Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

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lunes, 2 de noviembre de 2026

La preocupación: el arte de cargar el mundo en tus hombros



La preocupación: el arte de cargar el mundo en tus hombros

Hay días en los que la alarma no solo nos despierta, sino que enciende una alerta interna. 


Antes de poner un pie fuera de la cama, la mente ya está corriendo a mil por hora, repasando pendientes, temores y escenarios inciertos. 


Si alguna vez te has levantado sintiendo miedo a enfrentar tu jornada, no estás solo. 


A mí y a millones también nos pasa. 


Anteriormente me sucedía más, pero desde que le presté atención a ese texto sagrado que dice que no nos preocupemos y confiemos en Dios que sabe todas nuestras necesidades dejé la “bobada”. 


En lo personal, mi primer paso para no dejarme vencer por ese peso es aferrarme al Padre Creador. 


No lo hago desde un lugar de ritual perfecto, ni mucho menos religioso. 


Siéndote honesto, a mi todo lo que sea religión, de asistir donde X o Y me da pereza. 


Lo hago desde la necesidad humana de recordar que no tengo que sostener el mundo entero sobre mis hombros. 


Entregarle mi día a Dios en esos primeros minutos es mi forma de decir: “Hago lo que está en mis manos y confío el resto”. 


Es más, si te soy completamente honesto prefiero que él se encargue de todo. 


Es un acto de soltar la carga antes de empezar a caminar. 


Acompaño esa fe con pequeñas decisiones conscientes desde el primer minuto. 


Evito contaminar mi mente con la pantalla del teléfono apenas abro los ojos, regalándole a mi cerebro un instante de silencio antes de entrar en modo reacción. 


Si siento pánico, vuelvo al presente: pongo los pies firmes en el suelo, respiro profundo y cambio la pregunta. 


En lugar de torturarme pensando “¿qué pasa si sale mal?”, me pregunto “¿qué puedo manejar hoy?”. 


El miedo vive en el futuro; la paz se construye en el presente. 


Tampoco pretendo resolver todo el día de golpe. 


Me basta con elegir una actitud para la jornada, como la paciencia o la firmeza, y avanzar una hora a la vez. 


La gran enseñanza detrás de esto es entender que el autopoder no significa vivir sin miedo. 


El autopoder consiste en no permitir que el miedo tome las decisiones por ti. 


Significa cambiar la reacción impulsiva por una respuesta serena, recordando que tu tranquilidad no depende de tener el control de todo lo que pasará, sino de la confianza en Dios y en los recursos internos que tienes para hacer frente a lo que venga. 


Si hoy te levantaste con miedo, no te juzgues: respira, confía y da solo el siguiente paso. 


Mira esa confianza en un poder Superior no va a ocurrir de la noche a la mañana. 


Toda mi vida he sentido ansiedad y desde que estoy aplicando dejar mis preocupaciones en manos de la Divinidad, hasta he dejado de comerme las uñas. 


Así que te animo a intentar poco a poco esto, pues finalmente con preocuparte antes de solucionar algo, puedes agravar la situación con un problema de salud por causa del estrés.

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lunes, 19 de octubre de 2026

El secreto para dejar de vivir preocupado



El secreto para dejar de vivir preocupado

En el tema anterior vimos la importancia de relajarnos y dejar de sobre pensar en lo que podría ser y nunca ocurrirá. 


Sin embargo, esto es muy fácil decirlo, pero otra cosa es hacerlo. 


Parece que nuestra mente es bastante desobediente y le gusta llenarnos con ansiedad y preocupaciones. 


Y te lo dice alguien que ha tenido a la ansiedad como su mejor amiga durante toda la vida. 


Y quizás en este momento me preguntes: "bueno Gabrielito lindo, ¿cómo podemos relajarnos y soltar aquello que realmente nos preocupa?" 


Hacer esto no es nada fácil, y te lo digo de esa forma porque no quiero desanimarte. 


Pero si te soy completamente honesto, esto es imposible. 


Al menos desde nuestra humanidad. 


La verdad necesitamos de algo o alguien muy superior a nosotros. 


Y aquí estamos entrando en un terreno que para muchos puede ser incómodo y para otros no tanto. 


Pero si eres seguidor de este canal, sabes que desde el principio siempre he dicho que uno vive una mejor vida, si tiene un poder superior que lo apoya. 


Ya sea que le llames Dios, Vida, Universo o como prefieras, sin esa ayuda superior muy poco podemos avanzar con esto de relajarnos. 


Para dejar de sobre pensar en cosas que nos atormentan debemos "creer" en lo que nos dice uno de los textos sagrados de la humanidad. 


Que, si los pájaros que no trabajan comen, nosotros también pues teóricamente valemos más que ellos. 


Y entiendo perfectamente que, en la actualidad, existe una corriente de menos precio por nosotros mismos y el humano en general. 


Básicamente que nosotros somos una plaga y que no merecemos este planeta. 


Bueno, a mí me vas sacando de esa lista, porque yo considero que actúo bien con el planeta y en general con las personas. 


No podemos hacer como los fanáticos políticos o religiosos que lo que nos diga el líder, tomarlo como la verdad irrefutable del Creador. 


Pasa lo mismo con las noticias. 


Estos medios sociales nunca te van a mostrar algo positivo, porque lo negativo y lo que genera escándalo vende más. 


Pero te puedo asegurar, yo que no veo noticias y observo más el mundo real, que la gente quiere hacer el bien y vivir en paz. 


Y no te estoy diciendo algunos, sino la mayoría. 


No ha de faltar el pato que le guste la maldad. 


Pero esto no quiere decir que todo el mundo es malo. 


Mira por ejemplo hace algunas semanas cuando ocurrió un gran terremoto en mi localidad. 


La gente "mágicamente" se llenó de amor por otros y los ayudó de alguna u otra forma. 


Ayudaban a remover escombros para encontrar familiares. 


Donaban comida, sabanas, carpetas, etc. 


Eso no lo hace una mala persona. 


Y era un ambiente de solidaridad impresionante. 


Así que la humanidad no está perdida y aún tenemos el amor de nuestro Creador que se manifiesta en ayudar a otros. 


Y no quiero que me mal interpretes cuando te digo que se vive una mejor vida confiando en un Poder Superior. 


No te estoy mandando a una iglesia, religión o cualquier movimiento espiritual. ¡Que pereza! 


Bueno, si quieres hacerlo eso no es problema mío. 


Finalmente, con esos temas hay que ser muy cuidadoso porque no ha de faltar el negociante que se aproveche de la fe de otros y con tal de tener su dinero les vende el miedo y el castigo eternos. 


Lo que finalmente te quiero decir es que, para dejar esa ansiedad, ese temor al futuro que te estás imaginando hay que soltar esa preocupación en ese Poder Divino. 


Y para hacer eso tienes que hablar con él. 


Ser impresionantemente honesto y decir que te pasa. 


Eso sí, no esperes a que las cosas se solucionen mágicamente y de la noche a la mañana. 


Por ejemplo, yo he mejorado mucho en ese tema de las preocupaciones y la ansiedad. 


Pero eso no quiere decir que me apoye en mi poder superior y al otro dia ya estaba curado. 


Yo sigo teniendo miedo, pero ahora me siento más confiado y tranquilo frente a todo lo que tenga que enfrentar pues ya no me siento que hago las cosas solo. 


Pues ya la estoy haciendo con propósito. 


Quizás más adelante cuente una experiencia muy curiosa que me pasó con este tema del Poder Superior (si este canal llega al millón de suscriptores cuento el chisme). 


Así que quiero animarte mediante esta información a que no actúes en tu vida solo. 


Este mundo nunca ha sido fácil para para picárselas de valiente y hacer eso. 


Hace mucho tiempo leí que por muy separado que te sientas de Dios, si tu das un paso hacia él, él va a dar 2 o más pasos hacia ti.

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lunes, 12 de octubre de 2026

Cómo dejar de sobrepensar



Cómo dejar de sobrepensar

Hay noches en las que el problema no es lo que ocurrió durante el día. 


El problema es todo lo que empieza a ocurrir en nuestra cabeza cuando intentamos dormir. 


Recordamos una conversación. “¿Por qué dije eso?” “¿Será que se molestó?” 


“¿Y si hubiera respondido de otra manera?” Después aparece otro pensamiento. 


“¿Qué pasará mañana?” “¿Y si las cosas salen mal?” “¿Y si tomo la decisión equivocada?” 


Y cuando nos damos cuenta, llevamos una hora acostados intentando resolver problemas que todavía no existen. 


A mí también me ha pasado. 


Lo curioso es que muchas veces creemos que estamos solucionando algo porque estamos pensando mucho en ello. 


Pero pensar y sobrepensar no son lo mismo. 


Pensar nos ayuda a encontrar una respuesta. Sobrepensar nos hace dar vueltas alrededor de la misma pregunta sin llegar a ninguna parte. 


Es como intentar salir de un laberinto caminando en círculos. 


Nuestra mente puede tomar una posibilidad y convertirla rápidamente en una amenaza. 


Un “tal vez” se convierte en un “seguramente”. Un “¿y si?” termina pareciendo una certeza. 


Y empezamos a sufrir por algo que todavía no ha ocurrido. 


¿Por qué lo hacemos? Muchas veces porque queremos tener el control. 


Queremos saber qué va a pasar, qué piensa otra persona o si la decisión que estamos tomando será la correcta. 


Pero hay cosas que simplemente no podemos saber por anticipado. 


Puedes pensar durante horas antes de enviar un mensaje y aun así no puedes controlar la respuesta. 


Puedes analizar una decisión desde todos los ángulos y aun así no puedes conocer el resultado. 


Entonces… ¿cómo dejamos de sobrepensar? No intentando dejar la mente en blanco. 


La clave está en aprender a distinguir entre un problema que puedes resolver y una preocupación que solo estás imaginando. 


Cuando aparezca un pensamiento que no te deja tranquilo, pregúntate: 


¿Esto está ocurriendo ahora? ¿Puedo hacer algo al respecto? 


Si la respuesta es sí, hazlo. Si puedes enviar el mensaje, envíalo. 


Si puedes pedir disculpas, hazlo. Si puedes tomar una decisión, tómala. 


Pero si no puedes hacer nada en este momento, quizá seguir pensando no sea la solución. 


Puedes decirte: “Esto no está bajo mi control.” Y continuar. 


Hace poco entendí algo que me ha servido bastante: no todo pensamiento merece nuestra atención. 


Nuestra mente produce pensamientos constantemente. Algunos son útiles. Otros son recuerdos, miedos o simplemente posibilidades. 


No tienes que discutir con cada uno de ellos. 


Puedes dejar que un pensamiento aparezca sin convertirlo en una historia. 


Porque una cosa es pensar “¿y si todo sale mal?” y otra muy distinta es pasar los siguientes treinta minutos imaginando todas las formas en que podría suceder. 


La próxima vez que te descubras pensando demasiado en lo mismo, detente. Respira. 


Pregúntate qué puedes hacer realmente en este momento. Hazlo. 


Y si no puedes hacer nada, vuelve a tu vida. No necesitas resolver hoy todos los problemas de mañana. 


Hay respuestas que solo aparecerán cuando llegue el momento. 


Y quizá esa sea una de las cosas más difíciles de aceptar: no siempre necesitamos tener certeza para poder estar tranquilos. 


Pensar es una herramienta maravillosa. 


Pero una herramienta deja de ayudarnos cuando permitimos que ella nos controle. 


Dejar de sobrepensar no significa dejar de pensar. 


Significa aprender cuándo un pensamiento merece nuestra atención y cuándo debemos dejarlo pasar. 


Porque hay cosas que solo se pueden entender después de que ocurren. 


Y hay momentos en los que la mejor respuesta que puedes darle a tu mente es: 


“Ya pensé suficiente. Ahora voy a vivir.”

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lunes, 14 de septiembre de 2026

No estás aplazando la tarea... estás evitando sentir



No estás aplazando la tarea... estás evitando sentir

Hay tareas que llevamos días aplazando y no entendemos por qué.  


Sabemos que tenemos que hacerlas. Sabemos que son importantes.  


Incluso sabemos que cuanto más las retrasemos, peor nos vamos a sentir.  


Y aun así, encontramos cualquier cosa para no hacerlas.  


Revisamos el celular, organizamos algo que podía esperar, buscamos otra actividad o simplemente nos decimos: “mañana lo hago”.  


Entonces aparece la explicación más fácil: “Soy perezoso.”  


Pero no siempre es pereza. A veces estamos evitando una emoción.  


Hay personas que aplazan una llamada porque temen recibir una mala noticia.  


Otras evitan comenzar un proyecto porque tienen miedo de fracasar.  


Algunas postergan una conversación porque no quieren enfrentarse al conflicto, a la culpa o a lo que la otra persona pueda decir.  


La tarea puede ser sencilla. Lo difícil puede ser lo que sentimos cuando pensamos en hacerla.  


Y aquí aparece una trampa: aplazar produce alivio.  


Por unos minutos dejamos de pensar en aquello que nos preocupa.  


Sentimos que el problema desapareció.  


Pero no desapareció. Solo lo trasladamos al futuro.  


Después llega la culpa por no haberlo hecho, la preocupación porque queda menos tiempo y, en ocasiones, una ansiedad todavía mayor.  


Así podemos entrar en un círculo bastante conocido:  


Evito → siento alivio → pasa el tiempo → aumenta la preocupación → vuelvo a evitar.  


Por eso, la próxima vez que descubras que estás aplazando algo importante, quizá valga la pena cambiar la pregunta.  


En lugar de preguntarte: “¿Por qué no hago esto?”  


Pregúntate: “¿Qué siento cuando pienso en hacerlo?”  


Y después: “¿Estoy evitando la tarea o estoy evitando esa emoción?”  


La respuesta puede cambiar la manera de enfrentar el problema.  


Porque no siempre necesitamos esperar a sentirnos motivados, tranquilos o seguros para comenzar.  


A veces tenemos que aprender algo más sencillo y más difícil al mismo tiempo:  


Podemos sentirnos incómodos y aun así dar el primer paso.  


Quizá ese sea uno de los verdaderos aprendizajes detrás de la procrastinación: no necesitamos dejar de sentir para avanzar.  


A veces necesitamos avanzar mientras sentimos.

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lunes, 17 de agosto de 2026

No estás cansado... estás saturado



No estás cansado... estás saturado

Hay días en los que dormimos ocho horas, tomamos café, cumplimos con nuestras obligaciones y, aun así, sentimos que no tenemos energía para continuar. 


Entonces aparece la frase de siempre: "Estoy muy cansado". Pero ¿y si el problema no fuera el cansancio físico? 


Quizá no estás cansado. Quizá estás saturado. 


Vivimos en una época donde nuestra mente rara vez descansa. 


Apenas despertamos revisamos el celular, respondemos mensajes, leemos noticias, atendemos reuniones, pensamos en las cuentas, en la familia, en el trabajo y, cuando por fin termina el día, seguimos conectados a las redes sociales. 


Nuestro cuerpo puede estar sentado, pero nuestra mente lleva horas corriendo sin detenerse. 


La saturación mental no siempre se manifiesta como tristeza o ansiedad. 


A veces aparece de formas mucho más silenciosas: olvidar cosas sencillas, perder la paciencia con facilidad, sentir que cualquier tarea parece enorme o simplemente quedarse mirando una pantalla sin saber por dónde empezar. 


Lo curioso es que muchas personas intentan solucionar este problema haciendo más cosas. 


Se exigen ser más productivas, organizar mejor su tiempo o trabajar unas horas adicionales para "ponerse al día". 


Sin embargo, una mente saturada no necesita más velocidad; necesita espacio. 


No todo descanso consiste en dormir. 


También descansamos cuando dejamos de tomar decisiones durante un momento, cuando caminamos sin mirar el teléfono, cuando conversamos con alguien sin interrupciones o cuando nos permitimos permanecer en silencio. 


Esos pequeños espacios funcionan como una pausa para nuestro cerebro. 


He visto que muchas personas creen que deben aguantar hasta que las vacaciones lleguen o hasta que termine ese proyecto importante. 


El problema es que la saturación no suele desaparecer por sí sola. 


Si ignoramos las señales durante demasiado tiempo, nuestro rendimiento disminuye, las emociones se vuelven más intensas y cualquier dificultad parece mucho más grande de lo que realmente es. 


Por eso vale la pena hacerse una pregunta sencilla: 


¿Mi cuerpo está cansado o mi mente está saturada? 


La respuesta puede cambiar la manera en que decides cuidarte. 


No siempre necesitamos dormir más. 


A veces necesitamos pensar menos, desconectarnos un momento y recordar que nuestra mente también merece descansar. 


Porque cuidar la salud mental no significa dejar de luchar por nuestros objetivos. 


Significa entender que nadie puede dar lo mejor de sí cuando vive con la mente llena todo el tiempo. 


Hoy te propongo un pequeño ejercicio. 


Durante diez minutos, apaga las notificaciones, deja el celular a un lado y simplemente respira, observa lo que ocurre a tu alrededor o da una caminata corta. 


Es posible que no resuelva todos tus problemas, pero le dará a tu mente algo que muchas veces olvida pedir: un respiro. 


A veces no necesitamos más fuerza. Solo necesitamos dejar de cargar tanto.

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lunes, 6 de julio de 2026

Lo que crees que te frena... en realidad te está empujando



Lo que crees que te frena... en realidad te está empujando

Hay algo curioso que pocas personas se detienen a pensar. 


Y es que muchas de las cosas que consideramos debilidades… en realidad podrían estar trabajando a nuestro favor. 


Pero como estamos tan acostumbrados a verlas como un problema, nunca nos damos la oportunidad de entenderlas. 


Por ejemplo, en mi caso hay dos cosas que podrían parecer una desventaja total. 


La primera es la belonefobia, es decir, el miedo a las agujas. 


Y la segunda es la ansiedad. 


Cualquiera diría que eso es una combinación terrible. 


Pero aquí es donde la cosa se pone interesante. 


Resulta que, gracias a ese miedo a las agujas, mi propio cerebro ha tomado una decisión bastante lógica. 


Es mejor mantenerse sano… que enfrentarse al pánico de una inyección. 


Y aunque yo no esté pensando en eso todos los días de forma consciente, mi comportamiento sí cambia. 


Termino cuidándome más. 


Evito enfermarme no por disciplina pura, sino porque en el fondo hay algo que me empuja a no querer llegar a ese punto. 


Es como si mi mente dijera: 


“haz lo que tengas que hacer, pero no lleguemos allá”. 


Y eso, aunque suene raro, termina siendo una ventaja. 


Ahora, con la ansiedad pasa algo parecido. La ansiedad es incómoda. Es pesada. 


Y el que la ha sentido sabe que no es algo con lo que quieras vivir todo el tiempo. 


Así que, buscando una forma de bajarle a eso, encontré en el ejercicio una salida. 


El gym no es solo por estética. Es más bien una necesidad. 


Porque cuando no voy… la ansiedad sube. Y cuando voy… todo se calma. 


Entonces mi cerebro vuelve a hacer lo suyo. Asocia el ejercicio con sentirse bien. 


Y sin darme cuenta, esa misma ansiedad se convierte en la razón por la que soy constante. 


No es motivación… es supervivencia emocional. 


Y ahí es donde uno empieza a entender algo importante. 


No todas las debilidades vienen a destruirte. 


Algunas vienen a empujarte en la dirección correcta. 


El problema es que casi nadie se detiene a observarlas con ese enfoque. 


Siempre queremos eliminarlas. Siempre queremos “arreglarnos”. 


Pero muy pocas veces pensamos en usarlas. 


Porque si te pones a ver bien, esto no solo aplica a mi caso. 


Aplica para muchas cosas. 


Hay gente que por miedo al fracaso se prepara más que cualquiera. 


Otros que por ser tímidos desarrollan una capacidad brutal de observar y entender a los demás. 


Y así hay un montón de ejemplos. 


La cuestión aquí no es negar que exista una debilidad. 


La cuestión es preguntarte qué puedes hacer con ella. 


Cómo puedes ponerla a trabajar para ti en lugar de que trabaje en tu contra. 


Porque al final del día, tu mente siempre está buscando protegerte. 


A su manera. A veces de formas raras. 


Pero si aprendes a entenderla, puedes sacarle ventaja. 


Así que la próxima vez que sientas que hay algo en ti que “no está bien”… 


En lugar de rechazarlo de inmediato, pregúntate algo muy simple. 


¿Cómo puedo usar esto a mi favor? 


Tal vez ahí esté escondida una de tus mayores fortalezas.

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lunes, 29 de junio de 2026

Pensar negativo no te protege. Te desgasta



Pensar negativo no te protege. Te desgasta

Pensar en lo peor no te hace más inteligente. Te hace vivir peor. 


Y lo más preocupante es que ese tipo de pensamiento ya viene por defecto en la mayoría de personas. 


Mucha gente cree que anticipar lo malo ayuda a estar preparado. 


Si algo sale mal, ya lo había pensado. 

Si algo dolía, no toma por sorpresa. 


Suena lógico… pero no lo es. 


En mi caso, ese patrón fue durante años una de las principales causas de mi ansiedad. 


No era lo que pasaba afuera… 

era todo lo que mi mente estaba anticipando todo el tiempo. 


Conocí a un muchacho que pensaba igual. Decía que prefería pensar en negativo porque así, si algo malo pasaba, no se desilusionaba. 


En teoría, tenía sentido. En la práctica, no. 


Siempre esperaba lo peor… y curiosamente, eso era lo que terminaba viviendo. 

Nunca tenía nada que celebrar. Nunca veía algo como suficiente. 


No porque su vida fuera peor que la de otros, sino porque su mente ya estaba entrenada para filtrar todo desde lo negativo. 


Ahí entendí algo importante: 


Pensar negativo no es ser realista. 

Es entrenar a tu mente para vivir en alerta todo el tiempo. Y vivir así tiene un costo. 


No tomas mejores decisiones. No evitas problemas. 

Solo llegas más desgastado a ellos. 


Pensar positivo tampoco es magia. 


No cambia la realidad. No elimina los problemas. 


Pero sí cambia desde dónde los enfrentas. 


Te permite ver lo que sí está funcionando. 

Te da espacio para reaccionar mejor. 


Porque al final no eliges lo que pasa. 

Pero sí eliges desde qué enfoque lo interpretas. 


Y si entrenas tu mente para ver solo lo malo… no es que la vida sea peor, 

es que te vuelves incapaz de ver cuando es buena. 


Y yo ya no quiero vivir así. 


No porque todo vaya a salir bien, 

sino porque ya entendí que pensar peor tampoco lo evita. 


Si mi mente va a imaginar escenarios… 

prefiero que no todos estén en mi contra.

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lunes, 1 de junio de 2026

Todo salió bien… excepto en mi cabeza



Todo salió bien… excepto en mi cabeza

Una de las cosas que más afecta a una persona, aunque no lo diga, es la ansiedad. 


Y no me refiero a esa ansiedad que mencionan por ahí como algo ligero. 


Me refiero a esa que te aprieta el pecho. 


A esa que no te deja pensar con claridad. 


A esa que te hace ver problemas donde todavía no existen. 


Hace poco me cambié de lugar. 


Algo que en teoría es normal. 


Algo que miles de personas hacen todos los días sin problema. 


Pero en mi cabeza… no era algo normal. 


Era un caos. 


Tenía que coordinar el trasteo. 


Tenía que hablar con las personas que me iban a ayudar. 


Tenía que dejar el lugar donde estaba completamente limpio. 


Incluso pintarlo. 


Tenía que organizar el nuevo sitio. 


Ver dónde iba cada cosa. 


Asegurarme de que todo saliera bien. 


Y mientras todo eso pasaba… mi mente comenzó a hacer lo suyo. 


“¿Y si no alcanza el tiempo?” 


“¿Y si algo sale mal?” 


“¿Y si nadie me ayuda?” 


“¿Y si no logro organizar todo?” 


Es impresionante como la mente puede construir un desastre completo… 


Sin que todavía haya pasado nada. 


Yo ya estaba cansado… sin haber empezado. 


Ya estaba estresado… sin haber movido una sola caja. 


Ya estaba abrumado… sin que existiera un problema real. 


Y luego comenzó todo. 


Paso a paso. 


Sin afán. 


Sin caos. 


La gente ayudó. 


El tiempo alcanzó. 


Las cosas salieron. 


Incluso más fácil de lo que esperaba. 


Y fue ahí donde me di cuenta de algo. 


Nada fue como mi ansiedad decía. 


Nada. 


Todo ese sufrimiento… 


Fue adelantado. 


Fue innecesario. 


Fue creado. 


Porque la ansiedad no te muestra la realidad. 


Te muestra una versión exagerada de todo. 


Una versión donde todo sale mal. 


Donde todo es urgente. 


Donde todo es un problema gigante. 


Pero la vida real… no funciona así. 


La vida real se resuelve paso a paso. 


No toda al tiempo. 


No como la mente quiere hacerte creer. 


Pensar demasiado no me ayudó. 


No me dio soluciones. 


No hizo nada más fácil. 


Al contrario. 


Me desgastó antes de empezar. 


Pero actuar… 


Eso sí cambió todo. 


Mover una cosa. 


Resolver otra. 


Y luego otra. 


Y sin darme cuenta… todo estaba hecho. 


Tal vez la vida no es tan complicada como parece. 


Tal vez no es tan pesada como la sentimos. 


Tal vez… el verdadero problema es la historia que nos contamos antes de que las cosas pasen. 


Porque a veces… 


La ansiedad no viene de la realidad. 


Viene de lo que creemos que va a pasar.

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lunes, 4 de mayo de 2026

¿Es esta vida algo maravilloso o una tribulación?



¿Es esta vida algo maravilloso o una tribulación?

Hace ya varios años, conocí a una persona que me pareció muy interesante pues ella enfocaba su vida basándose en el libro Un Curso de Milagros. 


Por si no conoces el libro, se trata de una colección de escritos “espirituales” y que propone un profundo cambio en la forma de pensar. 


Enseña que el miedo y el conflicto provienen del ego. 


Mientras que el amor y la paz son nuestra verdadera naturaleza. 


Tiene algunos ejercicios con los cuales busca ayudar a la persona a transformar su percepción de la vida. 


También a practicar el perdón y a alcanzar una verdadera paz interior duradera. 


Sin embargo, está señora en cierta oportunidad preguntó en un grupo de Whatsapp al cual este angelito lindo pertenecía, que, si tuvieras la oportunidad de regresar de nuevo a esta vida, ¿qué haríamos? 


Bueno, yo abrí mi gran bocota y respondí que a mí me gustaría regresar muchas veces a esta vida pues me parece maravillosa. 


Esto fue como le hubiera insultado a esta señora, pues salí regañado del grupo. 


En resumen, yo estaba mal porque esto no era para nada divertido y bla bla. 


Gracias al libro UCDM, yo aprendí a no perder el tiempo en discusiones ni tampoco intentar a convencer a la gente de mis creencias. 


Estas solo me sirven a mí, a nadie más. 


Así que yo agaché mis orejitas y me quedé calladito, porque así disfruto más la vida. 


En otras palabras, si le doy la razón a la señora con mi silencio, queda contenta ella y quedo contengo yo porque no tuve ningún conflicto. 


No me gané ningún malestar solo por tener la razón. 


Sin embargo, debo aclarar que en la actualidad comprendo perfectamente el punto de vista de la señora y le doy toda la razón. 


Esta vida puede ser muy maravillosa. Todo lo que quieras. 


Hay naturaleza, animales hermosos e incluso personas increíbles que hacen que tu vida sea más maravillosa. 


Pero tenemos que ser conscientes que no todo el tiempo es tan divertida. 


En mi trabajo yo me enfrento casi cada día a nuevos desafíos. 


Cosas que tengo que aprender sin el más mínimo conocimiento previo. 


Todo esto va generando en mi estrés y ansiedad cada día. 


Y no soy el único paciente con este problema. 


Millones de personas al rededor del mundo enfrentan no solo mi situación sino cosas adicionales como enfermedades, conflictos con parientes y muchas otras cositas más. 


Así pues, es muy probable que la señora de esta historia se estuviera enfrenando a múltiples frentes de conflictos, lo cual no le permitirá disfruta la vida, a pesar de tener un conocimiento sobre el libro UCDM. 


Esto en ningún momento hace a esta persona equivocada o mala. 


Simplemente todos vivimos diferentes circunstancias que nos amargan un rato los momentos. 


Al final, quizás la pregunta no es si esta vida es una maravilla o una tortura. 


Tal vez es ambas cosas, dependiendo del momento y de los ojos con los que la miremos. 


Hay días en los que todo fluye y la vida parece un regalo. 


Y hay otros en los que pesa, incomoda y nos pone a prueba. 


Pero incluso en medio de lo difícil, seguimos teniendo la capacidad de elegir cómo responder. 


Yo, por mi parte, sigo pensando que vale la pena volver. 


No porque todo sea perfecto, sino porque incluso con sus sombras, hay suficiente luz como para querer intentarlo otra vez. 


Las ideas del libro UCDM apuntan a que la percepción lo cambia todo, pero eso no elimina las experiencias duras, solo transforma cómo las vivimos.

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lunes, 27 de abril de 2026

Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)



Dejar de luchar también es avanzar (aunque tu ego no lo acepte)

Hay algo que nadie quiere aceptar… y es que no todo en la vida se resuelve luchando. 


Nos enseñaron que rendirse es perder. 


Que soltar es de débiles. 


Que si algo no funciona, entonces hay que insistir más, apretar más, luchar más. 


Pero la realidad es otra. 


Hay momentos en la vida donde seguir luchando… es exactamente lo que te está destruyendo. 


Y no hablo de rendirte con tus sueños. 


Hablo de esa lucha interna constante que no te deja en paz. 


Esa necesidad de controlar todo. De forzar situaciones. 


De querer que las cosas salgan exactamente como tú quieres. 


Porque cuando eso no pasa… te frustras. te desgastas. te rompes por dentro. 


Y lo peor de todo… es que en el fondo sabes que no está funcionando… pero sigues insistiendo. 


Como si la vida fuera una pelea que tienes que ganar. 


Pero la vida no está peleando contigo… eres tú peleando contra ella. 


Como si soltar fuera sinónimo de fracaso. Pero no lo es. 


De hecho, muchas veces… soltar es lo único que te permite avanzar. 


Te lo digo por experiencia. 


Hubo momentos en mi vida donde luché tanto por algo… que terminé perdiéndome a mí mismo. 


Por ejemplo, con el tema del dinero. 


Quería que las cosas funcionaran sí o sí. 


Quería que todo encajara. Quería tener el control. 


Y mientras más lo intentaba… peor se ponían las cosas. 


Hasta que llegó un punto donde ya no podía más. 


Y no fue una decisión bonita ni motivadora. 


No fue un “voy a soltar y todo estará bien”. 


Fue más bien un… “ya no tengo fuerzas para seguir peleando”. 


Y ahí pasó algo curioso. 


Cuando dejé de forzar… cuando dejé de resistir… cuando simplemente solté… las cosas empezaron a moverse. 


No como yo quería. Pero sí como necesitaba. 


Porque entendí algo que no había visto antes: 


No todo en la vida se arregla con más esfuerzo. 


A veces se arregla con más conciencia. 


A veces avanzar no es hacer más… es dejar de hacer. 


Dejar de insistir en lo que no fluye. 


Dejar de aferrarte a lo que ya no es para ti. 


Dejar de pelear con una realidad que no puedes controlar. 


Y ojo… esto no es conformismo. 


No es sentarte a esperar que la vida haga todo por ti. 


Es aprender a distinguir entre: lo que puedes cambiar y lo que te está pidiendo que lo sueltes 


Porque hay batallas que no se ganan luchando… se ganan dejándolas ir. 


Y sí… duele. Duele aceptar que no era por ahí. 


Pero si eres honesto… lo que realmente duele… es el ego. 


Duele soltar expectativas. 


Duele dejar atrás algo en lo que invertiste tiempo, energía, emoción. 


Pero duele más seguir en una lucha que te está consumiendo. 


Así que si hoy sientes que estás forzando demasiado algo… relájate un momento. 


No todo requiere que luches.  


A veces… lo más valiente que puedes hacer… es soltar. 


Y confiar en que al hacerlo… no estás perdiendo… estás avanzando… aunque tu ego lo sienta como una derrota.

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lunes, 23 de febrero de 2026

La higiene del sueño también es una forma de poder personal



La higiene del sueño también es una forma de poder personal

Una de las cosas que menos valoramos en la vida es el sueño. 


No porque no sea importante, sino porque creemos que siempre va a estar ahí. 


Pensamos que dormir es automático, que basta con acostarse y cerrar los ojos. 


Pero la realidad es muy diferente. 


Hay personas que duermen poco, otras duermen mal y otras creen que ya se acostumbraron a vivir cansadas. 


El problema es que el cuerpo no se acostumbra, solo se adapta… y esa adaptación siempre tiene un costo. 


Dormir mal afecta tu humor, tu energía, tu capacidad de pensar y la forma en que enfrentas los problemas diarios. 


Muchas personas buscan motivación, disciplina o respuestas externas, cuando en realidad lo que necesitan es descansar mejor. 


La higiene del sueño no es una moda ni una exageración. 


Es una forma básica de respeto hacia tu mente y tu cuerpo. 


Dormir no es perder el tiempo. 


Es el momento en el que tu cerebro se reorganiza, tu sistema nervioso se calma y tu subconsciente hace el trabajo que durante el día no puede hacer. 


Cuando no duermes bien, tu mente no descansa, solo se apaga por agotamiento. 


Y eso se nota. 


Pensamientos repetitivos, irritabilidad, ansiedad sin causa clara y decisiones impulsivas. 


No se trata de ser perfecto ni de tener una rutina rígida. 


Se trata de crear pequeños hábitos que le indiquen a tu cerebro que es momento de bajar el ritmo. 


Mira por ejemplo en mi caso siempre me tomo una pequeña siesta antes de iniciar mis labores en la mañana. 


Y lo mismo hago antes de iniciar mis labores en la tarde. 


Este es un pequeño truco que hago para mejorar mi rendimiento laboral. 


Dormir esa pequeña siesta “reinicia” el cerebro y permite abordar mejor los desafios en mis tareas. 


Dormir bien no va a resolver todos tus problemas. 


Pero dormir mal casi siempre los empeora. 


Así que no subestimes el poder de una buena noche de sueño. 


No es un lujo, no es debilidad y no es pérdida de tiempo. 


Es una inversión silenciosa en tu claridad mental y en tu capacidad para enfrentar la vida.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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