las cosas salgan exactamente como tú quieres. 


Porque cuando eso no pasa… te frustras. te desgastas. te rompes por dentro. 


Y lo peor de todo… es que en el fondo sabes que no está funcionando… pero sigues insistiendo. 


Como si la vida fuera una pelea que tienes que ganar. 


Pero la vida no está peleando contigo… eres tú peleando contra ella. 


Como si soltar fuera sinónimo de fracaso. Pero no lo es. 


De hecho, muchas veces… soltar es lo único que te permite avanzar. 


Te lo digo por experiencia. 


Hubo momentos en mi vida donde luché tanto por algo… que terminé perdiéndome a mí mismo. 


Por ejemplo, con el tema del dinero. 


Quería que las cosas funcionaran sí o sí. 


Quería que todo encajara. Quería tener el control. 


Y mientras más lo intentaba… peor se ponían las cosas. 


Hasta que llegó un punto donde ya no podía más. 


Y no fue una decisión bonita ni motivadora. 


No fue un “voy a soltar y todo estará bien”. 


Fue más bien un… “ya no tengo fuerzas para seguir peleando”. 


Y ahí pasó algo curioso. 


Cuando dejé de forzar… cuando dejé de resistir… cuando simplemente solté… las cosas empezaron a moverse. 


No como yo quería. Pero sí como necesitaba. 


Porque entendí algo que no había visto antes: 


No todo en la vida se arregla con más esfuerzo. 


A veces se arregla con más conciencia. 


A veces avanzar no es hacer más… es dejar de hacer. 


Dejar de insistir en lo que no fluye. 


Dejar de aferrarte a lo que ya no es para ti. 


Dejar de pelear con una realidad que no puedes controlar. 


Y ojo… esto no es conformismo. 


No es sentarte a esperar que la vida haga todo por ti. 


Es aprender a distinguir entre: lo que puedes cambiar y lo que te está pidiendo que lo sueltes 


Porque hay batallas que no se ganan luchando… se ganan dejándolas ir. 


Y sí… duele. Duele aceptar que no era por ahí. 


Pero si eres honesto… lo que realmente duele… es el ego. 


Duele soltar expectativas. 


Duele dejar atrás algo en lo que invertiste tiempo, energía, emoción. 


Pero duele más seguir en una lucha que te está consumiendo. 


Así que si hoy sientes que estás forzando demasiado algo… relájate un momento. 


No todo requiere que luches.  


A veces… lo más valiente que puedes hacer… es soltar. 


Y confiar en que al hacerlo… no estás perdiendo… estás avanzando… aunque tu ego lo sienta como una derrota.

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lunes, 13 de abril de 2026

El mundo no gira para ti… y este video te lo demuestra



El mundo no gira para ti… y este video te lo demuestra

Una de las cosas más silenciosas que está creciendo hoy en día es la soberbia de las personas. 


No esa soberbia evidente del que grita o humilla. 


Sino esa más peligrosa… la del que cree que todo lo merece. 


La del que piensa que lo que tiene, lo tiene porque es mejor que los demás. 


Y lo peor de todo… es que muchas veces ni siquiera se da cuenta. 


Vivimos en una época donde todo es rápido. 


La comida llega sin que sepamos quién la preparó. 


El dinero aparece en una pantalla sin entender el esfuerzo detrás. 


Los servicios funcionan… y creemos que siempre estarán ahí. 


Como si el mundo girara para complacernos. 


Pero déjame hacerte una pregunta. 


¿Qué pasaría si mañana desaparecen todas esas personas que hacen cosas por ti? 


No hablo solo de grandes cosas. 


Hablo del conductor que te transporta. 


De la persona que recoge la basura. 


Del que cultiva los alimentos que llegan a tu mesa. 


Del que arregla los cables para que tengas internet. 


Del que limpia los espacios que usas sin darte cuenta. 


¿Qué pasaría si todos ellos, simplemente, dejan de existir en tu vida? 


El mundo, tal como lo conoces… se detiene. Así de simple. 


Y en ese momento, muchas personas entenderían algo que hoy ignoran. 


Que no son autosuficientes. Que no son el centro del universo. 


Que viven gracias a una red invisible de esfuerzos que nunca agradecen. 


La soberbia tiene una característica muy curiosa. 


Te hace sentir grande… mientras te vuelve dependiente. 


Porque crees que no necesitas a nadie, pero en realidad dependes de todos. 


Solo que no lo ves. 


Y cuando esa ilusión se rompe… el golpe es fuerte. Muy fuerte. 


Mira, esto no es un discurso para hacerte sentir culpable. 


Es más bien una invitación. Una invitación a abrir los ojos. 


A entender que cada cosa que tienes, cada comodidad, cada facilidad… tiene detrás a alguien. 


Alguien que también tiene problemas. Alguien que también lucha. 


Alguien que también necesita respeto. 


Porque al final del día, la verdadera grandeza no está en creerte superior. 


Está en reconocer el valor de los demás. 


En agradecer lo que otros hacen por ti. 


En entender que nadie llega lejos solo. 


Y te digo algo… El día que como sociedad entendamos eso… muchas cosas van a cambiar. 


Habrá más respeto. Más empatía. Más humanidad. 


Porque la soberbia divide… pero la conciencia une. 


Así que la próxima vez que sientas que todo te pertenece… 


Recuerda esto. Tu vida, tal como la conoces hoy… existe gracias a otros. 


Y eso, lejos de hacerte pequeño… debería hacerte más humano.

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lunes, 2 de febrero de 2026

Dinero y espiritualidad: un diálogo interno



Dinero y espiritualidad: un diálogo interno

Durante mucho tiempo tuve una relación rara con el dinero. 


No de odio abierto, sino algo más sutil: culpa, desconfianza, la sensación de que si me acercaba demasiado algo malo podía pasar. 


Y curiosamente, mientras más intentaba ser “espiritual”, más lejos parecía quedar. 


En mi caso sí hubo alguien que lo dijo de forma directa. 


Una persona cercana solía advertirme: “¿Para qué quieres tanto dinero, si al final vas a terminar lleno de tubos para respirar?”. El mensaje era claro: el dinero te enferma. 


Años después esa misma persona falleció, y murió precisamente llena de tubos. 


En su funeral pensé algo que nunca pude decirle en vida: “¿Te fijas? El dinero no tenía la culpa. 


No lo tuviste… e igual terminaste llena de tubos”. 


Ahí entendí que había cargado durante años una creencia que no era verdad, solo miedo heredado. 


Con el tiempo empecé a repetir ideas que sonaban profundas, pero en el fondo eran defensas: que el dinero corrompe, que buscarlo te vuelve superficial, que lo espiritual está peleado con lo material. 


Y aunque pueden tener algo de verdad, también pueden ser una jaula. 


Recordé entonces a un personaje que decía que el dinero era el estiércol del demonio. 


En su exageración había un símbolo claro: el dinero como ídolo. 


Y ahí cayó la ficha. El problema nunca fue el dinero, sino el lugar que le damos. 


El dinero no es espiritual ni anti-espiritual. 


Es una herramienta. 


Pero cuando empieza a definir quién eres o cuánto vales, deja de ser herramienta y se convierte en juez. En ídolo. 


Y rechazarlo tampoco te hace más consciente; a veces solo te vuelve más limitado y resentido. 


Sanar mi relación con el dinero no fue empezar a amarlo, sino quitarle identidad. 


Entender que no me hace mejor ni peor, solo amplifica lo que ya soy. 


Desde ahí empecé a observar mis gastos sin culpa, a cobrar por lo que sé hacer sin disculparme y a guardar dinero sin sentir que hacía algo mal. 


Hoy entiendo que la espiritualidad real no huye del mundo. 


Lo habita con conciencia. 


Y que el dinero no es el enemigo del alma, sino un espejo del ego. 


No por tenerlo, sino por cómo lo usas y qué crees que dice de ti. 


Si este tema incomoda un poco, está bien. 


A mí también me incomodó escribirlo. 


Porque casi siempre, detrás de la incomodidad, hay una verdad esperando ser integrada.

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lunes, 11 de agosto de 2025

Cuando rechazamos el cambio que necesitamos



Cuando rechazamos el cambio que necesitamos

Creo que todos hemos sentido en algún momento esa sensación de estancamiento donde parece que camináramos en circulo. 


Nos vemos haciendo lo mismo todos los días, como en una especie de rutina que nos hace pensar, ¿bueno y que ha pasado con mi vida? 


¿A esto fue a lo que vine al mundo? 


¿A trabajar, hacer aseo y pagar cuentas? 


¿Y para cuando esas cositas que tanto nos gustan? 


Por ejemplo, por allá aproximadamente en el año 2006, un domingo al medio dia, acostado en mi cama me llegué a cuestionar todo esto. 


Puedo decir que mi vida cambio a partir de preguntarme si eso era todo a lo que uno venía a este mundo. 


Comenzó a llegar a mi vida información muy diferente y también comenzaron a ocurrir cosas muy diferentes. 


Algunas de esas cosas me gustaron y otras para nada. 


Pero si no hubiera sido por esa serie de eventos, no estaría en este punto de mi vida que tanto disfruto. 


Y con esto no te quiero decir que todos los días haga algo diferente. 


Al igual que tú también hago tareas rutinarias, pero el enfoque es que esas tareas las disfruto mucho y las hago con mucho amor. 


Si observas, la mayoría de gente odia lo que hace. 


Hacen su trabajo de mala gana, como por cumplir. 


Asean su hogar hasta con desprecio y rápidamente porque necesitan tiempo para poder cumplir con el resto de la “amada” rutina. 


Se han vuelto tan rutinarios que hasta la “diversión” se les vuelve predecible. 


Viajar al mismo lugar, escuchar la misma música, etc. 


En fin, cosas que ya se sabe cómo van a terminar. 


Y si algún “colaborambon” se atreve a decirles, “hey, y ¿por qué no intentas ir a otro sitio o divertirte de otra forma?”. 


De inmediato le responden: “no se meta, deje de ser sapo, es mi vida y yo veré lo que hago” y todas esas cositas bonitas que la frustración saca a flote en ese momento. 


Bueno, sí observas en esa respuesta está precisamente la clave del porque nuestras vidas se convierten en un círculo infinito de rutina y sufrimiento. 


Quien está “respondiendo” en ese momento no eres tú sino tu ego. 


Por si eres nuevo, en este blog hemos definido el ego como la estructura mental del merecimiento. 


Es eso que siempre te ha llevado a ser más y tener más. 


Y eso está muy bien porque a quien no le sirve el progreso, de eso se trata la evolución humana y el juego de la vida. 


Pero, lamentablemente hemos permitido que todo en la vida, incluso nuestras emociones sean dominadas por el ego. 


Por eso es por lo que somos los más lindos, los más fuertes, los más inteligentes, bla bla, así estemos bajo un mar de lodo por nuestras acciones. 


Nunca nos equivocamos, nuestro camino es el correcto, así estemos parados en el mismo punto desde hace años. 


Es por es que debemos aprender a escuchar lo que dicen otros, o lo que nos dice esa situación que tanto nos molesta. 


Y no te estoy diciendo que actúes como una vaca obediente caminando hacia el matadero y le digas amén a todo lo que otros te dicen. 


Recuerda que el mundo está rodeando de intenciones que desconocemos y potencialmente nos estarían perjudicando. 


Toda una vida es mejor equivocarse por las decisiones que uno mismo toma y no sentir ese dolor de equivocarse porque le hiciste caso a otro. 


Pero si al menos pregúntate si esa información que te dan te puede servir para algo, al menos en parte. 


Muchas veces la solución a tu vida estancada puede ser simplemente cambiar un pequeño detalle, conservando el resto de las cosas que haces. 


Si no escuchas a tu entorno te puedes estar perdiendo de una mejor vida.

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lunes, 4 de agosto de 2025

El precio de buscar aprobación



El precio de buscar aprobación

Hace muchos años, cuando nació mi hija, mi suegra vino a ayudarnos con el cuidado de mi esposa.  


Es una costumbre muy arraigada en esta región que, durante aproximadamente 40 días, algún familiar acompañe y cuide a la madre reciente, lo que comúnmente llamamos "cuidar la dieta".  


Un día, mi suegra me dijo que necesitábamos comprar algunos ingredientes para ese proceso, así que fuimos juntos a un supermercado cercano.  


Al llegar a la sección de carnes, se nos acercaron un par de señoritas ofreciéndonos un pollo.  


Aunque no estaba muy barato, decidí comprarlo porque, de todas formas, lo necesitábamos.  


Unos pasos más adelante, me topé con otra señorita que también ofrecía pollo, así que le pregunté el precio.  


Para mi sorpresa, era menos de la mitad del anterior.  


Sin pensarlo mucho, regresé a las primeras vendedoras, les devolví amablemente el pollo y les di las gracias.  


Pero en ese momento, noté cómo los rostros de mi suegra y el de la señorita se pusieron rojos de vergüenza.  


Solo repetían: “Qué vergüenza…”.  


Yo, sin dudar, les respondí: “¿Vergüenza por qué? Es mi dinero, y con él hago lo que se me dé la gran bendita voluntad. No tengo contrato de exclusividad con nadie.”  


Esta historia puede parecer graciosa, pero en realidad ilustra un problema muy común: la dificultad de decir “no” cuando algo no nos conviene, simplemente por el temor a lo que otros puedan pensar.  


Ese miedo al juicio ajeno impide que muchas personas vivan la vida que realmente desean.  


El doctor Luis Fernando Hoyos Aristizábal llamaba a ese fenómeno la “bobo fobia”.  


Esa sensación de tener que actuar para complacer a otros, por temor a parecer maleducado, desconsiderado o simplemente diferente.  


Por ejemplo, en el lugar donde entreno, muchas personas se preocupan más por estrenar ropa deportiva o tener los audífonos de moda que por el entrenamiento en sí.  


Yo, en cambio, voy con la ropa más vieja que tengo.  


Llevo una toalla pequeña, ya gastada, pero limpia, y un tarro con agua.  


Nada más. Voy a entrenar, no a desfilar ni a compararme con nadie.  


Recuerdo que una vez visité otro gimnasio y saludé a un señor que estaba allí.  


Apenas me vio, me escaneó de pies a cabeza y al rato se me acercó diciendo:  


— “A todos nos falta algo, pero veo que casi no tienes espalda.”  


Yo simplemente sonreí. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo: intentando desvalorizarme para sentirse superior.  


Insistió en que me grababa un video para que viera “la verdad”.  


Le respondí que no perdía mi energía en ese tipo de cosas y seguí entrenando.  


Al no obtener de mí la reacción que esperaba, el señor comenzó a sentirse incómodo.  


Durante la siguiente hora intentó acercarse varias veces, hacerme preguntas sin sentido, como buscando redimirse.  


Yo me despedí con cortesía, como si nada.  


Y es que lamentablemente, el mundo está lleno de personas así.  


Personas que sienten envidia y usan la “bobo fobia” para manipular, esperando que los demás actúen según sus deseos.  


Por eso quiero invitarte a que dejes de buscar la validación de otros.  


La única aprobación que realmente necesitas para vivir la vida que quieres es la tuya.  


Sé que no es fácil, sobre todo si has pasado años intentando complacer a los demás.  


Al principio puede parecer grosero o incómodo.  


Pero el truco está en dejar que tu ego fracase un poco.  


Sí, duele. Pero con práctica, te aseguro que vas a vivir con la libertad de ser tú mismo y hacer lo que realmente deseas.

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lunes, 23 de junio de 2025

Quejarse o Resolver: Una Decisión que Define tu Vida



Quejarse o Resolver: Una Decisión que Define tu Vida

Creo que no existe nada más frustrante que estar escuchando a nuestro lado a una persona quejarse constantemente. 


Lamentablemente esta vida no es un lugar lleno de ositos cariñositos dispuestos a darnos su amor. 


Ahora imagínate tú, con tus propios problemas por resolver y estar escuchando a un paciente (o pecienta) quejarse por tonterías. 


Y si observas, esta condición es el “deporte” nacional de casi todo el planeta. 


¿Podríamos concluir que la queja es algo que viene en nuestro ADN? 


Bueno, esta conclusión es totalmente correcta. 


Durante la mayor parte de la historia humana, sobrevivir era difícil. 


Los seres humanos que prestaban atención a los peligros (y se quejaban o se preocupaban por ellos) eran los que sobrevivían. 


Esto se conoce como sesgo de negatividad. 


Nuestro cerebro está más atento a lo malo que a lo bueno, porque ignorar un peligro podía ser mortal. 


Por ejemplo, un ruido en la selva puede ser un tigre. 


Mejor preocuparse y huir, aunque el 99% de las veces no sea nada. 


Vaya herencia la que tenemos de nuestros antepasados. 


Como que mejor hubiera sido que nos heredaran una fortuna. 


Ahora bien, a este “ADN” súmale que nuestra mente compara nuestra situación con la de los demás o con un ideal que hemos creado. 


Esto puede hacernos sentir que "nos falta algo", incluso cuando tenemos más que suficiente. 


Antes solo nos comparábamos con nuestro entorno. Ahora, con el social media, nos comparamos con miles de personas que parecen tener una vida “perfecta”. 


Esto ayuda que pequemos de mal agradecidos. 


La gratitud no es automática. 


Hay que entrenar la mente para enfocarse en lo bueno, pues, recuerda, la mente tiende naturalmente a enfocarse en lo malo. 


Eso fue lo que heredamos para sobrevivir ante los peligros. 


Y, por último, cuando logramos algo que deseamos mucho, esa satisfacción es temporal. 


Luego nos adaptamos y empezamos a buscar el siguiente objetivo. Es lo que se llama la treadmill hedónica (cinta sin fin de felicidad). 


Desde mi punto de vista, esto tiene que ver mucho con el ego, pues este constantemente nos dicta que debemos ser más y tener más. 


Finalmente nos ayuda a avanzar en la vida, pero en otros momentos nos perjudica. 


Tristemente el ser humano tiene una gran tendencia a quejarse por cosas que el mismo ha causado. 


Por ejemplo, yo conocí una pareja que tenían 2 niños. 


Cuando el señor recibía el pago por su trabajo, salían corriendo, junto con los niños a comprar cuanta cosa se les atravesara por el camino. 


Desde dulces, hasta cosas que no iban a utilizar, simplemente porque se veían bonitas. 


Yo no creo que pasaran ni siquiera 2 semanas y esta pareja ya comenzaba a hacer “maromas” para poder cumplir con las obligaciones del hogar. 


Luego se escuchaban diciendo que el dinero no les alcazaba, que el gobierno era una porquería, que la gente no les ayudaba y bla bla. 


Mejor dicho, no sé cómo le hacían para llegar a fin de mes, solo para repetir este ciclo por años. 


Error financiero, deudas y quejas. 


Si nos quejamos y no hacemos nada, seguiremos en el mismo malestar por siempre jamás, ¡amén! 


Debemos actuar pues cuando solucionamos algo, es una de las cosas que más satisfacción nos puede producir. 


Mira, yo entiendo perfectamente que es querer cambiar algo y no tener ni la más mínima idea de cómo hacerlo o por donde empezar. 


A mí me ha pasado muchas veces y si te soy honesto, me he demorado mucho tiempo en lograr lo que quería. 


No sabía ni que hacer o como empezar, entonces hice lo que pude con lo que tenía o sabia en ese momento. 


Pero te puedo asegurar algo y es que, si tu insistes en solucionar algo o corregirlo, las “casualidades” de la vida se unen para que llegues a tu meta. 


Es como si existieran fuerzas desconocidas que se unen para que logremos eso que buscamos. 


Pero si te quedas esperando al angelito de traje, que baje del cielo con una maleta llena de un millón de dólares a solucionarte la vida, te vas a envejecer allí sentado. 


Esas cosas no pasan, ni en el cine. 


Nadie va a venir a darte nada ni a salvarte de nada. 


Eres tú solito con tus decisiones asertivas que puede crear la vida que ha soñado.

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lunes, 12 de mayo de 2025

El caos mental no es casualidad



El caos mental no es casualidad

No sé si habrás notado, pero últimamente hay demasiada gente sabia. 


Saben de todo y, sobre todo, se tiene la tendencia a afirmar que todo es malo. 


El agua es mala, el sol es malo, el arroz es malo, la grasa es mala, el ejercicio es malo, el sedentarismo es malo, el pan es malo, el azúcar, comer mucho, comer poco, etc. 


Mejor dicho, estamos vivos es por obra y gracia del Espíritu Santo. 


No te puedo asegurar si esto es un plan elaborado para fomentar el miedo a nivel general 


O si es una programación mental para dispersar a la gente, o lo que sea. 


Pero es algo que actualmente está de “moda”. 


Como si todos se pusieran de acuerdo, agarraditos de la mano. 


Y lo peor de esto es que mucha gente lo cree, porque lo dicen los “expertos”. 


Ah, o también la vieja frase confiable: “según un estudio”. 


El caso es que esto es una de las mayores fuentes de malestar que podemos llegar a tener en nuestras vidas. 


Lamentablemente, los seres humanos somos muy maleables. 


Nos dejamos llevar con mucha facilidad en ideas que en apariencia nos parecen lógicas. 


Luego escuchamos la contraria y nos confundimos, pues al final no sabemos quién tiene la razón. 


Así pues, en nuestro cerebro entra en un estado que se conoce como disonancia cognitiva. 


Esto vendría siendo una tensión o incomodidad mental que ocurre cuando una persona tiene dos creencias o valores contradictorios al mismo tiempo. 


Como una de las funciones principales del cerebro es mantener la coherencia, busca una forma de resolver o disminuir ese conflicto. 


En algunos casos lo resuelve dándole más peso a la información que ya creía. 


Esto es lo que se conoce como sesgo de información. 


En otros casos reinterpreta las informaciones, intentando integrarlas. 


Algo así como la frase: “sí pero no”. 


Aunque interiormente seguimos con la duda. 


O finalmente la persona puede cambiar de creencia si la “nueva” idea que recibió tiene mayor peso. 


Aunque es muy poco probable que esto último ocurra, pues recuerda que nuestro ego siempre desea tener la razón. 


Finalmente, mientras tu cerebro resuelve esto, has estado generando mucho malestar en tu vida. 


Y ahora la pregunta importante es, ¿si una sola contradicción genera tanto malestar, que puede pasar con una persona que está sometida todos los dias a diferentes contradicciones? 


Como nuestro cerebro tiene que trabajar más se va a enfrentar a la fatiga mental. 


Donde puedes llegar a experimentar cansancio mental, dificultad para concentrarte, estrés, ansiedad y sensación de confusión o saturación. 


Una de las cosas que más llama mi atención sobre esto es que al estar expuesto constantemente a ideas contradictorias genera un ambiente mental caótico. 


¿Y sabes que ocurre si durante mucho tiempo estás expuesto a esto? 


Tu cerebro genera mayor dependencia de autoridades externas para decidir qué pensar o creer. 


Esto es lo que me hace dudar que este tipo de “modas” no sean casualidad. 


El cerebro necesita coherencia, y si no la encuentra, entra en conflicto. 


Si ese conflicto se vuelve constante y sin resolución, puede producir: ansiedad, confusión, apatía y vulnerabilidad a la manipulación. 


Y tal vez me digas en este momento: “bueno Gabrielito lindo, ¿cómo podemos protegernos si estamos expuestos a esto?”. 


Pregúntate, ¿de dónde viene esa información que tanto te confunde? 


Bueno, si ya sabes que proviene de ese aparatito que tienes en tus manos, comienza a controlar lo que ves, y donde colocas tu atención. 


Como mencioné anteriormente, mucha gente repite lo que ve en el social media. 


Por ejemplo, en mi entorno escucho que X cosa es buena/mala. 


Y como yo soy demasiado desobediente, adivina que hago. 


Mira, soy muy dado a pasarme las opiniones de los demás por el forro y hacer mi gran bendita voluntad. 


Así que la mejor forma de evitar que termines haciendo lo que otros desean es: 


#1 controla lo que estás ingresando en tu mente. 


#2 has tu sagrada y gran bendita voluntad. 


Si algo te gusta, no dejes de hacerlo porque alguien te dice que es malo, pecaminoso, etc. 


Ahora tampoco te vayas a los extremos. 


Recuerda que todo con mesura es beneficioso. 


Y si no sabes que hacer frente a algo, escucha tu intuición. 


Absolutamente todos tenemos en nuestro interior un “guía” que nos dice si algo nos conviene o no. 


Solo debes escucharlo y preguntarte si eso que vas a hacer te produce alegría, verdad y amor.

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lunes, 14 de abril de 2025

El Ego y la Trampa de la Arrogancia: Cómo Liberarte de la Opinión Ajena



El Ego y la Trampa de la Arrogancia: Cómo Liberarte de la Opinión Ajena

Creo que todos “odiamos” a las personas soberbias y/o arrogantes. 


O por decirlo de forma más exacta, nos caen mal. 


Aunque una cosa es ser soberbio y otra muy diferente soberbio y divertido como lo es este angelito. 


Normalmente solemos confundir las palabras soberbia y arrogancia. 


La soberbia es una actitud de superioridad que a menudo se refleja en un exceso de confianza. 


La arrogancia es más activa y suele implicar conductas o palabras que denotan desprecio hacia otros. 


Podemos decir que la mayoría de nosotros hemos conocido personas arrogantes. 


Por ejemplo, hace poco conocí una de ellas, o al menos eso fue lo que me dijeron de ella. 


Porque desde mi punto de vista esta persona ha sido uno de los seres humanos más humildes que he conocido. 


Sin embargo, no todo el tiempo fue así. 


Esta persona se expresaba despectivamente de aquellos que no aprobaba a simple vista. 


Los llamaba tontos, ladrones y todo ese tipo de cositas “bonitas” que suelen decir los arrogantes de los demás. 


¿Y sabes en que terminó todo eso? 


Resulta que esta persona cayó en una enfermedad terminal que la puso a vivir con las orejitas agachadas. 


Aquí es cuando uno se pregunta ¿de qué sirve entonces vivir una vida de apariencia, de cuidado de nuestra imagen, etc., si al final no es mucho lo que duramos? 


Porque todo lo que estás viendo en algún momento va a llegar a su final. 


Nuestro sol, incluso este Universo que nos parece eterno, en algún momento va a expirar. 


Así pues, aunque consciente o inconscientemente sabemos esto, ¿qué es lo que nos hace ser arrogantes? 


Bueno, es el bendito Ego. 


Por ejemplo, si tú estás intentando bajar de peso y estás realizando una determinada dieta, no ha de faltar el que te diga: “¿huy que te pasó? O estás hecho una garra”, etc. 


Tú ego, que jamás quiere perder, comienza a “hablarte” mediante emociones a que no te dejes ganar. 


Es por eso que sientes en un momento como esos, la necesidad de explicar porque estás tan flaco. 


“Es que estoy haciendo una dieta, es que es por mi bien, es que bla bla”. 


Y así nos sucede con todo lo alguien “critica” de nosotros o no sale como lo esperamos. 


Y mira que nosotros somos tan inocentes que nos dejamos llevar por el ego y en la gran mayoría de casos dejamos de hacer lo que iniciamos para complacer no la opinión de otros, sino la de nuestro ego. 


En el caso del ejemplo de la persona que hace dieta, es lógico que va a suspenderla. 


Mira, demasiada gente conoce estas cositas, y siempre te han estado manipulando con tu ego. 


Si quieres controlar esta situación y no al contrario, existe un ejercicio muy interesante que te ayudará. 


Pero eso sí, al principio te va a poner a sufrir, porque se trata de poner a perder tu ego. 


Por ejemplo, en el caso de la persona que bajaba de peso, al escuchar comentarios “negativos” sobre su figura, la idea es guardar silencio. 


No responder, ni explicar nada. 


Simplemente pasarte por el forro esa opinión. 


Al principio te va a arder. 


Pero con el tiempo, te vas a dar cuenta que te estás liberando de una gran carga emocional. 


Una carga que te ha tocado llevar por simplemente dejarte llevar por ese impulso de no perder.

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lunes, 3 de febrero de 2025

El Secreto para Ganar Cualquier Discusión



El Secreto para Ganar Cualquier Discusión

Todos quisiéramos tener siempre la razón cuando estamos hablando con alguien. 


No existe nada más satisfactorio que “ganar” una discusión o tener la razón cada vez que abrimos la bocota. 


Es por eso que una de las cosas que mayor malestar no trae en buscar siempre tener la razón. 


Es como si nuestro ego, que siempre nos impulsa a avanzar, nos dijera al oído: “dale, tú puedes. Solo falta poco para ganar la discusión”. 


Respecto a esto, hace ya algunos meses me encontraba hablando con un buen amigo. 


No recuerdo muy bien la conversación, pero creo que tenía que ver con dietas y alimentación. 


Por supuesto, este angelito que desde la adolescencia ha estado en el mundo del fitness, tenía los argumentos y sobre todo la razón absoluta sobre el tema. 


Mi amigo me comenzó a decir sus argumentos, que para mí no eran válidos, pues este paciente apenas había comenzado a leer sobre el tema. 


Bueno llegó entonces el punto donde ambos comenzamos a hablar al mismo tiempo para “tener” la razón y “ganar” la discusión. 


Entonces fue allí cuando mi amigo me dijo: “¿Sabe qué? ¡Usted tiene toda la razón!”. 


De esta forma queda usted contento porque tiene la razón y quedo contento yo porque no gasto energía en una conversación sin sentido. 


Al final de cuentas, cada uno se va a ir para su casa pensando que tienen la razón, que ganó y sobre todo que “convenció” al otro con sus poderosos argumentos. 


Yo creo que esta ha sido una de las mayores enseñanzas para ganar el bienestar de forma fácil y rápida. 


A partir de ese día, si estoy hablando con alguien y veo que la conversación se vuelve una pelea de egos por ganar quien tiene la razón, siempre respondo eso. 


Y no te imaginas la paz emociona que uno siente de no haber entrado en el juego de ganar una discusión. 


Te recomiendo que lo pruebes. 


Como es lógico, al principio tu ego te va a “decir” que no te dejes y bla bla. 


Que como vas a dejarlo ganar si está equivocado. 


Pero con el paso del tiempo te vas dando cuenta que sale más beneficioso dar la razón que el desgaste emocional de buscar ganar. 


Y suponiendo que “ganes”, ¿es qué acaso estás ganando más vida, belleza, dinero o qué otra cosa? 


Bueno así que es mi intención, mediante esta información estimularte a dejar de perder tu bienestar por un momento de “felicidad” efímera. 


La verdad, esta vida no solo es maravillosa, sino muy cortita como para perder el tiempo en algo que no sea disfrutarla.

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lunes, 4 de noviembre de 2024

Diferenciando la Intuición del Ego: El Camino hacia la Asertividad



Diferenciando la Intuición del Ego: El Camino hacia la Asertividad

Una de las cosas más inteligentes que podemos hacer en nuestra vida es escuchar nuestra intuición. 


Lamentablemente esta “voz interior” se suele confundir mucho con el ego. 


Para darte un ejemplo de las diferencias entre estas dos capacidades que tenemos, podríamos decir que la intuición es una “voz” muy sutil. 


Y digo voz entre comillas pues en realidad es algo que sentimos y que nos advierte de algo o alguien. 


Pero esta “voz” tiene la particularidad de ser muy sutil, como algo muy suave y casi imperceptible que normalmente pasamos por alto. 


Por el contrario, el ego, ese sí que hace ruido. 


De hecho, estamos tan familiarizados con él, que domina parte de nuestras emociones. 


Cuando escuchamos el ego, somos los más lindos, los más inteligentes, los demás son los tontos y los que se equivocan, etc. 


Para poderte ilustrar con un buen ejemplo, el día de ayer conocí el caso de un industrial que se dedica a fabricar losas para pisos. 


Lo interesante de este fabricante, es que se ha especializado en imprimir en esas losas arte de las diferentes culturas indígenas de este país. 


Y lo más inquietante es el tiempo que lleva haciéndolo. 


Por aproximadamente unos 40 años, este señor se ha dedicado en alma, vida y sombrero a sacar el proyecto adelante. 


¿Y adivina a cuantas personas les ha podido vender este arte? 


Aunque no me lo creas a 0 pacientes. 


Este industrial ya tiene 80 años de edad, así que ha pasado la mitad de su vida en un proyecto que es muy particular. 


Varios de sus amigos le han intentado decir por todos los medios que oriente su industria a algo más comercial. 


Pero este señor siempre responde que esto es para museos, alcaldías e instituciones similares. 


Bueno, no es casualidad que no haya vendido ninguna pieza y durante estos 40 años se ha gastado unos 240 mil dólares en comercializar su producto. 


Él cree firmemente en su proyecto pues su “intuición” se lo está dictando constantemente. 


Y vamos a darle el beneficio de la duda, pues no sabemos si de aquí a mañana alguien le siga la corriente y este señor se vuelva millonario. 


Todo es posible. 


Pero dentro de la estadística, todos sabemos que esas posibilidades no son muy altas que digamos. 


Esto nos suele pasar muchas veces. 


Somos tercos y por más que la gente a nuestro alrededor nos diga que cambiemos de enfoque, esas recomendaciones nos las pasamos por el forro. 


Y todo esto se debe a que le hemos dado demasiada obediencia a nuestro ego. 


Cuando en realidad nuestra verdadera voz interior está afónica de tantos gritos que nos pega y nosotros nada que la escuchamos. 


Así que es mi intención, mediante esta información que estés muy alerta con las advertencias que te da tu entorno respecto a tus proyectos. 


La Vida nos ama tanto que, aunque no sepamos escuchar nuestra voz interior, nos advierte las cosas mediante parientes, amigos, colegas, incluso mediante la música, etc. 


Lo que tenemos que aprender es a ser prudentes al escuchar lo que nos dicen. 


No salir corriendo a obedecer, sino más bien comparar e intuir las intenciones de los demás. 


Por eso es mejor entrenarte para escuchar tu propia voz interior y así ser más asertivo con tu vida.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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