Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

lunes, 16 de agosto de 2021

La envidia como instrumento de infelicidad



La envidia como instrumento de infelicidad

El RAE define la envidia como tristeza o pesar por el bien ajeno. 


En esto, la doctora Melanie Klein hizo un aporte bastante importante en la definición de esto. 


Ella definía la envidia como un sentimiento destructivo, en el cual, si la persona que envidia no puede poseer, entonces va a destruir. 


Esto es muy común verlo en el ámbito de la política. 


Digamos que un personaje de estos está trabajando por la comunidad y ha estado haciendo las cosas bien. 


Su contrincante que siente envidia por el poder, va a hacer todo lo posible por dañar su imagen, destruirla. 


Así esto implique dañar el bien que se ha hecho a muchas personas favorecidas. 


En otras palabras, la envidia es un sentimiento enajenador. 


Es decir que puede provocar hasta la locura por querer quedarse con eso que tiene la otra persona. 


Esto hace que nos surja la pregunta, si los celos y la envía vendrían siendo lo mismo. 


Podemos decir que los celos los padece la persona que los siente. 


La persona que es objeto de celos puede ignorar los sentimientos del celoso. 


Quizás ni se dé cuenta que la otra persona le está ardiendo su comportamiento. 


En cambio, la persona que envidia, puede llegar a obsesionarse con hacerte daño. 


Recuerda que el objetivo de una persona envidiosa es destruir sino puede obtener algo que tú has hecho. 


Para hacer un resumen, si tuvieras que elegir entre tener una persona al lado envidiosa o celosa, definitivamente es preferible aguantarse a un cansón(a) celosa. 


También se podría decir que la envidia en cierto punto es una admiración, pero enfermiza. 


Finalmente, por algo el envidioso, desea conseguir o hacer lo que su objetivo ha realizado. 


¿Y adivina con que estructura mental tiene que ver con la envidia? 


Si tu respuesta es el Ego, estás totalmente en lo correcto. 


Recuerda que el Ego es la estructura que nos mueve hacia el merecimiento. 


Ver que una persona logra lo que tú aun no has podido hace que te salten emociones negativas en tu cuerpo. 


Ante este sentimiento de pérdida insoportable, desarrollamos mecanismos como infravalorar la ventaja de otros. 


Mentalmente decimos eso no es para tanto, o se cree la gran cosa, etc. 


Otro mecanismo es intentar “triunfar” en otra área donde esa persona no ha tenido éxito. 


Y finalmente podemos llegar a la agresión física o psicológica. 


Incluso hay una anécdota cuando Edison dio por vez primera una demostración de su fonógrafo. 


Cuanto terminó la presentación, el académico francés, Jean Bouillaud, de 82 años salto de su asiento al cuello de la persona que lo estaba manipulando. 


Diciendo que eso era falso, un truco de ventriloquía, etc. 


Solo le faltó decir que eso era del demonio. 


Respecto a esto, hace más de 20 años conocí a un par de hermanas bastante atractivas. 


Yo me conocí primero con la hermana menor de estas. 


Nos gustamos y después de un par de semanas comenzamos a salir. 


Pasado un tiempo, esta señorita me invitó a su casa a conocer a sus parientes. 


Allí fue cuando conocí a la hermana mayor, la cual definitivamente me encantó. 


Y pues supongo que yo también le gusté pues notaba que me miraba de forma muy especial. 


En cierta oportunidad en que por un instante me quedé solo con la mayor, esta se me acercó a hablar amablemente. 


Y casi que, a la velocidad de la luz, la hermana menor llegó a “marcar territorio”. 


Es como si no quisiera que su hermana le fuera a quitar a su “nuevo amigo”. 


Yo me sentía fatal, pues ¿cómo era posible que fuera de visita a la casa de la chica que me gustaba y terminara encantado con su hermana? 


Tampoco puedo acabar con la familia. 


Pasado un tiempo, finalmente no se dio ninguna relación seria con la hermana menor. 


Y pues me quedó el camino libre para caerle a la mayor. 


No en realidad muchos años después, me contacté por redes sociales con la mayor. 


Me dijo que le enviara una foto de cómo estaba en la actualidad y se la envié. 


No sabía que las hermanas estaban reunidas en la misma casa, pues se suponía que la menor ya estaba casada y tenía una vida muy exitosa. 


Esta hermana mayor me confesó días después que su hermanita al ver que yo tenía contacto con ella, le “restregó” que años atrás cuando salíamos yo estaba super enamorado de ella. 


Por supuesto, esto hizo que la mayor se sintiera fatal, pero me hizo entender que la menor, había estado envidiosa del “éxito” de su hermana. 


Muchos años después de este evento, tuve la oportunidad de reencontrarme cara a cara con la mayor. 


Y me atreví a decirle algo sobre este evento y lo que había notado de su hermanita. 


Intenté ser muy discreto al decírselo, pero para sorpresa mía, me confesó que no era la única persona que se lo había dicho. 


Otras personas muy cercanas ya le habían mencionado este tema. 


Mi amiga me preguntaba que como era posible si su hermanita era hermosa, tenía un hogar ejemplar y una economía bastante fuerte. 


Le dije que lo más probable era que su hermanita no era feliz, a pesar de todo “eso” que tenía. 


A manera de resumen, mi amiga es una persona muy táctica para vivir. 


Es organizada, trabaja por lo que quiere conseguir y sobre todo es feliz con lo que tiene. 


Exactamente esa capacidad de ser feliz con lo que tiene es lo que su hermanita tristemente siente envidia. 


Y no se trata de una enemistad entre hermanas. 


Puedo dar fe plena que ambas se aman con todo el corazón. 


Pero lamentablemente la menor no es consciente de sus emociones y no sabe cómo procesar de forma óptima eso que siente. 


Lamentablemente esto es el común denominador en la humanidad. 


Los seres humanos no sentimos tanta envidia por lo que otros tienen y nosotros no hemos podido tener. 


Sino por la felicidad que vemos en ellos, sea cual sea lo que la esté provocando. 


Mira, yo he visto como despotrican de una pareja, aunque no tengan sino lo básico, simplemente porque son felices caminando de la mano en la calle. 


Hay que ser sinceros con nosotros y aceptar que el 99.999999999% de la humanidad es infeliz. 


No estamos conformes con nuestra vida. 


Es por eso que anhelamos o más bien envidiamos cualquier atisbo de felicidad en alguien. 


Así pues, quiero animarte mediante esta información a prestar mucha atención a la felicidad que tienes al frente y no en la felicidad de terceros. 


Probablemente en un futuro, miraremos este instante y nos daremos cuenta que en realidad lo teníamos todo y no supimos disfrutarlo.

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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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