Hay tareas que llevamos días aplazando y no entendemos por qué.
Sabemos que tenemos que hacerlas. Sabemos que son importantes.
Incluso sabemos que cuanto más las retrasemos, peor nos vamos a sentir.
Y aun así, encontramos cualquier cosa para no hacerlas.
Revisamos el celular, organizamos algo que podía esperar, buscamos otra actividad o simplemente nos decimos: “mañana lo hago”.
Entonces aparece la explicación más fácil: “Soy perezoso.”
Pero no siempre es pereza. A veces estamos evitando una emoción.
Hay personas que aplazan una llamada porque temen recibir una mala noticia.
Otras evitan comenzar un proyecto porque tienen miedo de fracasar.
Algunas postergan una conversación porque no quieren enfrentarse al conflicto, a la culpa o a lo que la otra persona pueda decir.
La tarea puede ser sencilla. Lo difícil puede ser lo que sentimos cuando pensamos en hacerla.
Y aquí aparece una trampa: aplazar produce alivio.
Por unos minutos dejamos de pensar en aquello que nos preocupa.
Sentimos que el problema desapareció.
Pero no desapareció. Solo lo trasladamos al futuro.
Después llega la culpa por no haberlo hecho, la preocupación porque queda menos tiempo y, en ocasiones, una ansiedad todavía mayor.
Así podemos entrar en un círculo bastante conocido:
Evito → siento alivio → pasa el tiempo → aumenta la preocupación → vuelvo a evitar.
Por eso, la próxima vez que descubras que estás aplazando algo importante, quizá valga la pena cambiar la pregunta.
En lugar de preguntarte: “¿Por qué no hago esto?”
Pregúntate: “¿Qué siento cuando pienso en hacerlo?”
Y después: “¿Estoy evitando la tarea o estoy evitando esa emoción?”
La respuesta puede cambiar la manera de enfrentar el problema.
Porque no siempre necesitamos esperar a sentirnos motivados, tranquilos o seguros para comenzar.
A veces tenemos que aprender algo más sencillo y más difícil al mismo tiempo:
Podemos sentirnos incómodos y aun así dar el primer paso.
Quizá ese sea uno de los verdaderos aprendizajes detrás de la procrastinación: no necesitamos dejar de sentir para avanzar.
A veces necesitamos avanzar mientras sentimos.




