Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 7 de septiembre de 2026

Cuando ganar una discusión significa perder una relación



Cuando ganar una discusión significa perder una relación

Hay personas que necesitan tener la razón en absolutamente todo. 


No importa si están hablando con su pareja, con un amigo o con alguien que quieren. 


Si sienten que están equivocadas… necesitan demostrar que no. 


Y aquí viene algo que quizás no nos guste reconocer. 


A veces no estamos defendiendo la verdad. 


Estamos defendiendo nuestro ego. 


Hay discusiones que empiezan por cosas insignificantes. 


Quién dijo qué. Quién hizo algo primero. Quién entendió mal. 


Y de repente… Una conversación de cinco minutos termina convirtiéndose en una pelea de horas. 


Esto pasa porque dejamos de intentar solucionar el problema y empezamos a intentar ganar. 


Y cuando quieres ganar una discusión, dejas de escuchar. 


La otra persona habla… Y tú ya estás preparando tu respuesta. 


Te dice cómo se sintió… Y tú respondes: “Pero tú también lo hiciste.” 


Y quizás tengas razón. 


Pero puedes tener razón… y aun así estar destruyendo algo importante. 


Porque tener la razón no siempre significa estar haciendo lo correcto. 


Piensa en esto. ¿Qué ganas cuando consigues demostrarle a alguien que estaba equivocado? 


¿Un punto? ¿La satisfacción de decir “te lo dije”? ¿Y qué puedes perder? 


La confianza. La tranquilidad. La cercanía. Tal vez incluso una relación. 


El ego es extraño. Prefiere tener razón antes que estar en paz. 


Prefiere decir “te lo dije” antes que decir “perdóname”. 


Y muchas veces nos cuesta más reconocer un error que perder a una persona. 


No se trata de aceptar todo. Hay momentos para poner límites. 


Hay momentos para defenderse. Y hay momentos en los que realmente tenemos razón. 


Pero tener razón también implica saber qué hacer con ella. 


Puedes utilizarla para humillar… o para construir. 


Puedes decir: “Te lo dije, estabas equivocado.” 


O simplemente: “Creo que estamos viendo las cosas de manera diferente. Hablemos.” 


No todas las discusiones necesitan un ganador. Algunas necesitan comprensión. 


Otras necesitan una disculpa. 


Y algunas necesitan que alguien tenga la madurez suficiente para decir: “Puede que tengas razón.” 


Eso no te hace débil. Al contrario. 


Cuando dejas de necesitar tener siempre la razón, empiezas a escuchar mejor, a aprender más y a vivir con menos necesidad de demostrar quién eres. 


Así que la próxima vez que estés en medio de una discusión, detente un momento y pregúntate: 


¿Qué quiero ganar? ¿La discusión… o la relación? 


Porque algunas veces… ganar una discusión es la forma más rápida de perder a alguien. 


Saber cuándo defender una idea… y cuándo vale mucho más la pena conservar una relación. 


Porque no siempre gana quien tiene la razón. 


A veces gana quien sabe cuándo dejar de pelear.

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lunes, 31 de agosto de 2026

El miedo al rechazo está tomando decisiones por ti



El miedo al rechazo está tomando decisiones por ti

¿Cuántas cosas has dejado de hacer por miedo a que alguien te diga que no? 


Tal vez no escribiste ese mensaje. No dijiste lo que sentías. 


No pediste una oportunidad. No pusiste un límite. No comenzaste ese proyecto. 


No te acercaste a esa persona. Y quizás nadie te rechazó… 


Porque fuiste tú quien decidió no intentarlo. 


El miedo al rechazo puede ser muy silencioso. 


No siempre aparece como miedo. A veces se disfraza de excusas. 


“Mejor después.” “Seguro no va a funcionar.” “Para qué intentarlo.” “Eso no es para mí.” 


Pero detrás de muchas de esas frases puede existir una pregunta: ¿Y si me rechazan? 


Y a veces esa pregunta también se convierte en: ¿Qué van a pensar de mí? 


El problema comienza cuando dejamos que esas posibilidades tomen nuestras decisiones. 


Porque queremos evitar sentirnos mal y terminamos evitando también las oportunidades de crecer. 


Esto ocurre especialmente en las relaciones. 


Hay personas que soportan situaciones que no quieren porque tienen miedo de quedarse solas. 


Dicen que sí cuando quieren decir que no. Callan para evitar discusiones. 


Aceptan menos de lo que merecen por miedo a perder a alguien. 


Pero… ¿De qué sirve conservar una relación si para hacerlo tienes que perderte a ti mismo? 


El rechazo duele. Claro que duele. 


Que alguien no te elija puede hacernos cuestionar nuestro valor. 


Pero que alguien diga “no” no significa que tú no seas suficiente. 


A veces simplemente significa que no eres lo que esa persona está buscando. 


Y está bien. Tú tampoco eliges a todas las personas. 


No todos los caminos son para ti. No todas las relaciones funcionan. 


No todas las oportunidades llegan en el momento correcto. 


Crecer también significa aprender a aceptar que algunas cosas no van a salir como queremos. 


Porque si quieres crecer, tendrás que arriesgarte. Tendrás que preguntar. 


Intentar. Hablar. Equivocarte. Y algunas veces escuchar un “no”. 


No puedes controlar si alguien te acepta o te rechaza. 


Tampoco puedes controlar lo que los demás piensan de ti. 


Pero sí puedes decidir cuánto poder les das sobre tus decisiones. 


Puedes recibir un “no” sin convertirlo en: “No valgo.” “No soy capaz.” “No soy suficiente.” 


Y quizás lo más importante… Puedes dejar de rechazarte antes de que los demás tengan la oportunidad de hacerlo. 


La próxima vez que estés a punto de hacer algo y aparezca el miedo, pregúntate: 


¿Realmente no quiero hacerlo? ¿O tengo miedo de que me rechacen? 


¿O estoy pensando demasiado en lo que los demás van a decir? 


Porque existe una gran diferencia. Cuando decides porque no quieres… 


Estás eligiendo. Pero cuando decides porque tienes miedo… El miedo está eligiendo por ti. 


No necesitas dejar de sentir miedo. Necesitas aprender a no obedecerlo siempre. 


Porque tal vez el verdadero autopoder comienza cuando dejas de preguntarte: 


“¿Y si me rechazan?” “¿Qué van a pensar de mí?” 


Y empiezas a preguntarte: “¿Qué quiero hacer yo?” 


Porque al final… No se trata de conseguir que todos te acepten. 


Se trata de no rechazarte a ti mismo para conseguir la aprobación de los demás.

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lunes, 24 de agosto de 2026

La carrera que nunca vas a ganar



La carrera que nunca vas a ganar

Vivimos en una época donde comparar nuestra vida con la de los demás se ha vuelto casi automático. 


Basta con abrir una red social para encontrar personas viajando, sonriendo, alcanzando metas, comprando una casa, iniciando un negocio o compartiendo el "momento perfecto". 


Sin darnos cuenta, comenzamos a preguntarnos: "¿Por qué mi vida no se ve así?" 


El problema no es admirar los logros de otros. 


El problema aparece cuando usamos esas publicaciones como una medida para evaluar nuestro propio valor. 


Las redes sociales no muestran la vida completa de las personas; muestran una selección de los mejores momentos. 


Vemos el ascenso, pero no los años de esfuerzo. 


Vemos el cuerpo saludable, pero no las horas de entrenamiento. 


Vemos la pareja feliz, pero no las discusiones que nunca se publican. 


Vemos el éxito, pero casi nunca los fracasos que lo hicieron posible. 


Es como intentar conocer un libro leyendo únicamente sus últimas páginas. 


Cuando olvidamos esto, empezamos a creer que los demás viven mejor, son más felices o tienen menos problemas que nosotros. 


Esa percepción, aunque parezca real, está profundamente distorsionada. 


Cada vez que comparas tu proceso con el resultado de otra persona, estás jugando una carrera que nunca podrás ganar. 


Siempre habrá alguien con más dinero. Siempre habrá alguien con más experiencia. 


Siempre habrá alguien con más seguidores. Siempre habrá alguien que parece más exitoso. 


Si tu bienestar depende de superar a todos los demás, nunca encontrarás tranquilidad. 


La comparación constante roba algo mucho más valioso que la felicidad: roba la capacidad de reconocer tus propios avances. 


Imagina dos corredores. Uno participa en una maratón. El otro corre cien metros planos. 


¿Tendría sentido compararlos? Probablemente no. 


Sin embargo, eso hacemos todos los días. 


Nos comparamos con personas que tienen historias diferentes, oportunidades distintas, edades distintas, responsabilidades distintas e incluso objetivos completamente diferentes. 


No conocemos el punto de partida de los demás, pero juzgamos el nuestro como si todos hubiéramos comenzado desde el mismo lugar. 


Detrás de una fotografía perfecta pueden existir ansiedad, estrés, soledad, problemas familiares, deudas, miedo al fracaso o un profundo cansancio emocional. 


Las redes sociales no mienten necesariamente, pero muestran solo una parte de la realidad. 


Y cuando comparas tu vida completa con los mejores segundos de otra persona, la comparación siempre será injusta. 


Existe una comparación que sí puede ayudarte a crecer. 


No es con tus amigos. No es con tus compañeros de trabajo. 


No es con los influencers. Es contigo mismo. 


Pregúntate: ¿Soy una mejor persona que hace un año? 


¿He aprendido algo nuevo? ¿Manejo mejor mis emociones? 


¿He superado dificultades que antes me parecían imposibles? 


¿Estoy avanzando hacia la vida que realmente quiero? 


Esas preguntas generan crecimiento. Las demás, muchas veces, solo generan frustración. 


Si notas que las redes sociales afectan tu autoestima, prueba pequeños cambios. 


Limita el tiempo que pasas comparándote con otras personas. 


Sigue cuentas que te inspiren en lugar de hacerte sentir insuficiente. 


Recuerda que nadie publica todos sus problemas. 


Dedica más tiempo a construir tu propia historia que a observar la de los demás. 


Celebra tus avances, aunque parezcan pequeños. 


El progreso no siempre es visible, pero sigue siendo progreso. 


La vida no es una competencia contra los demás. 


Es un proceso de crecimiento personal. 


Cada persona tiene su propio ritmo, sus propios desafíos y su propio camino. 


La verdadera meta no es llegar antes que otros, sino convertirte, poco a poco, en una mejor versión de ti mismo. 


Porque la carrera más importante no ocurre en las redes sociales. 


Ocurre dentro de ti.

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lunes, 16 de marzo de 2026

El Autopoder no es fuerza de voluntad



El Autopoder no es fuerza de voluntad

Una de las cosas que más nos frustra es querer cambiar… y no poder. 


Queremos empezar a hacer ejercicio. 


Queremos leer más. 


Queremos dejar de perder tiempo. 


Y pasan los días. 


Y seguimos igual. 


Entonces empezamos a decir que nos falta disciplina. 


Que somos débiles. 


Que no tenemos carácter. 


Pero el problema no es la fuerza de voluntad. 


Es el diseño. 


Hace poco leía a James Clear en su libro Hábitos Atómicos y hay una idea que me pareció demasiado poderosa por lo simple que es: 


Si quieres crear un buen hábito, hazlo fácil. 

Si quieres eliminar uno malo, hazlo difícil. 


Nosotros hacemos lo contrario. 


Queremos leer, pero el libro está guardado. 

Queremos dejar el celular, pero dormimos con él en la mano. 

Queremos comer mejor, pero llenamos la casa de tentaciones. 


Y luego decimos que no podemos. 


No es que no puedas. 


Es que lo hiciste fácil. 


El entorno siempre gana. 


Si quieres hacer ejercicio, deja la ropa lista desde la noche anterior. 


Si quieres dejar redes sociales, elimina las apps. 


Si quieres ahorrar, automatiza el dinero antes de gastarlo. 


La mayoría de las personas ahorra así: 


Reciben el dinero → pagan cosas → gastan en lo que aparece → y si sobra algo… ahorran. 


El problema es que casi nunca sobra. 


Porque el cerebro siempre encuentra en qué gastar. 


Entonces dependes de tu fuerza de voluntad. 


Y la fuerza de voluntad se cansa. 


Ahora mira el mismo escenario, pero diseñado de forma inteligente: 


Recibes el dinero → automáticamente una parte se va a una cuenta de ahorro → el resto queda disponible para gastar. 


Eso cambia todo. 


Ya no estás decidiendo si ahorrar o no. 


Ya está hecho. 


No depende de tu estado de ánimo. 


No depende de si viste una oferta. 


No depende de si tuviste un día difícil. 


El sistema decide por ti. 


Y aquí está lo importante: 


No estás confiando en tu disciplina. 


Estás confiando en tu diseño. 


Haz que lo que te conviene sea sencillo. 


Haz que lo que te perjudica requiera esfuerzo. 


Eso es Autopoder. 


No es resistir todos los días. 


Es anticiparte. 


Es diseñar tu vida para que lo correcto sea lo cómodo. 


Porque cuando algo es fácil, lo repites. 


Y cuando lo repites, se convierte en parte de ti. 


Tal vez no eres débil. 


Tal vez solo estabas jugando en modo difícil. 


Cámbialo. 


Simplifica. 


Diseña. 


Y deja que el sistema trabaje a tu favor. 


El autopoder no es luchar contra ti todos los días. 

Es dejar de ponerte obstáculos y empezar a construir el camino.

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viernes, 23 de septiembre de 2016

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mi lugar en el Mundo

Autopoder.com
Año tras año, por esta época de fin de año, he podido observar a las personas que me rodean realizar diferentes rituales para que este año si les vaya bien o mejoren sus finanzas, o mejore su salud, o puedan encontrar con quien compartir el amor que tienen para dar.

Año tras año, veo como esas metas no se cumplen y las que más avanzan se quedan a mitad de camino. Al final del 2011 veremos que muchos seguirán ganando poquito o seguirán en su mismo y aburrido trabajo, o quizás sean despedidos de este. Otros seguirán más enfermos y otros darán con alguna persona que les traiga más infelicidad y conflicto en sus relaciones.

Pero ¿por qué pasa esto? Y sobre todo ¿por qué lo permitimos? Como vimos en la entrada anterior, nuestro cerebro ante estas preguntas genera emociones de impotencia y desesperanza junto con voces similares a “es que es el karma” o “es que la mala suerte” o “esperemos a ver si más adelante o el próximo año o en la otra vida”, etc.

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De acuerdo a mis investigaciones, nuestra vida no se desarrolla por nuestros deseos y sueños o anhelos. Si así fuera ya tendrías todo lo que deseas o anhelas. Nuestra vida se desarrolla de acuerdo a nuestras intenciones que tengamos sobre ella. ¿Cómo puede una persona tener el deseo que mejore su economía, esperando que las cosas cambien por si solas, sólo con un ritual que simboliza algo?

En realidad esto ocurre y lo permitimos porque no hacemos consciencia de nuestro lugar en el Mundo. No sentimos amor por lo que hacemos y no buscamos con amor lo que deseamos. Estamos más pendientes de criticar la vida que de alabar sus “pequeños” detalles que nos permiten estar en el eterno presente.

Por favor realiza un sincero análisis de emociones que corren en tu cuerpo ante estas preguntas:

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¿Recuerdas qué desayunaste ayer?
Vamos a suponer que desayunaste pan, huevos, café o chocolate en leche.
¿Te has detenido a pensar todo lo que ocurrió para que tú pudieras tomar tú desayuno?
Por ejemplo, ¿Quién preparó el pan, recogió el café o los granos de cacao u ordeñó la vaca?
¿Quién se tomó el trabajo de transportarlo hasta el supermercado?
¿Quién lo llevó hasta tu casa?
¿Quién lo preparó?
Y más importante ¿por qué lo preparo?

Las preguntas de este sencillo procedimiento cotidiano hacen que te detengas un momento y cuestiones muchos milagros que están ocurriendo día a día pero que tu apatía, derrotismo, dolor y angustia que estás extrayendo de la vida no te permiten ver como muchas personas están trabajando para llevarte el bienestar a tu vida.

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Si vas a tu trabajo en auto propio, te has preguntado ¿qué estaba pensando en ese momento la persona que lo fabricó? He aquí un pequeño detalle para que te des cuenta de tu consciencia de tu lugar en el Mundo. Si sentiste emociones tales como “lo hizo para cumplir y ganar sólo dinero con la compra de esto”, pues adivina ¿qué es lo que tienes en tu corazón para realizar ese juicio?

Vamos a suponer que el fabricante o persona que participó en el ensamble de tu automóvil hizo su trabajo como lo haces tú (asumiendo que estás descontento con tu trabajo), al “allí se va”, “gastemos que esto es de un rico”, “sólo por cumplir porque tengo que ir a casa a ver el fútbol”, “para cumplirle al HP de mi jefe”, etc.

¿Te imaginas conduciendo a 80 Km/hora tu vehículo fabricado por un mediocre? Esto pone en riesgo tu integridad física e incluso la vida misma. Y no solo la tuya sino la de otras personas en carretera.

Voy a realizar un juicio de los que vimos en la entrada anterior y voy a suponer que estás pensando que ese vehículo no lo construyó un mediocre trabajador descontento con su labor sino que lo hace un robot que nunca se equivoca. Y realicemos una nueva suposición ¿Y si el robot lo construyo otro mediocre qué solo lo hacía por cumplir y cobrar su cheque mensual o deseaba salir temprano para ver el fútbol?

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¿Cómo haces tu trabajo día a día? ¿Te das cuenta de la importancia de ser perfecto como la Vida? Tú me puedes decir: ¡“es que” yo no hago trabajos tan importantes que pongan en riesgo la vida de personas! Pero pregúntate por un momento si tu trabajo no es importante, ¿por qué crees que recibes ingresos mensuales por él? ¿Si tú renuncias, esa labor se acaba? No, alguien viene y te reemplaza porque esa labor es muy necesaria.

¿Te vas dando cuenta de tu lugar en el mundo? ¿Ves lo importante que eres para el Mundo?

Es esta la razón por la cual los libros que hablan sobre generar riqueza dicen de la importancia de hacer lo que a uno le gusta. Cuando tú amas lo que haces, dejarás de trabajar. Te sentirás feliz, lleno de vida, lleno de amor por lo que haces y sobre todo sentirás mucho valor propio porque comenzarás a ser consciente del gran beneficio que estás trayendo a otros. Y otros, como compensación de la felicidad que les estás trayendo, te entregarán un certificado que llamamos Dinero.

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En otras palabras, entre más sirvas a tu prójimo con tu trabajo, más Dinero o certificados recibirás por tu labor. Entonces, según este análisis, ¿aun crees que los millonarios son malos? ¿Todavía sigues pensando que tener mucho dinero es malo? En honor a la verdad, ¿Quién sirve más a la humanidad, un millonario o una persona sin nada de Dinero? ¿En caso de necesitarse ayuda para realizar cualquier tarea (pues cualquier tarea requiere de Dinero), quien puede ayudar es este aspecto?

Debo realizar una aclaración para evitar malos entendidos. No me refiero a que el trabajo duro traiga riqueza. Si así fuera todos los empleados de fábricas y empresas de mi país serían millonarios. El trabajo duro trae sólo más trabajo duro. Me refiero al trabajo inteligente o lo que llaman los libros sobre riqueza, los ingresos pasivos. Y un ingreso pasivo no es otra cosa que un ingreso que no depende de tu presencia, tal como un arriendo, regalías por música, etc. Cuando aumentan este tipo de ingresos, es cuando tú comienzas a generar riqueza.

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Si el trabajo que realizas en este momento no te está dando los resultados que deseas, no debes abandonarlo y lanzarte a buscar tu sueño, pues esto te traería mucho más malestar. Esto es un proceso que va poco a poco hasta que te vas tomando la confianza para realizarlo. Lo que te recomiendo es que tu labor actual la realices con amor. Realízala con responsabilidad. Piensa que la estás haciendo para tu familia. Con esto me refiero que tus clientes serán tu familia, y con clientes me refiero a tu jefe, compañeros y compradores.

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La mayoría de nosotros, cuando nos hablan de ventas, sentimos una emoción de rechazo y negación. Pero en realidad todos estamos vendiendo algo todo el tiempo. Por ejemplo el analista programador de una empresa, está vendiendo sus conocimientos sobre ingeniería del software a la empresa que trabaja. La empresa le compra sus conocimientos cada mes.

La persona que realiza el aseo en una empresa o una casa, está vendiendo sus habilidades y tiempo a dicha compañía y esta, compra dichos servicios o actividades mes tras mes.

Y esto mismo ocurre con una empresa o negocio que venda dulces, zapatos, autos, o cualquier bien y servicios. Las personas en compensación por lo que les entrega la empresa o negocio dan un certificado que llamamos Dinero.

El trabajo que realices en la actualidad debes bendecirlo, y estar agradecido por él, pues normalmente cuando tenemos una consciencia de dolor, amargura y derrotismo, pensamos en tener mucho dinero para no tener que trabajar más y hasta maldecimos ese trabajo.

Entonces cuando finalmente nos quedamos sin ese trabajo que maldecimos, los primeros días son de felicidad y fiesta. Pero con el paso del tiempo comenzamos a sentirnos culpables, llenos de rabia por la injusticia de papá o mamá Gobierno que no hacen nada por arreglar nuestra situación. En otras palabras terminamos culpando a Dios, a la Vida, al Gobierno, a los vecinos, a las malas energías, a la mala suerte, a las pocas oportunidades, etc.

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Seamos honestos, en realidad con su actitud hacia el trabajo, ¿quién fue el culpable de perderlo? Es hora de enfrentar nuestras acciones con responsabilidad. Es hora de hacernos cargo de nosotros mismos y dejar de culpar a otros por nuestras fallas. Las fallas solo ocurren por nuestros pensamientos pesimistas de dolor, rabia, enojo, tristeza, derrotismo. Esto cambiará si y solo sí comenzamos a ingresar pensamientos de éxito, abundancia, amor, bienestar, prosperidad, pertenencia, fuerza, creatividad, poder, salud, juventud, vitalidad y Autopoder.

Debemos provocar la vida. No esperar a que las cosas nos lleguen sin hacer nada. Pero para tener las fuerzas para hacer, debemos estar apoyados por nuestras emociones. Alimentar nuestro cerebro con emociones positivas y evitar todo tipo de información ya sea escrita, visual o auditiva, que promueva la auto compasión, auto lástima y enfermedad.
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viernes, 29 de octubre de 2010

Consciencia de la Vida

En esta entrada hablaremos sobre la Muerte para poder llegar a una consciencia de Vida. Tú te estarás preguntando, ¿y este por qué me habla de la Muerte si es algo horrible? Muy simple y te tengo una noticia. Te vas a morir. Algún día. Y no solo tú, tu familia, tus amigos. Todos vamos a pasar por ese proceso porque es un ciclo natural y no debemos ahora llenarnos de temor pues si tomamos en cuenta lo que dijo el sabio filósofo Sócrates, “aquella persona que le tiene miedo a la muerte debe ser una persona sabia, pues conoce y habla de algo que jamás ha vivido”.

Y esto es muy interesante, pues en realidad ¿cómo alguien que jamás ha muerto te puede hablar de la Muerte? En realidad a lo que le tenemos miedo es a lo que nos han dicho, pues nuestra mente recrea las palabras que llega a decir una persona sobre cualquier tema como lo explicaba en la entrada, MOVIENDO MONTAÑAS.

Lo único cierto que podemos tratar sobre el tema, de acuerdo a nuestra experiencia es: la vida como tú la vives en el estado sólido en el que te encuentras actualmente como tú, no lo volverás a vivir. No te puedo decir que ocurrirá o si no ocurrirá nada. Solamente podemos por nuestra experiencia conocer que el que se va, si regresa, (asumiendo que lo hace) no regresa en su estado de partida es decir en el mismo cuerpo físico.

Pero de que nos sirve tener esta consciencia sobre la Muerte. Muy simple, este día es uno más que te acerca a ese momento. Entonces ¿por qué perder el tiempo en enojo y castigos contra otras personas o castigándote a ti mismo?

Mira yo conozco personas que se enojan hasta 15 días con su pareja porque esta no “adivinó” que el café no le gustaba con azúcar blanca, sino morena. Y dicen “pero si tú me conoces, deberías saber que me gusta con azúcar morena!” y dicha persona “castiga” a otro ser durante 15 días sin hablarle o sin prestarle atención con el fin de que sienta la falta que ha hecho y la corrija, pues ese es el fin de todo castigo.

¿Y qué genera todo este enojo? Que pierdas la razón de ser. Que no puedas vivir la vida y que la dejes pasar detrás de ti.

Algunas personas que se han encontrado cercanos al final de sus días han documentado que durante esos instantes ocurre un fenómeno que podríamos definir como una regresión. Es aquí en este proceso donde nuestra mente comienza a depurar lo que ha estado ocurriendo durante la vida y a sacar conclusiones sobre esta. Supongo que es un inventario final de nuestra consciencia sobre nuestros hechos y experiencias. Esto lo puedes comprobar claramente en el poema de Jorge Luis Borges titulado “Instantes”.

Tu mente comienza a “despertar” y comienzas a darte cuenta que si hubieras hecho esto mejor, o aquello, o si hubieras dicho o no dicho, etc. Pero de acuerdo a mis investigaciones los complejos de culpa no son nada ante esta pregunta: ¿Pudiera haber vivido mejor y disfrutar la vida si no hubiera perdido el tiempo en enojos o castigos hacia mí o hacia otras personas?

Mucho se ha hablado que la pornografía destruye la percepción sobre la sexualidad humana. Esta misma destrucción de la percepción sana de la vida ocurre a través de las telenovelas, música que yo denomino "el yo me mato" y las películas de dramas. Aunque nosotros pensemos que es un juego, dentro de nosotros hay un ser emocional que nos ha acompañado toda la vida y el cual no funciona o responde por lógica, sino por emociones. Es como un niño que obedece al pie de la letra lo que le estamos transmitiendo a través de nuestro sistema emocional. Las novelas son dramas de 100% sufrimiento, dolor, envidia, celos, enojo, desconfianza, pobreza, angustia y eso es exactamente lo que tu ser emocional capta. ¿Te ha pasado que sientes “bronca” con el “villano” de alguna novela que veas seguido? ¿Y sientas alegría cuando al protagonista le sale por fin bien algo de lo intenta?

Entre más dolor conozca tu cerebro, más dolor te traerá a tu vida este. No te acostumbres al malestar pues más malestar traerá a tu vida tu ser emocional. Aprende a escuchar tus emociones. Entra en contacto con ellas y acéptalas. Según Carl G. Jung cuando negamos una parte nuestra, esa parte se desintegra y nos volvemos más disfuncionales.

Si sientes enojo aprende a aceptarlo y a expresarlo sanamente. Si no quieres hablar, no hagas daño a las personas que amas. Simplemente diles que estás enojado y no deseas hablar en ese momento. ¿Te imaginas cuanto dolor puedes evitar a otros y a ti mismo si te sinceras y expresas con tiempo lo que sientes?

No esperes a estallar en ira. No solo perjudicarás a otras personas sino que perjudicarás tu sistema nervioso con las fatales consecuencias de generación de químicos en tu cuerpo que gestarán enfermedades en el futuro.

Es precisamente este tipo de estados los que nos hacen percibir la vida como algo que no nos pertenece, que no somos parte de ella y que solo otros tienen derecho a vivir y a disfrutar. Es por eso que en estos estados te sientes mal. Sientes malestar y te has acostumbrado tanto a esto que piensas que es normal. Y como es “normal” no escuchas al ser más importante en tu vida, tu Ser Interior o Ser Emocional.

Las emociones son formas de comunicación con nuestro interior donde se encuentra la solución a todas nuestras situaciones dramáticas. Presta atención. El mensaje es simple y claro “quiero vivir bien, en abundancia y en bienestar. Quiero amar y ser amado. Quiero vivir en paz y compartiendo mi decisión de ser feliz con los que me rodean.”

Hace poco, me encontré una buena amiga de hace muchos años. Yo sabía que hace menos de un mes se había casado y le pregunte como iba. Ella me respondió que bien, pero por su tono de voz y su cara, le dije: “si estás bien, deberías decírselo a tu cara porque todavía no lo sabe”. Esto es un ejemplo clásico de una mente acostumbrada al malestar. “Se supone” que cuando una persona está recién casada está súper feliz, pero si el cerebro de esa persona está acostumbrado al enojo, a la desconfianza, al dolor, pues va a buscar los pequeños detalles para seguir en ese estado emocional.

Mira, yo sé que conscientemente nadie se levanta en las mañanas y dice “HOY VOY A JODERME LA EXISTENCIA Y JODERSELA A LOS DEMAS”. Nadie hace eso porque detrás de lo que buscamos está el vivir en paz y en armonía y amor con los demás y consigo mismo.

No. Conscientemente no te levantas a sufrir, pero inconscientemente SI. Y lo haces porque te levantas pensando en angustia. Te acuestas pensando en angustia y lo que tienes que hacer dentro de algunos días. Es normal sentir angustia si algo te amenaza de inmediato. Pero sentir angustia y dolor por algo que ya paso o que no sabes si pasará en el futuro es locura.

Y si haces una encuesta de quien quiere seguir como está actualmente yo creo que no llegamos al 1% de aquellos que digan que están satisfechos con su vida actual. Pero esa gran mayoría inconforme tampoco hace nada por mejorar su situación. Si yo te pregunto si quieres tener una mejor vida, te aseguro que me dirías sin pensarlo que SI. Pero te pregunto, ¿qué estás haciendo para tener esa mejor vida?

Si eres sincera, sincero contigo misma o mismo, tal vez me digas que no estás haciendo nada. Tal vez estés esperando que las cosas cambien de repente y mejore tu situación automáticamente. Te tengo dos noticias y te las digo para que reacciones. La primera es que tienes poco tiempo. Recuerda lo que hablamos al principio de esta entrada. Y la segunda es que tu vida se mueve por tus emociones y si estas no comienzan a cambiar, pues tu vida jamás va a cambiar.

No esperes a llegar al final de tus días y decir lo que expresa el poema de Jorge Luis Borges sobre el final de la vida. No esperes a que todo esté bien para vivir en bienestar. Tienes todo en tu interior para hacerlo pero debes darte una oportunidad.

Mira, mi interés no es que vivas la vida como yo lo hago. Eso es un problema que tú debes resolver y es cómo debes vivir. Tomar tus propias elecciones en la vida para lograrlo porque se trata de tu existencia. Pero si te puedo decir cómo me levanto hoy en día, con el mismo entusiasmo de cuando estaba pequeño. Lo primero que hago es ponerme de pie y abrir mis manos. Lo hago como un símbolo que ese día estoy abierto y receptivo a todo lo bueno. Y segundo para agradecer este maravilloso día porque aunque no lo creas, para mí la vida es maravillosa. Una maravillosa aventura que está lista para ser vivida, experimentada. Y ese día me trazo lo que tengo que hacer para avanzar un paso más en no solo vivir en bienestar sino en cumplir lo que tengo que hacer para escalar un paso más hacia la grandeza.

Esto que te cuento no fue cosa de un día. Ha sido el producto de varios meses, quizás años en enseñarle a mi cerebro y a mi ser emocional que existen otros caminos. Que la “verdad” que me enseñaron me sirvió en el pasado pero ahora esos conceptos y emociones son inútiles en mi vida de bienestar actual. También tuve que pasar por el proceso de aceptar mis emociones que incluyen culpa, vergüenza, dolor, angustia, etc. y te digo de todo corazón que vale la pena invertir tiempo, dinero y disciplina en cambiar tus emociones.

Te deseo lo mejor y espero que tomes acción a partir de este instante de vivir una vida de éxito.

INSTANTES
Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 

en la próxima trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, 

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. 
Sería menos higiénico. 
Correría más riesgos, 
haría más viajes, 
contemplaría más atardeceres, 
subiría más montañas, nadaría más ríos. 
Iría a más lugares a donde nunca he ido, 
comería más helados y menos habas, 
tendría más problemas reales y menos imaginarios. 



Yo fui una de esas personas que vivió sensata 

y prolíficamente cada minuto de su vida; 

claro que tuve momentos de alegría. 

Pero si pudiera volver atrás trataría 
de tener solamente buenos momentos. 



Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, 

sólo de momentos; no te pierdas el ahora. 



Yo era uno de esos que nunca 

iban a ninguna parte sin un termómetro, 

una bolsa de agua caliente, 

un paraguas y un paracaídas; 
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. 



Si pudiera volver a vivir 

comenzaría a andar descalzo a principios 

de la primavera 

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. 
Daría más vueltas en calesita, 
contemplaría más amaneceres, 
y jugaría con más niños, 
si tuviera otra vez vida por delante. 



Pero ya ven, tengo 85 años... 

y sé que me estoy muriendo.


Poema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair.
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