
sábado, 2 de noviembre de 2013
Aprovechando tu talento para crecer
Hace aproximadamente de 4 a 5 años, me encontraba
desarrollando aplicaciones para una empresa en la cual había ingresado recientemente. A los
meses nos dieron la noticia que cambiaríamos de oficina y pues se vino el
trasteo de todas nuestras cosas a la nueva localidad.
Cuando ingresamos al nuevo espacio, pudimos observar unas
tablas que quizás hicieron parte de una mesa grande, pero estás tablas ya se
encontraban mohosas, deterioradas y se notaba que habían sido el alimento de
polillas durante largo tiempo.
Decidimos entre todos bajar estas tablas y deshacernos de
ellas, dejándolas en el exterior con la esperanza de que alguna persona de las
que reciclan basura o alguien que las necesitara se las pudiera llevar.
Para sorpresa nuestra, pasaron 2 semanas y las tablas seguían
al pie de la puerta principal en plena calle a disposición de que alguien se
las llevara y les diera alguna utilidad aunque fuera para alimentar el fuego y
nada. Ni siquiera el vehículo que se lleva cada 2 días en la semana la basura
de los vecinos que colocan en las calles, se atrevió a hacerse cargo de estos
elementos. Pasó una semana más y nada. En la cuarta semana finalmente estás
tablas desaparecieron.
Pasó el tiempo, y al frente de la oficina tenían una cafetería
en la cual yo desayunaba todos los días. Con el tiempo me fui haciendo amigo
del dueño, el cual me contó una interesante historia sobre el final de las famosas
tablas que casi no desaparecen de nuestra vista.
Resulta que el dueño de la cafetería al tener de frente
dichas tablas, comentó con una vecina que también desayunaba a diario en la cafetería,
que los nuevos vecinos estaban encartados con dicho tema y que al parecer no se
podrían deshacer tan fácil de ellas.

Yo creo recordar una voz fuera de la oficina muy lejos en
el fondo, diciendo siempre “vea vecino(a), le vendo esas tablas”, y
efectivamente el dueño de la cafetería me dijo que durante 2 semanas la señora
se dedicó a ofrecerlas y que la voz era la de ella.
Me contaba que mucha gente pasaba y ni siquiera la
miraban pero ella seguía con su plan paciente de 1 mes para vender el material.
Hasta que un día pasaba una pareja tomados de la mano y caminando por el
sector, cuando la señora le dijo “señor! Mire le vendo estás tablas”. El señor
sonrió y siguió caminando, pero en la esquina se devolvió y le dijo mire, se
las compro pero solo tengo 30 mil pesos (aproximadamente 15 dólares). Y allí
fue cuando las dejamos de ver.
¡¡ WOW – WOW – WOW !! “Un momento…” dije yo, “¿finalmente
la señora las vendió?” a lo que el dueño de la cafetería me dijo que sí. ¡No lo
podía creer! Unas tablas viejas, podridas y feas que solo servían de alimento
para polillas fueron negociadas ¿y a tan alto precio?
Varios días estuve analizando esto porque la verdad me impactó
demasiado. Y me di cuenta de la propuesta que le hace el señor “…se las compro
pero SOLO tengo 30 mil…”, es decir para él eso era muy poco y mentalmente les
daba un valor mayor.
Otra conclusión que pude sacar fue que no importa lo que
alguien pueda tener. SIEMPRE otra persona lo va a necesitar. Este evento cambió
mucho mi punto de vista del servicio que yo haría de allí en adelante por el
resto de mi vida. Me hizo concientizar que lo que yo haga vale y mucho y que
alguien lo necesita. Y sobre todo que tengo la gran responsabilidad de hacerlo
con la mayor calidad para que la otra persona lo disfrute.
Mira, a veces, pensamos que lo que hacemos o tenemos no
sirve o no vale. Es por esta razón que pasamos años en trabajos que no estamos
a gusto y que no hacemos para satisfacción de los demás, sino solo por cumplir
y lo peor que aceptamos esto por un salario que no nos sirve sino pera medio
comer y medio vivir.
Por ejemplo en mi país es muy común durante la espera del
cambio de la luz roja a luz verde en los semáforos, ver personas vendiendo goma
de mascar u otros dulces. Casi ninguno vende o tiene la actitud de vender su
producto, sino que se acercan a la ventanilla de tu auto a decirte “¿por favor
me colabora?”. En una ocasión no aguante las ganas y le dije a una de estas
personas, “señor, con todo respeto, ¿usted está vendiendo o está mendigando?”
él me respondió “pues vendiendo” y le dije que si me aceptaba un consejo, a lo
cual respondió que sí, y le dije que él debía ser consciente de que estaba prestando
un servicio. Que la gente se beneficiaría con su servicio y que él antes le
estaba haciendo un favor de llevar su producto a la comodidad de la
localización del cliente.
Vender con una actitud así es muy diferente a vender
rogando que te compren. Yo espero que esta persona mis palabras le hayan
cambiado la vida porque nunca más la volví a ver. Pero a diario este es el martirio
que viven muchas personas en sus trabajos. No hacen consciencia de la
importancia de la labor que desarrollan y de cómo esto afectará no solo la vida
de los que usan su producto, sino que esto también determinará si siguen por el
mismo camino o por el contrario la vida les sigue abriendo nuevas puertas hacia
el éxito.
Yo te pregunto, ¿tienes un talento y piensas que nadie te
lo comprará o lo usará? Recuerda las viejas tablas que todos dábamos por
basura. Para alguien eran útiles. Solo la paciencia y fe en el propósito de tus
actividades es lo que te llevará por el camino que sí deseas andar. Sólo de ti
depende que la vida cambie y sea más bondadosa contigo. Esto no depende de papá
o mamá Gobierno, ni de tus parientes o amigos. Tu éxito solo depende de ti. Es
tu vida y tu talento. No lo abandones y por el contrario coséchalo porque
alguien más estará encantando de utilizar tu producción.

0 comentarios:
Publicar un comentario