Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 31 de agosto de 2026

El miedo al rechazo está tomando decisiones por ti



El miedo al rechazo está tomando decisiones por ti

¿Cuántas cosas has dejado de hacer por miedo a que alguien te diga que no? 


Tal vez no escribiste ese mensaje. No dijiste lo que sentías. 


No pediste una oportunidad. No pusiste un límite. No comenzaste ese proyecto. 


No te acercaste a esa persona. Y quizás nadie te rechazó… 


Porque fuiste tú quien decidió no intentarlo. 


El miedo al rechazo puede ser muy silencioso. 


No siempre aparece como miedo. A veces se disfraza de excusas. 


“Mejor después.” “Seguro no va a funcionar.” “Para qué intentarlo.” “Eso no es para mí.” 


Pero detrás de muchas de esas frases puede existir una pregunta: ¿Y si me rechazan? 


Y a veces esa pregunta también se convierte en: ¿Qué van a pensar de mí? 


El problema comienza cuando dejamos que esas posibilidades tomen nuestras decisiones. 


Porque queremos evitar sentirnos mal y terminamos evitando también las oportunidades de crecer. 


Esto ocurre especialmente en las relaciones. 


Hay personas que soportan situaciones que no quieren porque tienen miedo de quedarse solas. 


Dicen que sí cuando quieren decir que no. Callan para evitar discusiones. 


Aceptan menos de lo que merecen por miedo a perder a alguien. 


Pero… ¿De qué sirve conservar una relación si para hacerlo tienes que perderte a ti mismo? 


El rechazo duele. Claro que duele. 


Que alguien no te elija puede hacernos cuestionar nuestro valor. 


Pero que alguien diga “no” no significa que tú no seas suficiente. 


A veces simplemente significa que no eres lo que esa persona está buscando. 


Y está bien. Tú tampoco eliges a todas las personas. 


No todos los caminos son para ti. No todas las relaciones funcionan. 


No todas las oportunidades llegan en el momento correcto. 


Crecer también significa aprender a aceptar que algunas cosas no van a salir como queremos. 


Porque si quieres crecer, tendrás que arriesgarte. Tendrás que preguntar. 


Intentar. Hablar. Equivocarte. Y algunas veces escuchar un “no”. 


No puedes controlar si alguien te acepta o te rechaza. 


Tampoco puedes controlar lo que los demás piensan de ti. 


Pero sí puedes decidir cuánto poder les das sobre tus decisiones. 


Puedes recibir un “no” sin convertirlo en: “No valgo.” “No soy capaz.” “No soy suficiente.” 


Y quizás lo más importante… Puedes dejar de rechazarte antes de que los demás tengan la oportunidad de hacerlo. 


La próxima vez que estés a punto de hacer algo y aparezca el miedo, pregúntate: 


¿Realmente no quiero hacerlo? ¿O tengo miedo de que me rechacen? 


¿O estoy pensando demasiado en lo que los demás van a decir? 


Porque existe una gran diferencia. Cuando decides porque no quieres… 


Estás eligiendo. Pero cuando decides porque tienes miedo… El miedo está eligiendo por ti. 


No necesitas dejar de sentir miedo. Necesitas aprender a no obedecerlo siempre. 


Porque tal vez el verdadero autopoder comienza cuando dejas de preguntarte: 


“¿Y si me rechazan?” “¿Qué van a pensar de mí?” 


Y empiezas a preguntarte: “¿Qué quiero hacer yo?” 


Porque al final… No se trata de conseguir que todos te acepten. 


Se trata de no rechazarte a ti mismo para conseguir la aprobación de los demás.

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lunes, 24 de agosto de 2026

La carrera que nunca vas a ganar



La carrera que nunca vas a ganar

Vivimos en una época donde comparar nuestra vida con la de los demás se ha vuelto casi automático. 


Basta con abrir una red social para encontrar personas viajando, sonriendo, alcanzando metas, comprando una casa, iniciando un negocio o compartiendo el "momento perfecto". 


Sin darnos cuenta, comenzamos a preguntarnos: "¿Por qué mi vida no se ve así?" 


El problema no es admirar los logros de otros. 


El problema aparece cuando usamos esas publicaciones como una medida para evaluar nuestro propio valor. 


Las redes sociales no muestran la vida completa de las personas; muestran una selección de los mejores momentos. 


Vemos el ascenso, pero no los años de esfuerzo. 


Vemos el cuerpo saludable, pero no las horas de entrenamiento. 


Vemos la pareja feliz, pero no las discusiones que nunca se publican. 


Vemos el éxito, pero casi nunca los fracasos que lo hicieron posible. 


Es como intentar conocer un libro leyendo únicamente sus últimas páginas. 


Cuando olvidamos esto, empezamos a creer que los demás viven mejor, son más felices o tienen menos problemas que nosotros. 


Esa percepción, aunque parezca real, está profundamente distorsionada. 


Cada vez que comparas tu proceso con el resultado de otra persona, estás jugando una carrera que nunca podrás ganar. 


Siempre habrá alguien con más dinero. Siempre habrá alguien con más experiencia. 


Siempre habrá alguien con más seguidores. Siempre habrá alguien que parece más exitoso. 


Si tu bienestar depende de superar a todos los demás, nunca encontrarás tranquilidad. 


La comparación constante roba algo mucho más valioso que la felicidad: roba la capacidad de reconocer tus propios avances. 


Imagina dos corredores. Uno participa en una maratón. El otro corre cien metros planos. 


¿Tendría sentido compararlos? Probablemente no. 


Sin embargo, eso hacemos todos los días. 


Nos comparamos con personas que tienen historias diferentes, oportunidades distintas, edades distintas, responsabilidades distintas e incluso objetivos completamente diferentes. 


No conocemos el punto de partida de los demás, pero juzgamos el nuestro como si todos hubiéramos comenzado desde el mismo lugar. 


Detrás de una fotografía perfecta pueden existir ansiedad, estrés, soledad, problemas familiares, deudas, miedo al fracaso o un profundo cansancio emocional. 


Las redes sociales no mienten necesariamente, pero muestran solo una parte de la realidad. 


Y cuando comparas tu vida completa con los mejores segundos de otra persona, la comparación siempre será injusta. 


Existe una comparación que sí puede ayudarte a crecer. 


No es con tus amigos. No es con tus compañeros de trabajo. 


No es con los influencers. Es contigo mismo. 


Pregúntate: ¿Soy una mejor persona que hace un año? 


¿He aprendido algo nuevo? ¿Manejo mejor mis emociones? 


¿He superado dificultades que antes me parecían imposibles? 


¿Estoy avanzando hacia la vida que realmente quiero? 


Esas preguntas generan crecimiento. Las demás, muchas veces, solo generan frustración. 


Si notas que las redes sociales afectan tu autoestima, prueba pequeños cambios. 


Limita el tiempo que pasas comparándote con otras personas. 


Sigue cuentas que te inspiren en lugar de hacerte sentir insuficiente. 


Recuerda que nadie publica todos sus problemas. 


Dedica más tiempo a construir tu propia historia que a observar la de los demás. 


Celebra tus avances, aunque parezcan pequeños. 


El progreso no siempre es visible, pero sigue siendo progreso. 


La vida no es una competencia contra los demás. 


Es un proceso de crecimiento personal. 


Cada persona tiene su propio ritmo, sus propios desafíos y su propio camino. 


La verdadera meta no es llegar antes que otros, sino convertirte, poco a poco, en una mejor versión de ti mismo. 


Porque la carrera más importante no ocurre en las redes sociales. 


Ocurre dentro de ti.

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lunes, 10 de agosto de 2026

Cada vez que dices sí por miedo... te dices no a ti mismo



Cada vez que dices sí por miedo... te dices no a ti mismo

Hay una palabra tan pequeña que apenas tiene dos letras, pero para muchas personas pesa toneladas. Esa palabra es "no". 


Curiosamente, no nos cuesta decir "sí" cuando no queremos ir, cuando no tenemos tiempo, cuando estamos cansados o cuando simplemente necesitamos un momento para nosotros. 


Decimos "sí" para evitar discusiones, para no decepcionar a alguien, para que no nos llamen egoístas o porque creemos que si ponemos límites los demás dejarán de querernos. 


Y así, poco a poco, comenzamos a desaparecer. 


Nos acostumbramos a estar disponibles para todos, menos para nosotros mismos.  


Ayudamos, escuchamos, resolvemos problemas, hacemos favores, aceptamos responsabilidades que ni siquiera nos corresponden y terminamos el día agotados, preguntándonos por qué sentimos tanto cansancio si, en teoría, solo estuvimos "ayudando". 


La respuesta suele ser incómoda. 


Porque cada vez que dices "sí" por miedo, por culpa o por obligación, hay una parte de ti que está escuchando un enorme "no". 


Un no a tu descanso. Un no a tus necesidades. Un no a tus prioridades. Un no a tu tranquilidad. 


Con el tiempo eso pasa factura. 


No siempre aparece como tristeza. 


A veces llega como irritabilidad, ansiedad, agotamiento, falta de motivación o esa sensación de que los demás esperan demasiado de ti. 


Lo más curioso es que muchas veces no son los demás quienes esperan tanto. 


Fuimos nosotros quienes les enseñamos que siempre estábamos disponibles. 


Aprender a decir "no" no significa convertirse en una mala persona. 


Tampoco significa dejar de ser amable o solidario. Significa entender que tu bienestar también importa. 


Hay personas que se sienten culpables cuando ponen un límite. Es normal. 


Durante años aprendieron que ser buena persona era complacer a todos. 


Pero una cosa es ser amable y otra muy distinta es abandonarte para que los demás estén cómodos. 


No necesitas justificar cada decisión. 


No tienes que inventar excusas elaboradas para proteger tu tiempo. 


Un "hoy no puedo", un "prefiero no hacerlo" o un "gracias por pensar en mí, pero esta vez paso" son respuestas completamente válidas. 


Quien realmente te aprecia entenderá que también tienes límites. 


Y quien solo se acerca cuando siempre dices que sí, quizá nunca estuvo interesado en ti, sino en la comodidad que representabas. 


La autoestima también se construye con pequeñas decisiones. 


Cada vez que respetas tus límites, te envías un mensaje muy poderoso: "Lo que siento importa". 


Y cuando ese mensaje se repite una y otra vez, comienzas a tratarte con el mismo respeto que siempre has tenido para los demás. 


Tal vez hoy no necesites cambiar toda tu vida. 


Tal vez solo necesites practicar un "no" cuando realmente quieras decir "no". 


Al principio será incómodo. Después será natural. 


Y un día descubrirás que poner límites no alejó a las personas correctas; simplemente hizo espacio para una relación más sana contigo mismo. 


Porque al final, cuidar de los demás siempre será algo valioso, pero no debería costarte perderte a ti en el camino.

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lunes, 3 de agosto de 2026

La culpa no corrige el pasado... solo castiga tu presente



La culpa no corrige el pasado... solo castiga tu presente

Hay personas que despiertan cada mañana cargando un peso invisible. Ese peso es la culpa. 


Una emoción silenciosa que se instala en la mente y comienza a repetir una y otra vez aquello que hicimos, aquello que dejamos de hacer o aquello que desearíamos cambiar. 


La culpa tiene la capacidad de hacernos creer que sufrir es una forma de reparar el pasado. 


Pensamos que, si nos castigamos lo suficiente, de alguna manera compensaremos nuestros errores. 


Pero la realidad es otra. El pasado no cambia porque suframos más. 


Ninguna noche de insomnio, ninguna lágrima y ningún reproche pueden modificar lo que ya ocurrió. 


Eso no significa que debamos ignorar nuestros errores. 


Equivocarse hace parte de la experiencia de vivir. 


Todos hemos dicho palabras que hirieron, tomado decisiones apresuradas o dejado pasar oportunidades importantes. 


La diferencia no está en cometer errores, sino en lo que hacemos después de ellos. 


Existe una gran diferencia entre vivir con culpa y vivir con responsabilidad. 


La culpa nos mantiene atrapados mirando hacia atrás, mientras que la responsabilidad nos invita a mirar hacia adelante. 


La culpa nos dice que somos el error; la responsabilidad nos recuerda que cometimos un error y que todavía podemos aprender de él. 


Cuando dejamos que la culpa gobierne nuestra vida, comienza a robarnos la tranquilidad. 


Poco a poco afecta nuestra autoestima, nuestras relaciones y la manera en que nos vemos a nosotros mismos. 


Terminamos creyendo que no merecemos ser felices o que siempre estaremos definidos por una decisión equivocada. 


Sin embargo, ninguna persona debería ser recordada únicamente por su peor momento. 


Todos estamos en constante construcción. 


Cada experiencia, incluso las más dolorosas, tiene el potencial de enseñarnos algo valioso si tenemos la humildad de aprender. 


Perdonarse no significa justificar lo que estuvo mal ni olvidar las consecuencias de nuestras acciones. 


Significa reconocer que ya aprendimos la lección y permitirnos continuar. 


Nadie puede construir un futuro diferente mientras permanezca encadenado al pasado. 


Tal vez hoy todavía exista algo que te produce culpa. 


Tal vez una decisión, una palabra o una oportunidad perdida siga ocupando un espacio importante en tus pensamientos. 


Si es así, pregúntate con sinceridad: ¿seguir castigándome cambiará lo que ocurrió? 


Si la respuesta es no, entonces quizás sea momento de transformar esa culpa en responsabilidad, aprendizaje y crecimiento. 


Aunque no me lo creas, este angelito lindo también hizo cosas de las cuales se arrepiente. 


Durante mucho tiempo cargué la culpa por esos errores, pensando que castigarme era una forma de compensarlos. 


Un día entendí que el pasado ya no estaba en mis manos, pero el presente sí. 


Desde entonces decidí que la mejor manera de honrar lo aprendido no era seguir sufriendo, sino procurar que cada persona que se cruce en mi camino reciba una versión más consciente, más amable y humana de mí. 


No puedo cambiar lo que hice ayer, pero sí puedo decidir cómo vivir hoy. 


Puedo amar más, escuchar mejor, pedir perdón cuando sea necesario y procurar que mis acciones hablen más fuerte que mis errores. 


La vida no nos pide ser perfectos. 


Nos pide ser capaces de reconocer nuestros errores, reparar aquello que esté a nuestro alcance y continuar caminando con mayor sabiduría que ayer. 


Recuerda siempre esto: la culpa mira hacia atrás buscando un pasado imposible de cambiar. 


La responsabilidad mira hacia adelante construyendo un futuro que todavía está en nuestras manos. 


Y si hoy cargas con la culpa por algo que hiciste, no permitas que ese error defina toda tu historia. 


Aprende de él, conviértelo en una lección y sigue adelante. 


Al final, no somos las peores decisiones que hemos tomado; somos la persona que decidimos ser después de haberlas enfrentado.

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lunes, 4 de agosto de 2025

El precio de buscar aprobación



El precio de buscar aprobación

Hace muchos años, cuando nació mi hija, mi suegra vino a ayudarnos con el cuidado de mi esposa.  


Es una costumbre muy arraigada en esta región que, durante aproximadamente 40 días, algún familiar acompañe y cuide a la madre reciente, lo que comúnmente llamamos "cuidar la dieta".  


Un día, mi suegra me dijo que necesitábamos comprar algunos ingredientes para ese proceso, así que fuimos juntos a un supermercado cercano.  


Al llegar a la sección de carnes, se nos acercaron un par de señoritas ofreciéndonos un pollo.  


Aunque no estaba muy barato, decidí comprarlo porque, de todas formas, lo necesitábamos.  


Unos pasos más adelante, me topé con otra señorita que también ofrecía pollo, así que le pregunté el precio.  


Para mi sorpresa, era menos de la mitad del anterior.  


Sin pensarlo mucho, regresé a las primeras vendedoras, les devolví amablemente el pollo y les di las gracias.  


Pero en ese momento, noté cómo los rostros de mi suegra y el de la señorita se pusieron rojos de vergüenza.  


Solo repetían: “Qué vergüenza…”.  


Yo, sin dudar, les respondí: “¿Vergüenza por qué? Es mi dinero, y con él hago lo que se me dé la gran bendita voluntad. No tengo contrato de exclusividad con nadie.”  


Esta historia puede parecer graciosa, pero en realidad ilustra un problema muy común: la dificultad de decir “no” cuando algo no nos conviene, simplemente por el temor a lo que otros puedan pensar.  


Ese miedo al juicio ajeno impide que muchas personas vivan la vida que realmente desean.  


El doctor Luis Fernando Hoyos Aristizábal llamaba a ese fenómeno la “bobo fobia”.  


Esa sensación de tener que actuar para complacer a otros, por temor a parecer maleducado, desconsiderado o simplemente diferente.  


Por ejemplo, en el lugar donde entreno, muchas personas se preocupan más por estrenar ropa deportiva o tener los audífonos de moda que por el entrenamiento en sí.  


Yo, en cambio, voy con la ropa más vieja que tengo.  


Llevo una toalla pequeña, ya gastada, pero limpia, y un tarro con agua.  


Nada más. Voy a entrenar, no a desfilar ni a compararme con nadie.  


Recuerdo que una vez visité otro gimnasio y saludé a un señor que estaba allí.  


Apenas me vio, me escaneó de pies a cabeza y al rato se me acercó diciendo:  


— “A todos nos falta algo, pero veo que casi no tienes espalda.”  


Yo simplemente sonreí. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo: intentando desvalorizarme para sentirse superior.  


Insistió en que me grababa un video para que viera “la verdad”.  


Le respondí que no perdía mi energía en ese tipo de cosas y seguí entrenando.  


Al no obtener de mí la reacción que esperaba, el señor comenzó a sentirse incómodo.  


Durante la siguiente hora intentó acercarse varias veces, hacerme preguntas sin sentido, como buscando redimirse.  


Yo me despedí con cortesía, como si nada.  


Y es que lamentablemente, el mundo está lleno de personas así.  


Personas que sienten envidia y usan la “bobo fobia” para manipular, esperando que los demás actúen según sus deseos.  


Por eso quiero invitarte a que dejes de buscar la validación de otros.  


La única aprobación que realmente necesitas para vivir la vida que quieres es la tuya.  


Sé que no es fácil, sobre todo si has pasado años intentando complacer a los demás.  


Al principio puede parecer grosero o incómodo.  


Pero el truco está en dejar que tu ego fracase un poco.  


Sí, duele. Pero con práctica, te aseguro que vas a vivir con la libertad de ser tú mismo y hacer lo que realmente deseas.

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lunes, 9 de diciembre de 2024

Rompe la Soledad: El Poder de Conectar y Vencer el Aislamiento Social



Rompe la Soledad: El Poder de Conectar y Vencer el Aislamiento Social

Los seres humanos por naturaleza somos sociales. 


Con esto me refiero a que es una necesidad socializar con otros. 


Lamentablemente en la actualidad muchas personas están comprando el paquete de la autosuficiencia. 


Yo diría más bien que esto es soberbia y orgullo vacío. 


Por ejemplo, yo he visto muchos casos de mujeres que afirman “yo no necesito un berraco hombre”. 


Pero en la soledad las he visto llorando por los berracos machos esos. 


Todo esto es consecuencia de la propaganda que la sociedad ha impartido para que tanto hombres como mujeres mantengan separados. 


De esto hay muchas teorías que por ahora no nos importan. 


En realidad, lo que nos importa de este tema son las consecuencias de esta separación. 


Por ejemplo, a nivel emocional la soledad nos desconecta tanto de los demás que puede generar tristeza, depresión o ansiedad. 


¿Te suena familiar eso? 


Bueno esas emociones no terminan allí. 


Esto puede derivar en una baja autoestima, llevándote a un sentimiento de inutilidad e insignificancia. 


Adicionalmente la soledad afecta en lo físico. 


Vas a manejar mayores niveles de estrés y por supuesto esto siempre lleva a unas bajas defensas. 


Así pues, no es casualidad que cada vez hay gente sufriendo de enfermedades tales como dolores de cabeza, resfriados, etc. 


Pero definitivamente este “aislamiento” social en lo que más te perjudica es en las oportunidades laborales. 


Acaso no te gustaría tener más dinero en tu vida para disfrutar y celebrar. 


¿Cómo rayos crees que se hacen los negocios o se obtiene más dinero si no es con la gente? 


Entonces si tú estás acostumbrándote a rechazar a los demás, porque te gusta estar solo y que nadie te joda la vida, vete preparando para no crecer en ningún aspecto de tu vida. 


Y tal vez te sientas tentado a decirme que tienes muchos amigos en redes sociales. 


Mira, eso es como tener dinero en una cuenta en la que no puedes gastarlo. 


¿Quién no tiene más de 100 contactos en sus redes sociales? 


Lo que aquí estamos hablando es de personas e interacciones reales. 


Lamentablemente esa sociedad que nos ha estado separando, también nos ha enseñado a pensar sólo en nosotros mismos. 


Es por eso por lo que siempre estamos esperando que los demás den el primer paso. 


La Naturaleza te diseñó para que ames y seas amado. 


Así funciona todo el universo, das y recibes. 


Pero si observas, primero hay que dar. 


Entonces el primer paso para vencer la soledad es quitarte esa coraza o barrera que le has impuesto a otros. 


No te estoy diciendo que salgas corriendo a abrazar a todo el mundo. 


Pero si prueba primero siendo amable. 


Mira, este angelito inocente y puro que estás viendo, también ha caído en esa trampa de la separación. 


Y he entrado en ese juego de si no me saluda, yo tampoco, y esas cosas. 


En la actualidad si me saludan bien y sino, de todas formas, yo lo hago y soy amable con toda persona que me encuentro. 


¿Y adivina con el tiempo como responde la gente? 


Con el mismo amor con que los estoy tratando. 


Así que quiero animarte, mediante esta información, que si quieres romper con esa separación social, no te hagas tú mismo la mala atmosfera. 


No se trata de meter a cuanta persona veas en la calle a tu vida y hasta a tu casa. 


Pero al menos deja esa antipatía que poco a poco es lo que está acabando con el mundo. 


Quieres vivir en bienestar, entonces abre tu propio camino de bienestar y no esperes a que otros vengan a traértelo así de fácil.

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lunes, 12 de agosto de 2024

Preparación para la Fortuna: Evitando los Peligros del Dinero Súbito



Preparación para la Fortuna: Evitando los Peligros del Dinero Súbito

Yo creo que todos hemos visto, o al menos escuchado esos casos donde la gente tiene un golpe de suerte y en vez de mejorar sus vidas, parece que ocurriera todo lo contrario. 


Al menos en mi caso si he visto bastantes cositas de este tipo. 


Por ejemplo, recientemente me enteré de una persona que tuvo un golpe de suerte financiero. 


Desconozco la cantidad, pero al parecer era una gran suma de dinero con la que se necesitaría por lo menos 2 vidas para gastársela. 


Digamos que antes de este golpe de suerte, la persona y su familia habían comprado un vehículo muy suntuoso que a duras penas podían pagar. 


De inmediato lo vendieron y adivina que hicieron. 


Compraron otro de mayor valor. 


¿Y para qué los seres humanos hacemos este tipo de cosas? 


Bueno, traduciendo del lenguaje emocional a simples palabras, es para aparentar. 


Y la pregunta que nos surge en este momento es para que rayos necesitamos aparentar ante los demás. 


Es para mostrarles que tenemos más que ellos, que somos mejores y todas esas cositas lindas que se nos atraviesan por el corazón. 


La urgencia de mostrar que somos mejores ante otros es una baja autoestima. 


Nos sentimos por debajo de ellos y es por eso por lo que intentamos demostrar lo contrario. 


El caso es que esta persona que tuvo el golpe de suerte al final dijo que lo peor que le pudo pasar en su vida fue tener esta “fortuna”. 


Y tal vez todos digamos aquí y a la vez que ¿cómo una persona puede decir eso? 


Bueno, simplemente en su caso, su esposo se retiró del trabajo. 


Su pareja intenta quitarle el dinero que aún les queda en sus manos por medios legales, y sus hijos no quisieron volver a estudiar. 


Viéndolo desde ese punto de vista, la señora tiene toda la razón y el dinero en vez de ser una bendición, es todo lo contrario. 


Aquí es donde viene la pregunta interesante, ¿por qué el dinero cambia a las personas? 


Bueno, para tu sorpresa el dinero no cambia a nadie. 


Excusar la conducta de una persona con el dinero es lo mismo que decir que el Sol, el calor, la lluvia, etc., hicieron que una persona cambiara y se volviera diferente. 


La persona ya era así. 


Simplemente se sintió envalentonado y apoyado por el dinero. 


Y puede que me preguntes en este momento: “Gabrielito lindo, ¿es posible mejorar esto y no volverse loco al recibir dinero?”. 


“Finalmente es lo que todos deseamos y no quisiéramos vivir la experiencia de esa señora”. 


La clave de todo esto es la preparación. 


Mira, frente a un golpe de suerte, la mayoría fallan porque emocional y mentalmente no están preparados para manejar grandes cantidades de dinero. 


Y tal vez aquí me estés preguntando nuevamente: “pero Gabrielito lindo, si no tengo dinero, ¿cómo me preparo para recibirlo?”. 


Bueno eso es fácil, utilizando la imaginación. 


Imagínate por ejemplo que harías con una cantidad inimaginable de dinero en tu cuenta bancaria. 


Entonces comienza a actuar de esa forma. 


No me estoy refiriendo a que te vuelvas consumista, sino más bien, como actuarias con lo demás. 


Como sería tu trato con ellos. 


¿Serías más amoroso, más amable? 


Si no te preparas para esto, ¿cómo esperas recibirlo? 


Y si te llega de improviso, ¿cómo vas a saber qué hacer con tu vida? 


Es por eso por lo que mediante esta información quiero animarte a prepararte para el futuro. 


Nunca sabes cómo se desarrolle la vida para ti y es mejor saber que hacer frente a cualquier evento que se te presente.

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lunes, 15 de julio de 2024

¿Qué Pasa con los Hombres sin Padre? Descubre las Consecuencias y Cómo Superarlas



¿Qué Pasa con los Hombres sin Padre? Descubre las Consecuencias y Cómo Superarlas

Anteriormente hemos mencionado las funestas consecuencias de la ausencia de la figura paterna en las mujeres. 


Sin embargo, el tema referente a lo que ocurre en el caso de los hombres, poco lo hemos mencionado en este canal. 


Y esto se debe a que solo recientemente he estado indagando sobre este aspecto. 


Por ejemplo, durante estos años he podido observar como un hombre es invadido por 2 sentimientos contradictorios como lo son la tristeza y el enojo. 


Esto puede ser posible ya que suele suceder que los niños se culpen por esta situación. 


Esto es muy parecido al abandono emocional que siente una pareja. 


La primera reacción es “que hice yo para que esto ocurra”. 


Con la gran diferencia que el adulto luego racionaliza y se da cuenta de los hechos. 


Mientras que un niño se queda en ese sentimiento de culpa. 


Y como es lógico, el enojo proviene del sentimiento: “por qué a mí y no otro”. 


Algo así como el sentido de justicia que tenemos todos. 


Los expertos en psicología han identificado que el principal problema de la ausencia paterna es la falta de identidad y la baja autoestima. 


¿Y adivina cómo van a ser sus relaciones afectivas en el futuro? 


Como no todos los niños cuentan en su mayoría con parientes que los apoyen en estos casos, muchos optan por las conductas de riesgo. 


Como por ejemplo el abuso de sustancias, delincuencia y el comportamiento agresivo. 


Digamos que los que se “salvan” son aquellos que cuentan con el apoyo de una madre amorosa. 


Pero al no tener un modelo masculino a seguir, ¿adivina qué clase de emociones estaría manifestando cuando sea un adulto? 


Exactamente estaría replicando lo que aprendió. 


Es por eso por lo que vemos hoy en día hombres con actitudes muy femeninas. 


Realizando las mismas acciones que hace una mujer en su social media. 


Quejándose por amor y las mujeres interesadas, tomándose 1000 fotos para buscar validación, etc. 


Y no te estoy diciendo que tomarse fotos sea algo negativo. 


¿Pero un hombre quejándose en sus redes sociales sobre el amor? 


Normalmente eso se lo vemos a las señoritas y hasta bonito se les ve. 


Para serte honesto no conozco muchos casos en los cuales la ausencia de un padre en un hijo lo lleve a conductas de riesgo. 


Actualmente conozco dos jovencitos que más bien han copiado el ejemplo emocional materno. 


Son personas que aportan al mundo con su trabajo, pero cuando he hablado con ellos se les nota esa melancolía. 


Ese algo que les falta pero que no saben exactamente de qué se trata. 


Si de pronto este es tu caso, te recomiendo que contactes a un profesional en psicología. 


Mira, estas situaciones entiendo que no son fáciles de llevar. 


Pero la buena noticia es que si podemos mejorarlas al manejar un trabajo interno con nosotros para sanarlas.

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lunes, 29 de abril de 2024

¿Ganas lo que Mereces? Descubre por qué Algunos Profesionales Prosperan y Otros Flaquean



¿Ganas lo que Mereces? Descubre por qué Algunos Profesionales Prosperan y Otros Flaquean

Una de las cosas que más se preguntan los estudiantes en los momentos cercanos a salir a la vida laboral, es que carrera estudiar para tener éxito financiero. 


Incluso se pueden ver “estudios” por allí cuales profesiones están de moda y que te pueden dar dinero. 


Y asumiendo que estos estudios sean serios, imagínate que no eres el único que los ha visto y por lógica razón muchos jóvenes irán tras estas profesiones. 


Por leyes de oferta y demanda, estás profesiones que son “rentables” dejarían de serlo como consecuencia. 


Esto hace que nos preguntemos, que solución darle a nuestra situación. 


Si somos bien observadores, en TODAS las profesiones vemos que hay gente que se está volviendo rica, mientras en esa misma profesión ocurre lo contrario para otros. 


Finalmente, todos están persiguiendo el dinero para disfrutar y celebrar la vida. 


Entonces debemos entender la mecánica del dinero y porque algunos ganan más que otros a pesar de tener la misma profesión. 


Si vamos a los inicios de la humanidad, inicialmente se usaba el trueque. 


Por casualidad, no sabes qué es eso, consiste en intercambiar algo que tú tienes por algo que necesitas. 


Ahora se usa el trueque, aunque no como se hacía entonces cuando la humanidad era tan inocente. 


Por ejemplo, si un amigo te hizo un favor y no te recibió pago por eso, puede que en el futuro le regreses el favor con alguna otra acción. 


Pero en tiempos remotos, imagínate intercambiar 100 troncos de madera por 200 pieles. 


Esto en la práctica sería muy ineficiente sobre todo en la logística para mover estos los bienes. 


Así que aquí es donde nace de forma gradual, tomando muchísimo tiempo, la representación de estos bienes en lo que hoy conocemos como el dinero. 


Si hacemos un paralelo, el dinero vendría siendo la representación de la energía y tiempo que tomaste en recolectar esos 100 troncos. 


Bueno, aquí estamos hablando de una tecnología más cómoda, que nos permite ir y comprar lo que se nos dé la gana. 


No solo hace la vida más fácil sino más rápida. 


Es por eso por lo que hoy en día todo nos parece muy rápido y siempre estamos corriendo o afanados por realizar nuestras tareas. 


Aquí entra la pregunta, si todos jugamos bajo las mismas reglas, ¿qué hace que una persona gane más dinero que otra, haciendo exactamente lo mismo? 


Imagina por un momento que vamos a trabajar barriendo la calle en donde yo vivo. 


Pregúntate cuanto cobrarías por ese trabajo. 


Digamos que en mi caso yo cobraría unos mil dólares. 


Otra persona podría cobrar 3 mil dólares, etc. 


Y tal vez tú me digas en este momento, ¿pero Gabrielito lindo, si solo es barrer una calle porque cobrar mil o más dólares? 


¿Eso no es mucho dinero por una actividad simple? 


Bueno, aquí es donde está el truco del porque hay personas que haciendo lo mismo ganan más que otras y se vuelven ricos. 


Tú cobrar según la válida que tengas sobre ti mismo. 


Para que me puedas entender un poco mejor, hace muchos años cuando era estudiante de informática, me contactó una pareja de compañeros para que les ayudara con una tarea. 


Esta consistía en realizar en lenguaje C, que es un lenguaje de programación por si no lo conoces, una nómina, cuyos datos almacenados también sirvieran en una segunda aplicación como agenda telefónica. 


Yo les dije que sí y me puse de inmediato a desarrollar el proyecto. 


Como a los 3 días los llamé para que vieran mi obra maestra y les gustó mucho. 


Cuando llegó el momento de cobrarles, allí empezó el problema. 


Yo les pensaba cobrar alrededor de unos 55 dólares. 


Hablamos de mediados de los 90 y al cambio eso sería hoy unos 205 dólares. 


Recuerdo que esos 55 dólares en esos momentos para un estudiante sin responsabilidades económicas era mucho dinero, al menos en mi país. 


Mira prácticamente yo dure como 1 hora intentando decirles el valor y no podía. 


Cuando por fin les dije, ellos aceptaron y me pagaron con gusto, pues no sabían dónde encontrar a alguien que les hiciera un producto de calidad en poco tiempo. 


Recuerdo que literalmente sentía miedo y que posiblemente me rechazarían y un largo etc. de excusas que colocaba mi mente. 


Y todo porque yo no conocía, o más bien negaba mi valía. 


Esa es el gran secreto del por qué hay médicos ricos y médicos que ganan para medio comer. 


También se ve en abogados, comerciantes, enfermeros, etc. 


Lógicamente en esto también influye que tantas habilidades administrativas sobre el dinero tiene la persona. 


Porque he conocido gente que gana muy bien, pero viven apretados, “mordiendo cable” como se dice coloquialmente en mi localidad. 


Mira por ejemplo las personas que reniegan de su trabajo porque les pagan muy poquito. 


¿Qué es lo que hace que permanezcan en esos trabajos y no busquen nuevas fuentes de ingreso o tal vez otro trabajo mejor remunerado? 


La auto valía, el concepto que tienen sobre ellos y sobre sus capacidades. 


Una persona puede ser muy buena en lo que hace, pero si no es consciente de su valor y de lo que sabe, como en mi caso, va a pasar dificultades financieras. 


Y no solo eso, por allí hay unos pacientes que saben este tipo de cositas y se van a aprovechar de ti. 


Así que quiero animarte, mediante esta información a que comiences a trabajar en tu autoestima. 


No es el gobierno, ni tus vecinos, ni el destino, lo que te tienen en dificultades económicas. 


En la descripción del vídeo te voy a dejar un test de auto estima para que lo realices y puedas validar este aspecto de tu vida que determina gran parte del bienestar que tengas.

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lunes, 22 de abril de 2024

Tú primero: Liberándote del 'Quedar Bien' para Vivir Auténticamente



Tú primero: Liberándote del 'Quedar Bien' para Vivir Auténticamente

La tendencia de los seres humanos a vivir en función de los demás y a querer quedar bien delante de otros tiene raíces profundas en la psicología y la sociología. 


Por ejemplo, la necesidad de pertenecer a un grupo. 


Esto se debe a que, desde tiempos ancestrales, los humanos han dependido de la colaboración y el apoyo de otros para sobrevivir. 


En la actualidad, desarrollamos la necesidad de pertenecer a grupos sociales y ser aceptados por ellos. 


La aprobación y el reconocimiento de los demás pueden proporcionar un sentido de seguridad. 


Lamentablemente esto nos ha llevado a relacionarlo con nuestra autoestima y validación. 


El miedo al rechazo o la crítica puede llevarnos a querer quedar bien delante de otros para mantener nuestra autoestima. 


Desde aquí nacen las normas sociales o expectativas. 


Es lo que los demás esperan de nosotros y viceversa. 


El éxito en la vida profesional y personal a menudo está vinculado a nuestras habilidades para relacionarnos con los demás y para ganarnos su favor. 


Finalmente seguir todo esto nos ayuda a evitar conflictos y tener buenas relaciones con los demás. 


Podríamos concluir a priori que ser unos “queda bien” con los demás puede ser beneficioso. 


Pero lamentablemente, la sociedad, o más bien hay gente que quiere manipularte con esto. 


En nuestra infancia recibimos un entrenamiento para quedar bien con otros, incluso a costa de nuestra felicidad. 


Nuestros padres nos sub comunicaron mediante sus acciones a no expresar lo que pensábamos de otros. 


¿Recuerdas cuando llegaba visita a tu casa y sacaban la vajilla de lujo para atender a los invitados? 


Bueno, en eso consiste el “quedar bien” con los demás. 


¿Puedes comprender el mensaje de esta simple acción que se repitió muchas veces? 


Que los demás son los importantes y tú estás en segundo lugar. 


Ahora bien, no te estoy diciendo que salgas corriendo a pasar por encima de los demás porque tú eres el ser más importante del planeta. 


Precisamente ese pensamiento es el que tiene la humanidad en el estado actual en que se encuentra. 


Todo el mundo buscando su propio beneficio y nada más. 


Y la pregunta que nos interesa en este momento seria, ¿cómo tener un equilibrio frente a esto sin que nadie salga perjudicado? 


Mira yo creo que para solucionar esto, debemos acudir a nuestra honestidad. 


Por ejemplo, si estás necesitando dinero y por quedar bien no inicias un negocio que sabes que te puede ayudar, te estarías tú mismo metiendo la pata. 


O si necesitas bajar de peso y por pena, que sería lo mismo que quedar bien, no practicas un deporte, estarías de nuevo perjudicándote. 


Como puedes ver, por naturaleza somos los “queda bien 7000”. 


Simplemente hay que aceptar la vergüenza o culpa que nos produzca lo que vamos a hacer y darle hacia adelante con ello. 


En definitiva, hagas lo que hagas, te van a criticar. 


Si no haces, eres un perezoso. 


Si haces eres un ávaro. 


Si eres atractivo, te criticarán por eso y si eres feo también. 


Entonces comienza a utilizar esta información para dejar las excusas que te están impidiendo vivir o crear esa vida que deseas. 


Nuestra vida se pasa en un momentito y te aseguro que cuando lleguemos al último de día esta, nos vamos a arrepentir por haberle dando gusto a los demás sin obtener ningún beneficio para nosotros.

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