Hay algo curioso que pocas personas se detienen a pensar.
Y es que muchas de las cosas que consideramos debilidades… en realidad podrían estar trabajando a nuestro favor.
Pero como estamos tan acostumbrados a verlas como un problema, nunca nos damos la oportunidad de entenderlas.
Por ejemplo, en mi caso hay dos cosas que podrían parecer una desventaja total.
La primera es la belonefobia, es decir, el miedo a las agujas.
Y la segunda es la ansiedad.
Cualquiera diría que eso es una combinación terrible.
Pero aquí es donde la cosa se pone interesante.
Resulta que, gracias a ese miedo a las agujas, mi propio cerebro ha tomado una decisión bastante lógica.
Es mejor mantenerse sano… que enfrentarse al pánico de una inyección.
Y aunque yo no esté pensando en eso todos los días de forma consciente, mi comportamiento sí cambia.
Termino cuidándome más.
Evito enfermarme no por disciplina pura, sino porque en el fondo hay algo que me empuja a no querer llegar a ese punto.
Es como si mi mente dijera:
“haz lo que tengas que hacer, pero no lleguemos allá”.
Y eso, aunque suene raro, termina siendo una ventaja.
Ahora, con la ansiedad pasa algo parecido. La ansiedad es incómoda. Es pesada.
Y el que la ha sentido sabe que no es algo con lo que quieras vivir todo el tiempo.
Así que, buscando una forma de bajarle a eso, encontré en el ejercicio una salida.
El gym no es solo por estética. Es más bien una necesidad.
Porque cuando no voy… la ansiedad sube. Y cuando voy… todo se calma.
Entonces mi cerebro vuelve a hacer lo suyo. Asocia el ejercicio con sentirse bien.
Y sin darme cuenta, esa misma ansiedad se convierte en la razón por la que soy constante.
No es motivación… es supervivencia emocional.
Y ahí es donde uno empieza a entender algo importante.
No todas las debilidades vienen a destruirte.
Algunas vienen a empujarte en la dirección correcta.
El problema es que casi nadie se detiene a observarlas con ese enfoque.
Siempre queremos eliminarlas. Siempre queremos “arreglarnos”.
Pero muy pocas veces pensamos en usarlas.
Porque si te pones a ver bien, esto no solo aplica a mi caso.
Aplica para muchas cosas.
Hay gente que por miedo al fracaso se prepara más que cualquiera.
Otros que por ser tímidos desarrollan una capacidad brutal de observar y entender a los demás.
Y así hay un montón de ejemplos.
La cuestión aquí no es negar que exista una debilidad.
La cuestión es preguntarte qué puedes hacer con ella.
Cómo puedes ponerla a trabajar para ti en lugar de que trabaje en tu contra.
Porque al final del día, tu mente siempre está buscando protegerte.
A su manera. A veces de formas raras.
Pero si aprendes a entenderla, puedes sacarle ventaja.
Así que la próxima vez que sientas que hay algo en ti que “no está bien”…
En lugar de rechazarlo de inmediato, pregúntate algo muy simple.
¿Cómo puedo usar esto a mi favor?
Tal vez ahí esté escondida una de tus mayores fortalezas.




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