Retoma el control de tu vida. Estrategias efectivas para el control emocional

jueves, 21 de abril de 2011

Haciéndome cargo de mí mismo con responsabilidad y amor

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Como te prometí en la entrada anterior, vamos a tocar un tema que sutilmente ocurre en nuestras vidas, pero que nos mantiene en una actitud de inmerecimiento por las cosas buenas que tiene la vida. Me refiero a la responsabilidad de hacerme cargo de mis necesidades y de mis emociones.

Si somos personas “normales”, es decir que vemos noticias negativas en nuestra TV todo el tiempo y participamos de conversaciones en la cuales otros son el tema, nos encontramos en un estado que pudiéramos llamar “límbico” (pero no del Sistema Límbico, sino del Limbo). Con esto me refiero a una condición mental donde la persona es como un pez, que no sabe que está dentro del agua. La vida pasa y no participa. Solo repite lo que escucha decir a terceros sobre la vida y si estas terceras personas odian la vida, pues este personaje termina teniendo las mismas emociones y luego culpando a otros por su modo de vida.

La pregunta que viene a la mente es ¿si se sabe que vivir de esa manera es tan nocivo, por qué la gran mayoría insiste en vivir como personas “normales”? Bueno, es muy simple. Porque si dejamos de mirar a otros y sus defectos para culparlos por nuestra “pendejez” entonces tendremos que hacernos cargo de nuestros defectos y nuestras emociones, pues desde niños nos enseñaron a ocultar y a no entrar en contacto con nuestros sentimientos.

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Por ejemplo, ¿recuerdas o has escuchado que le dice una madre/padre a un niño/niña cuando está haciendo pataleta? El padre/madre evalúa si el comportamiento del niño es justificado, y como nunca lo es a los ojos de él, entonces lo amenaza diciéndole que le pegará para que ahora si llore por algo que valga la pena. En otras palabras le está diciendo a su hijo/hija “tus sentimientos no valen nada. Yo te voy a dar un motivo para que llores”.

Luego cuando vamos creciendo, hemos aprendido a “controlar” (léase reprimir) nuestras emociones y si nos golpeamos corriendo, por ejemplo, entonces viene nuestra madre/padre y nos dice “levántate que no pasó nada”. Y así vamos siendo adoctrinados en negar y reprimir nuestras emociones. Este es un entrenamiento que realizan a diario millones de personas con sus hijos, perpetuando así una condición neurótica que también transmitirán a su vez los futuros niños de sus hijos.

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Conociendo esto, ahora podemos entender por qué es tan difícil mirar adentro de nosotros y comenzar a buscar las soluciones. Eso cuesta y ¡mucho! Pues muchas veces hacernos cargo de nosotros requiere abandonar relaciones que nos dañan emocionalmente. Hábitos que nos destruyen la salud y deterioran la calidad de vida, pues como no aprendimos a reconocer, aceptar y atender nuestras emociones, entonces comenzamos a hacer responsables a otro guey (como dicen mis hermanos mexicanos) de nuestra felicidad o infelicidad. Por eso es muy común escuchar frases tales como “me hizo daño”, “me hizo sufrir”, ¡ah! Y lo olvidaba. Agrégale a estas emociones la música “yo me mato” que fomenta aún más la auto compasión y la auto lástima.

No seas “guey”. Nadie te hace daño o te hace sufrir. Nadie tiene el control de tu mente para ingresar en ella y hacerte sentir emociones dolorosas. Eso eres tú mismo(a) con tu descontrol emocional y que solo piensas y piensas y piensas en lo que “te hicieron”. Cuando en realidad ¿quién fue el pendejo que lo permitió?

Los maltratos psicológicos no ocurren en un instante. Por ejemplo un jefe no les grita a sus empleados cuando llevan un día de trabajo. Y si así lo hace, te aseguro que el empleado no le dejará sus dientes completos. Eso es un proceso donde se comienza a faltar al respeto poco a poco y la persona va cediendo terreno cada vez más pues piensa que no puede conseguir otro trabajo mejor.

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Lo mismo ocurre con las relaciones amorosas. Un esposo o esposa no maltrata a su cónyuge el primer día de casados. Van pasando los años y la persona permite poco a poco las faltas de respeto hasta que se hacen tan comunes que pasan desapercibidas y solo las personas alrededor aconsejan al pendej… digo a la “víctima” que no permita eso y esta persona solo justifica el comportamiento diciendo que eso no es nada o que después se desquita, etc. pero en realidad lo que está ocurriendo es un terror que recorre su cuerpo paralizándolo pues su cerebro le “dice” con emociones que no va a encontrar a otra persona y para no quedarse solo/sola se aguanta a su verdugo psicológico.

Bueno ya sabemos cuál es una de nuestras mayores fallas del descontrol emocional y por consecuencia lógica de las actitudes de inmerecimiento e infelicidad, entonces ¿qué podemos hacer? Muy simple. Haz el mismo proceso de la entrada anterior. Un entrenamiento comenzando con pequeñas cosas para ir poco a poco dominando mayores situaciones.

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La idea es que sigas haciendo el ejercicio propuesto en la entrada anterior para activar tu voluntad. Si no lo recuerdas o no lo has leído, repasa la entrada. Y al seguir simultáneamente realizando el ejercicio anterior comienza a entrar en contacto con tus emociones. Reconócelas, siéntelas, no las excuses o disculpes. No digas, yo soy así y ya. Tú no llegaste al mundo con esos problemas. Cuando eras un bebé solo sabías disfrutar la vida, entonces no eres así. Eso te lo implantaron a base de repetición y con el mismo método vamos a cambiar esas condiciones internas para vivir en bienestar.

Si estás viendo una película y esta te produce llanto, déjalo salir. Llora y entra en contacto con esas emociones. Deja de hacer juicios enfermos de “yo pienso que tú piensas que estás pensando” en que me veo ridículo llorando. Eso es tu cerebro generando esa clase de sentimientos pues desde niño te adoctrinaron a negar tus emociones y a llorar por “algo que si valga la pena”. Si alguien hace algo y eso no te hace sentir cómodo exprésalo. No con ira o enojo. No necesitas pelear como los animales para defender tu territorio emocional.

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Por ejemplo si tu pareja sale con amigos y eso no te gusta, no le impongas las cosas. Solo exprésale lo que sientes al respecto. No te quedes callado/callada y luego hagas lo mismo para “desquitarte”. El otro o la otra quizás ni sepa que te estás desquitando sino que se siente bien pues tú también estas compartiendo espacio libre con terceras personas.

Lamentablemente esa situación que describo en el ejemplo es muy tormentosa para la mayor parte de la gente latina. En estos países del sur, la persona que se casa o se ennovia, automáticamente deja de tener amigos. Y si los tiene, en caso de ser mujer, es tratada de prostituta para arriba. Y en caso de ser hombre le es prohibido por su mujer y lo tiene que hacer al escondido. Mira, por más que cuides a tu pareja y la celes, solo basta con parpadear para que el otro o la otra te sea infiel.

Conocí un caso de un hombre que todo el tiempo juraba que el día que su mujer lo engañara la mataría. Este hombre mantenía pendiente de con quien hablaba, con quien se saludaba, que ropa se colocaba, etc. Efectivamente cuando un día se descuidó, la encontró con su amante en su casa. Bueno se enojó por una semana y luego volvió con ella y hasta el día de hoy es “feliz” y hasta tuvieron más hijos.

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¿De qué le sirvió a este hombre todo ese estrés, preocupación, angustia y hasta úlcera de sufrir un engaño? ¿Si no crees o confías en tu pareja, que haces con ella? ¿Para qué pierdes tu tiempo en una persona poco seria y que no está interesada/interesado en estar contigo? ¿Crees qué si tu pareja no te amara estaría perdiendo el tiempo contigo? ¿Acaso si quiere estar con otra persona no es mejor que te deje y se acabó el asunto de una vez?

Pero ¿sabes por qué recorren ese tipo de emociones a tu sistema nervioso? Por favor, “sigue viendo” tele novelas. Eso es el mejor tratamiento para desvirtuar la vida. O sigue escuchando música “yo me mato”. Todo lo que leas, veas, produce en ti emociones. Y si estas se repiten una y otra vez, ¿adivina quién se está entrenando para sufrir por amor o por dinero o por salud? Recuerda que entre más dolor conozca tu cerebro, este más dolor te producirá.

Entonces rompe con toda lógica que te enseñaron de la vida. La vida no es para sufrir. Deja de pensar que eres el salvador de la humanidad. Abandona por completo el síndrome de “semana santa”. Estos serán temas de la próxima entrada donde analizaremos el por qué de la auto compasión y la auto lástima.
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Ingeniero de Sistemas e Investigador del Pensamiento Humano y las emociones, y como estas influyen en las decisiones que tomamos cada segundo para tener éxito o fracaso.

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